La Estrella Concepción | Un paso más cerca de la Luna y de Marte
En una columna de este viernes 5 de abril, el académico de Licenciatura en Astronomía UNAB Concepción, Dr. Ricardo Demarco, aborda la misión estadounidense que vuelve al satélite natural luego de 50 años.
Algo que no podemos olvidar cuando miremos la Luna por estos días es que hay cuatro personas viajando hacia ella, atravesando más de 380 mil kilómetros, para salir de un entorno en que la humanidad ha aprendido a sobrevivir y entrar a otro que no comprende del todo.
Artemis II no es una misión de llegada, sino de exposición. Durante décadas, los
astronautas han permanecido en órbita baja, a unos cientos de kilómetros de la Tierra, “protegidos” por un retorno a casa más inmediato en caso de una emergencia como la vivida hace poco en la Estación Espacial Internacional.
Esta vez no. El viaje implica cruzar cinturones de radiación, internarse en lo que se denomina espacio profundo y someter al cuerpo humano a condiciones que no han sido estudiadas en un gran nivel de detalle.
Ir a la Luna con varios objetivos
Por eso la misión es, ante todo, un experimento. La tripulación será monitoreada en aspectos que van desde los patrones de sueño y la actividad diaria hasta las interacciones entre ellos.
El experimento ARCHeR, por ejemplo, apunta a entender cómo se comportan las personas en aislamiento, en microgravedad y bajo estrés prolongado. La viabilidad de viajes largos depende tanto de la estabilidad psicológica como de la ingeniería.
En cuanto a la fisiología se medirán biomarcadores, se tomarán muestras de saliva y sangre, se controlará la presión arterial y observarán cambios en el sistema inmune.
El objetivo es detectar cómo el organismo responde al entorno. Esa información es indispensable si el siguiente paso es un viaje a Marte, donde la exposición será mucho más prolongada.
La preocupación por la radiación, de hecho, atraviesa toda la misión.
Experimentos
Aunque la nave está diseñada para proteger a la tripulación, el entorno es dinámico. La actividad solar, con eyecciones de masa coronal y partículas de alta energía, introduce una variable difícil de controlar.
Para medir sus efectos con mayor precisión, a través de la investigación AVATAR, se han incorporado dispositivos del tamaño de un pendrive que contienen células humanas de médula ósea que permitirán observar la reacción del tejido clave en la producción de células sanguíneas.
La misión también ensaya capacidades operativas. Validar sistemas de soporte vital, control de temperatura, reciclaje de aire y protección es la base de cualquier intento de permanencia fuera de la Tierra. Lo mismo ocurre con la navegación en un entorno donde la referencia constante ya no es el planeta.
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