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Camila Poblete Liberona, se tituló en la Facultad de Enfermería de la U. Andrés Bello en 2018 y hace siete meses que está como enfermera voluntaria en Uganda, África. Hoy, esta joven cuenta su día a día, sus dificultades, sus alegrías y sueños en un país a más de 11 mil kilómetros de Chile.

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Se lo propuso y lo logró. A sus casi 27 años, Camila Poblete está feliz por haber cumplido su sueño: Ser enfermera voluntaria en Uganda.

Hace siete meses que la profesional titulada en la Facultad de Enfermería de la U. Andrés Bello se encuentra en este país que pese a los desafíos sociales y económicos que aún afronta, es una de las naciones más estables de África. Sin embargo, por estar ubicado al medio de cuatro países en conflictos bélicos, se ha convertido en uno de los mayores receptores de refugiados del mundo.

Camila Pobleta AfricaCostó ubicarla, porque las jornadas son intensa y el primer tiempo de estadía en este este país no fue fácil. “Los meses anteriores fueron bastante caóticos, pero ya salí del problema que tuvimos y ahora estoy regio, estupendo”, responde a Noticias UNAB.

¿Cómo fue tu llegada a Uganda?
Después de haber llegado a Uganda, comenzamos un proceso bastante bonito, conociendo la cultura. Muchas cosas me llamaron la atención, obviamente, porque el estilo de vida acá es totalmente diferente al nuestro, las comodidades que tenemos en casa, en Uganda cambian por un disfrute del día a día. Viviendo en la village aprendí a disfrutar el entorno, a apreciar el esfuerzo del otro, comencé a reír mucho más con cada cosa que se les ocurría a nuestros vecinos, a quienes destaco por sonreír siempre. Incluso, me acuerdo cuando preguntamos a uno de ellos de nombre Waiswa, de 13 años, si tenía cama y, riendo mucho, nos dijo: “no, duermo en el suelo junto a mis hermanos”. Aquí, aprendí el valor de la familia, la vida sencilla, la vida de verdad.

¿Cómo era el día a día?
El día a día comenzaba trotando hasta la Village siguiente para aprovechar el amanecer y ver lo lindo del lugar, llenar el alma con aire fresco y con muchos “Good morning”, dichos desde el corazón. Después, ir al pozo a llenar los bidones con agua para la ducha y para cocinar. No teníamos agua y la energía duraba como 5 horas al día de forma intermitente. Preparar un desayuno con mucha fruta fresca y partir al hospital. Quiero destacar al equipo, siempre con una sonrisa, siempre amortiguando el peso de no tener las herramientas para hacer más, queriendo aprender, ayudando como podían. Es lo máximo aprender así. Menos mal mi internet funcionaba aquí, así podíamos resolver dudas en conjunto sobre los casos clínicos o, derechamente, si alguien no sabía algo, me lo podía preguntar y si yo no lo sabía lo buscábamos. Un buen trabajo en equipo. Cuando dejé el hospital la ONG con la que habíamos hecho Partnership me dijo que estaban demasiado contentos, que habían subido de un 12% de calidad a un 89% en la última revisión en la que estuve, un hecho histórico y, por supuesto, que me llenó el corazón saber que mi aporte significó y más encima podía cuantificarse en conjunto, obviamente, con el trabajo de mis compañeros.

Eras feliz, ¿por qué entonces dices que pasaste momentos complicados?
Para que todos sepan, me desligué de la Fundación África Dream (ONG con la que realizó el viaje), ya que no coincidía con mis valores. No me dieron el soporte que necesitaba y mintieron en otras cosas bastante importantes, no se la recomiendo a nadie. A pesar de eso, logramos adaptarnos y ser resilientes junto a mi compañero, con quien de seguro ahora compartimos una de las experiencias más maravillosas de nuestras vidas. Contar que a mi compañero le pagaron el pasaje de vuelta y a mí no, sin razón alguna.

“Después de haber llegado a Uganda, comenzamos un proceso bastante bonito, conociendo la cultura. Muchas cosas me llamaron la atención, obviamente, porque el estilo de vida acá es totalmente diferente al nuestro, las comodidades que tenemos en casa, en Uganda cambian por un disfrute del día a día”.

¿Qué haces actualmente?
Actualmente, estoy trabajando con la ONG de mis amigos, que se llama Empower Through Health, como enfermera supervisora del hospital que abrieron en Village, donde semanalmente vamos avanzando en diversas áreas, habilitando servicios o capacitando al personal. Nos reciben siempre felices cuando vamos hasta allá. Nos demoramos aproximadamente 2 horas en ir hasta esa village, el nombre es Mpunde y me encanta.

¿Qué es lo que más te ha dado satisfacción?
Ha sido compartir con gente, conocerlos de verdad y vivir con ellos sus tradiciones y día a día, independiente de la religión o esas cosas, aprender de ellos en cómo afrontan la vida y las dificultades; saber que lo tengo todo, aunque para muchos no tengo nada; ver las caras de mis compañeros de trabajo al compartir buenos momentos; alivianar mi carácter gracias a ello y, por lo mismo, si antes me reía, ahora me río mucho, mucho más. Me han dicho que tengo 19 años y yo ¡Uff, feliz, obviamente, porque estoy próxima a los 27 así que podría recomendar Uganda como fuente de la juventud. También saber que mi trabajo está dando frutos, que yo realmente ayudo, que realmente soy necesaria y que hay resultados positivos para la comunidad.

Camila Pobleta AfricaY ¿lo más complicado?
Hasta el momento, lo más complicado había sido el cómo conseguir la ayuda monetaria para continuar trabajando. Gracias a mi familia y amigos que hicieron una tradicional “vaquita”, ahora puedo estar más tranquila, ya que tengo el dinero para estar hasta mi fecha de retorno (agosto). También el idioma, obviamente, no era bueno, pero lo trabajo todos los días y da buenos resultados. Mis compañeros y amigos me ayudan bastante con eso, respondiendo mis dudas. Y también aprender Lusoga, el idioma de esta región, donde me encuentro ahora. Puedo decir que continúo aprendiendo “Mpola mpola” (lento lento).

¿Cómo es tu día a día?
Parto el día levantándome temprano, a veces para hacer deporte y tomar un desayuno con palta o frutas y, tradicionalmente, un Chapati, comida local y adictiva que es imposible no amar. Vengo a la oficina, donde contamos con un modem de internet, que me ayuda a desarrollar varias cosas para el hospital, al que vamos dos o tres veces a la semana para supervisar y hacer feedback de lo que necesiten o nosotros necesitemos. Almorzamos todos juntos, a veces voy a donde mi familia musulmana de acá que siempre me han recibido con un amor incomparable y de quienes he aprendido muchas cosas al integrarme en sus tradiciones. Luego en la tarde, si es lunes, vemos el infaltable capítulo de “Games of Thrones”, podemos tomar una cerveza, jugar cartas y a descansar. También es clásico de lunes y martes lavar la ropa a mano, me demoro demasiado tiempo, pero me relaja y me aseguro también de que quede realmente limpia. Los fines de semana mayoritariamente voy a Jinja a hacer alguna cosa entretenida, puedo ir a bañarme en el río Nilo, a bailar un poco en las noches, a comer o compartir algo con amigos. Es saludable para el alma tener estos break para retomar energías y empezar contenta el lunes con los nuevos desafíos.

¿Cuáles son tus expectativas y metas a corto plazo?
Creo que lo más importante para mí, en este momento, es vivir y aprender lo máximo posible de esta experiencia. Primeramente, en lo personal, y en segundo lugar como enfermera. Estoy constantemente trabajando mi interior, mirando con una actitud positiva incluso cuando las cosas se ponen feas o cuando me siento triste, lo que me ayuda a sentirme liviana, agradecida, proactiva y muchas otras cosas que aportan a realizar un buen trabajo como enfermera y a tener una vida saludable como mujer/humana. Algo que destaco de esta cultura es la importancia del tiempo en familia, si bien mi familia directa no está acá precisamente, considero que donde hay amor, hay familia y soy afortunada por la familia que encontré en este rincón del mundo.

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