30 Julio 2026
El Mercurio | Raúl Figueroa: crimen organizado recluta desertores
Más de 170 mil personas permanecen fuera del sistema escolar en Chile. En entrevista con El Mercurio, el director ejecutivo del IPP UNAB, Raúl Figueroa advierte que la demora en reincorporar a los estudiantes aumenta el riesgo de exclusión y facilita el reclutamiento por parte del crimen organizado.
Más de 170 mil personas en Chile permanecen fuera del sistema escolar sin haber completado 4º medio. Entre ellas, hay 66 mil niños y jóvenes que deberían estar cursando la enseñanza obligatoria. Aunque la mayoría abandonó las aulas hace menos de cinco años, un análisis del Centro de Estudios del Ministerio de Educación advierte que las posibilidades de regresar disminuyen a medida que pasa el tiempo, transformando la revinculación en una carrera contra el reloj.
“Son el caldo de cultivo para el reclutamiento del crimen organizado y los narcotraficantes a temprana edad. Es por ello que necesitamos, para rescatarlos y recuperarlos, que vuelvan a sus colegios”, planteó el arquitecto Yves Besancon en Cartas al Director.

Sobre este complejo panorama, el exministro de Educación Raúl Figueroa sostiene que el país ya cuenta con una solución para enfrentar este desafío —una modalidad de reingreso diseñada especialmente para estos estudiantes—, pero acusa que su implementación permanece detenida “por falta de decisión política”. Además, aborda las causas del abandono escolar, el riesgo que representan las redes delictuales para estos jóvenes y las consecuencias que esta realidad tiene para el país.
—¿Qué factores explican que un niño abandone la escuela?
“Toda la evidencia muestra que el bajo desempeño académico, la inasistencia crónica, los problemas de conducta y de falta de pertenencia al sistema educativo, la vulnerabilidad socioeconómica y factores familiares son elementos relevantes que influyen en la deserción”.
—¿Qué rol juega el crimen organizado?
“Se genera un espacio de particular interés para las bandas de crimen organizado, ya sea para tentar a jóvenes para que se incorporen a la banda y dejen el sistema escolar o identificar jóvenes que están fuera del sistema escolar para atraerlos. Ciertamente, los mismos factores de riesgo que tradicionalmente han marcado la deserción escolar son aquellos que tienen en vista las bandas para salir a reclutar jóvenes. No salen a reclutar al que tiene el mejor rendimiento, la mejor asistencia, el mayor compromiso con su colegio, sino que precisamente identifican jóvenes que están con estos factores de riesgo”.
—¿Cómo reincorporar a los jóvenes?
“Chile tiene una solución que técnicamente está aprobada, pero que no se puede implementar por falta de decisión política. En 2021 se dictó una nueva modalidad de reingreso, que es especialmente diseñada y pensada para jóvenes que están fuera del sistema, en orden de entregarles una opción que les permita reincorporarse y regresar con éxito al sistema escolar. Para que esa modalidad opere se necesita que se apruebe un proyecto de ley que le asigna financiamiento. A mi juicio es urgente que esa iniciativa se apruebe”.
—¿En qué consiste esa alternativa?
“Esa modalidad de alguna forma viene a reemplazar los mecanismos de parche que hasta ahora se han utilizado para llevar adelante esa tarea. Lo que hoy ocurre es que para atender a esos niños se los incluye en la modalidad de jóvenes y adultos, que está pensada para adultos y por lo tanto, tiene menor financiamiento, y una lógica pedagógica y académica que es distinta. La modalidad nueva viene a resolver ese asunto y diseña un mecanismo pensado en los jóvenes que están fuera del sistema y que requieren una atención particular”.
—¿Qué costo tiene esta realidad para el país?
“Tiene un costo alto. Los jóvenes que se apartan del sistema educativo corren un altísimo riesgo de ir marginándose de la sociedad. La evidencia demuestra que esos mismos jóvenes, cuando ya están en su época adulta, tienen menor participación ciudadana, mayor contacto con el sistema penal, peor salud, menor esperanza de vida, peor salud mental, mayor probabilidad de caer en la pobreza y menores ingresos durante toda la vida laboral. Además, esto tiene costos sociales y económicos, porque todas estas consecuencias negativas también se traducen en un mayor costo social. Hacerse cargo de estos jóvenes es un deber moral de los países. En Chile establecemos a la educación escolar como obligatoria y, por lo tanto, los países tienen que hacerse cargo de que los jóvenes puedan cumplir con esa obligación”.
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