14 Septiembre 2026

El Mercurio | Jóvenes y empleo: la paradoja de una generación preparada

Sandra Bravo, investigadora del Instituto UNAB de Políticas Públicas y coordinadora del Panel Laboral UNAB, se refirió a los desafíos que presenta el mercado laboral juvenil en Chile.

Valeria Vergara tiene 24 años y una de sus mayores preocupaciones es “tener pega”. Se graduó a mediados de 2025 y desde entonces ha estado buscando algún empleo de Animación Digital, la carrera que estudió en una universidad de la capital, y que parecía una ocupación “con futuro”.

“Entré a la ‘U’ durante la pandemia y sabía que sería difícil porque ya entonces estaba todo malo para alguien sin experiencia. Pero ha sido aún más difícil”, cuenta.

Reconoce, eso sí, que su campo es particularmente complejo: “No hay ofertas y las que hay son súper malas, con sueldos bajísimos, sin contrato, todo a corto plazo o freelance, o cosas para gente con más experiencia. La inteligencia artificial (IA) realmente me mató la pega”.

 

Educación sin garantía de empleo

En Chile, casi uno de cada cuatro jóvenes no encuentra trabajo. La rutina diaria de Valeria es mandar su currículum a ofertas de empleo en plataformas de trabajo y revisar constantemente si aparece algo que le sirva en LinkedIn. “Postulo, pero la mayoría de las veces ni siquiera me responden. Es súper frustrante. Más cuando quedo en algún proceso y me ‘ghostean’”, cuenta.

La tasa de desempleo nacional alcanzó un 9,5% en el trimestre mayo-julio de 2026 —su nivel más alto en cinco años—, y entre los jóvenes de 15 a 24 años la cifra se empina en un 23,5%, más del doble que la tasa general.

“Yo estudié cuatro años pensando que iba a trabajar de esto. No esperaba que fuera fácil, pero tampoco imaginé que iba a tener que competir desde el principio con herramientas que pueden hacer en minutos cosas que a mí me tomó años aprender”, dice la joven.

Valeria expone una de las mayores paradojas de su generación: académicamente, es la más preparada en la historia del país —en 2025 hubo 329.011 titulaciones de pregrado, posgrado y postítulo, la cifra más alta desde que hay registros, según el Ministerio de Educación— y aun así no consigue trabajo.

Las razones del fenómeno son un mercado que se contrae, una revolución tecnológica que elimina los puestos de entrada, trastornos de salud mental, expectativas de vida distintas a las de sus padres y, en algunos casos, fantasías profesionales que difícilmente se materializarán. Es la receta para una tormenta perfecta.

 

El muro invisible

“Lo más heavy es que para conseguir experiencia necesitas que alguien te dé una oportunidad, pero las ofertas que encuentro piden experiencia. Y ahora además compites con gente que tiene años trabajando y con herramientas de IA que hacen parte de lo que antes hacía una persona, y en mi caso la IA se lo ha llevado todo”, dice la animadora digital.

Según el Panel Laboral del Instituto de Políticas Públicas de la U. Andrés Bello, las principales barreras para la contratación juvenil son el bajo crecimiento económico y la menor creación de nuevos puestos de trabajo, con un 30,6%, seguido por la falta de experiencia laboral (26,6%), la menor disposición de los jóvenes a aceptar ciertas condiciones laborales (16,3%), el desajuste entre la formación académica y las necesidades del mercado (14,3%), y el impacto de la automatización e IA sobre los cargos de entrada (12,2%).

El contrasentido es que algunas empresas aseguran que no logran llenar sus vacantes. ManpowerGroup, empresa de capital humano, consultó a más de 39 mil empleadores en 41 países, y en Chile el 62% de las firmas dijo que tiene problemas para cubrir sus puestos, por la brecha entre las competencias disponibles y lo que exige el mercado.

Si el escenario ya era difícil por la debilidad económica, la inteligencia artificial y la automatización están acelerando la destrucción de varios de los puestos a los que los jóvenes solían acceder al mercado laboral.

“Están desapareciendo las tareas operativas de entrada, aquellas que tienen que ver con tareas rutinarias y que de alguna manera son las que venían ejerciendo los profesionales que van ingresando”, comenta Sandra Bravo, investigadora del Instituto de Políticas Públicas de la U. Andrés Bello.

 

No se acaban profesiones, se acaban rangos salariales

“Yo estudié Diseño Gráfico porque quería dedicarme a eso, pero ahora estoy tratando de ser súper realista. Si aparece una oportunidad en otra cosa, probablemente la voy a tomar. No puedo quedarme esperando eternamente a que aparezca la pega ideal”, afirma Joaquín Gutiérrez, de 23 años.

Lo que le pasa a este joven es un espejo de lo que ocurre a nivel global. Según la consultora de tecnología Bloomberry, que analizó 180 millones de ofertas de empleo en todo el mundo, las publicaciones para diseñadores gráficos cayeron un 33% en 2025 en comparación con 2024. La tendencia la confirma AI Jobs Risk Index de la Universidad de Tufts, que asegura que los oficios más vulnerables a la IA son los escritores y autores (57%), los programadores informáticos (55%) y los diseñadores de interfaces web y digitales (55%).

Pero no se trata de que desaparezcan profesiones. Es un proceso algo más sutil y quizás más complejo: la IA reemplaza rangos de remuneraciones.

“Lo que más me preocupa es que ni siquiera es que haya muchas opciones y uno tenga que competir. Es que hay muy pocos puestos para empezar. Y si no tienes experiencia o algún contacto que te ayude a entrar, es súper difícil siquiera llegar a una entrevista”, expone Joaquín.

Trato de no pensar realmente en lo difícil que es esto porque entonces me angustio. Onda, los puestos que hay son pocos y necesitas tener pituto o contacto con alguien, ya no hay pegas más básicas. Estoy viendo si quizás me sale algo en la ‘U’”, confiesa.

Esa angustia es un factor que las estadísticas económicas no capturan. Algo mostró una encuesta del Instituto Nacional de la Juventud (Injuv), que detectó que uno de cada cinco jóvenes ha recibido un diagnóstico en salud mental. Los trastornos más frecuentes son ansiedad (34%), depresión (27%) y estrés (17%).

Es difícil hacer planes a largo plazo cuando ni siquiera sabes dónde vas a estar trabajando en unos meses. Si me pongo a pensar en todas las posibilidades, me angustio. Prefiero ir viendo qué aparece y tomar las oportunidades que pueda”, cuenta el diseñador.

El psicólogo Francisco Pérez señala que “es una juventud que no está para quedarse 20 años dentro de una empresa, que más bien buscan proyectos que les hagan algún sentido, que tengan algún propósito, y no solo tarea tras tarea”.

 

Otras metas, otros mundos

A la crisis económica y emocional se superpone un cambio profundo de valores y prioridades. De acuerdo con datos del Injuv, la principal expectativa de los jóvenes respecto a la educación no es conseguir un buen trabajo ni ganar dinero: es “desarrollarme como persona”, con un 29,4% de las menciones, muy por encima de “conseguir un trabajo que me guste” (13,1%) o “tener un título profesional” (12,4%).

La nueva generación ha redefinido el concepto de éxito. Viajar, conocer gente, vivir experiencias, autorrealizarse, no son caprichos: se han vuelto el eje de un proyecto de vida, en el que casarse, tener hijos y comprar una casa han dejado de ser hitos obligatorios. Y no necesariamente porque no quieran, sino porque en muchos casos se ha vuelto casi imposible.

Yo no sé si me podré ir de dónde mis papás viendo como voy…”, reflexiona Valeria, quien es parte del 65% de los jóvenes que en Chile no está seguro de que podrá pagar una casa propia algún día, según un sondeo realizado por Activa Research este año.

De momento, su meta a corto plazo es encontrar un empleo: “Creo que lo que está pasando, con mi carrera y con otras, hace que uno tenga que cambiar la mirada de cómo será su vida laboral. Mis papás son profesores y han trabajado toda la vida en un colegio, yo no creo que esa estabilidad me sea posible, entonces sí po, tengo otros sueños”.

En ese contexto, muchos jóvenes empiezan a ver una alternativa en una salida que, estadísticamente, es casi tan improbable como ganar la lotería: vivir de las redes sociales.

La aspiración no es irracional, ya que los jóvenes consumen ese tipo de contenido, admiran a sus creadores, ven que hacen lo que quieren y ganan dinero. El problema es que la economía de los creadores funciona con una distribución desigual, porque solo un porcentaje minúsculo concentra la inmensa mayoría de los ingresos y la audiencia, mientras la enorme base produce contenido sin retorno económico significativo.

 

Las señales que indican la salida del laberinto

El diagnóstico es sombrío, pero no todo es desolador. Para especialistas laborales la solución pasa por cerrar la brecha entre formación y demanda real: más formación técnica especializada, mayor conexión territorial entre instituciones educativas y empresas, y programas de intermediación laboral que conecten a los jóvenes con las vacantes que efectivamente existen en sectores como minería y tecnología.

“Dentro de las políticas públicas lo importante va a ser cómo dotamos de capacidades a todos para que manejen este instrumento, de tal manera que puedan ser competitivos. Pero también hay que poner en el centro el valor del trabajador, porque aparecen complejidades en salud mental: cómo adquiero rápidamente la capacidad porque si no me van a desplazar, y eso ocasiona un estrés adicional y la incertidumbre de que nadie quiere perder el empleo”, dice Sandra Bravo, de la U. Andrés Bello.

Ahora siento que no basta con saber animación digital. También tienes que aprender a usar inteligencia artificial, porque si no sabes usarla quedas atrás”, acota Valeria.

Ricardo Ruiz de Viñaspre, director de Ingeniería Comercial de la U. Finis Terrae, plantea que la Educación Superior debe adaptarse y visualizar el mercado laboral, “hablando con las empresas, con los gremios, para conocer cuáles son las demandas presentes y futuras de capital humano”.

Pero también hace falta algo que no se enseña necesariamente en alguna malla curricular: la capacidad de reinventarse, de tolerar la incertidumbre y la frustración, de construir una identidad profesional que no dependa de un título específico ni de un cargo que un algoritmo pueda reemplazar.

Publicado en El Mercurio el 06.09.2026.