Investigador UNAB indaga en cómo la neurociencia cognitiva ayuda a comprender mejor las habilidades emocionales en educación y trabajo
El profesor de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello (UNAB), Jesús Juyumaya, desarrolló un estudio junto a investigadores de la Universidad Adolfo Ibáñez y la Pontificia Universidad Católica, el cual plantea que gran parte de las habilidades relevantes para el trabajo y el bienestar no se aprenden solo en el aula, sino también en la experiencia. Por ello, los autores proponen complementar las mediciones tradicionales con evidencia neurocientífica más objetiva. El paper fue publicado en la revista Neuroscience Research Notes.
La educación debería mirar no solo contenidos y puntajes, sino también el desarrollo del cerebro, las emociones y las habilidades sociales como parte de la formación de capital humano. Ese es uno de los planteamientos de un estudio desarrollado por Jesús Juyumaya, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello (UNAB), junto a investigadores de la Universidad Adolfo Ibáñez y de la Pontificia Universidad Católica, el cual fue publicado en la revista especializada Neuroscience Research Notes.
El paper busca dar luces de cómo la neurociencia cognitiva -que combina el estudio de procesos mentales con el estudio biológico del sistema nervioso- puede ayudar a comprender y medir mejor las habilidades socioemocionales en educación, y cómo ello se conecta con la formación de capital humano.
“Nuestra motivación surgió de una pregunta muy simple, pero fundamental: ¿cómo desarrollan realmente las personas las habilidades que les permiten aprender, trabajar y desenvolverse con éxito en la sociedad?”, explica Juyumaya, quien elaboró la investigación junto a Pablo Egaña del Sol (UAI) y Marcela Peña (PUC).
“Durante mucho tiempo se asumió que el rendimiento académico explicaba gran parte del desarrollo del capital humano. Sin embargo, hoy sabemos que habilidades como la regulación emocional, la empatía, la cooperación, la motivación y la capacidad para adaptarse a nuevos desafíos son igualmente determinantes para el desempeño académico, laboral y social. La neurociencia cognitiva ofrece herramientas para comprender mejor cómo se desarrollan estas capacidades y cómo pueden fortalecerse desde la educación”, agrega.
De mediciones tradicionales a la evidencia neurocientífica
Los autores plantean que una parte importante de las habilidades relevantes para el trabajo y el bienestar no se aprenden solo en el aula o contextos educativos, sino también en la experiencia, por lo que proponen complementar las mediciones tradicionales con evidencia neurocientífica más objetiva.
“Muchas de las habilidades socioemocionales se evalúan mediante cuestionarios de autorreporte o apreciaciones subjetivas de docentes y evaluadores. Si bien estos instrumentos son útiles, pueden verse influenciados por sesgos personales, diferencias culturales o la percepción que cada individuo tiene de sí mismo. Nuestro estudio plantea que la neurociencia puede complementar estas mediciones mediante indicadores más objetivos del funcionamiento cognitivo y emocional, enriqueciendo la comprensión del proceso de aprendizaje”, sostiene el académico de la UNAB.
El estudio revisa una serie de herramientas de la neurociencia aplicadas al aprendizaje, entre ellas, EEG, eye tracking, biomarcadores como cortisol y oxitocina, intervenciones farmacológicas y el campo de la neuroeconomía, las cuales, de acuerdo con los investigadores, sirven para observar distintos aspectos del aprendizaje, la atención, la regulación emocional y la toma de decisiones, con el objetivo de construir una visión más completa del desarrollo de habilidades.
Contribución al diseño de políticas educativas
Para Juyumaya, medir las habilidades socioemocionales mediante instrumentos tradicionales significa, en la práctica, que una persona puede obtener buenos resultados en una prueba o declarar que posee determinadas habilidades, pero eso no necesariamente refleja cómo responde frente al estrés, cómo regula sus emociones o cómo interactúa en situaciones reales de aprendizaje y colaboración.
“Incorporar herramientas provenientes de la neurociencia permite observar procesos cognitivos y emocionales que no siempre son visibles mediante las evaluaciones convencionales, entregando una visión más integral del desarrollo de las personas”, afirma el experto.
En opinión de Juyumaya, “integrar ambas perspectivas (evaluaciones tradicionales y neurociencia) contribuye a diseñar mejores políticas educativas, estrategias de formación y programas de desarrollo de talento basados en evidencia científica”.
Finalmente, el académico UNAB concluye que “durante décadas nos hemos preguntado cuánto aprenden las personas. Nuestro trabajo propone que también debemos comprender cómo aprende el cerebro y cómo se desarrollan las habilidades que permiten transformar ese aprendizaje en bienestar, innovación y desarrollo. Integrar la neurociencia con la teoría del capital humano no solo mejora la forma en que investigamos, sino también la manera en que diseñamos la educación, desarrollamos talento y construimos una sociedad más preparada para los desafíos del futuro”.
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