29 Octubre 2026

III Ciclo de Charlas sobre Integridad Académica UNAB aborda los desafíos de la IA para la educación superior

Organizado por el Sistema de Bibliotecas de la Universidad Andrés Bello, el ciclo reunió a especialistas de Chile y España para reflexionar sobre integridad académica, autoría, uso responsable de la inteligencia artificial y los desafíos que plantea el entorno digital para la docencia y la investigación.

¿Cómo cambia la integridad académica cuando una herramienta de inteligencia artificial (IA) puede buscar información, generar textos, sintetizar contenidos o apoyar una investigación? ¿Dónde termina el apoyo y comienza la delegación? ¿Cómo asegurar que detrás de un trabajo académico exista realmente un proceso de aprendizaje?

Estas fueron algunas de las interrogantes abordadas durante el III Ciclo de Charlas “Integridad Académica: nuevos conceptos, aplicaciones y reflexiones sobre ética, academia y autoría”, organizado por el Sistema de Bibliotecas de la Universidad Andrés Bello (UNAB).

A través de tres encuentros, especialistas de Chile y España analizaron distintos desafíos que enfrenta la educación superior ante el desarrollo de nuevas tecnologías. El ciclo puso el foco en la formación, la evaluación crítica de la información, la autoría y la responsabilidad en el uso de herramientas de IA.

La directora del Sistema de Bibliotecas UNAB, Claudia Catalán, destacó el papel de las bibliotecas universitarias frente a estos desafíos y la importancia de generar espacios de reflexión sobre los cambios que está produciendo la IA.

“Para nosotros es súper importante generar estos espacios de conversación, de reflexión y de aprender, para ver de qué manera estamos posicionados frente a este tema y cómo podemos enfrentar estos desafíos que plantea la inteligencia artificial”, señaló Catalán.

De la prevención a una cultura de integridad académica

La primera sesión estuvo a cargo de María Andrea Arredondo, directora del Sistema de Bibliotecas de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), quien presentó la experiencia de esa institución en la promoción de la integridad académica.

Durante su exposición, abordó distintas acciones desarrolladas por la UCSC, entre ellas talleres, jornadas sobre IA e integridad académica, actividades dirigidas a estudiantes y acciones de formación para docentes e investigadores.

La experiencia presentada mostró la evolución del trabajo de las bibliotecas, desde la formación en búsqueda y uso adecuado de información hasta los nuevos desafíos asociados a la inteligencia artificial.

Arredondo también destacó la importancia de desarrollar estas iniciativas de manera planificada y permanente, para que formen parte de una estrategia institucional.

“Lo importante es sistematizar, planificar, para poder evidenciar ante la comunidad que se están desarrollando este tipo de actividades, no de manera aislada, sino de manera sistemática”, indicó Arredondo.

Su presentación también relevó el carácter formativo de las acciones relacionadas con integridad académica, promoviendo la orientación y el aprendizaje de estudiantes y de la comunidad universitaria, más allá de una mirada exclusivamente sancionatoria.

Verificar la información en tiempos de IA

La segunda sesión estuvo a cargo de Eduardo Gómez, docente universitario y especialista en IA educativa y tecnologías para el aprendizaje de UNAB, con la charla “¿Quién escribe Internet? Ética e integridad académica ante la teoría del Internet muerto”.

A partir de investigaciones, datos y ejemplos, Gómez abordó la circulación de información en Internet y la necesidad de analizar críticamente las cifras y afirmaciones que se presentan como hechos.

Además, mostró cómo determinados datos sobre la proporción de contenidos o tráfico generado por bots pueden difundirse fuera de contexto. Por ello, llamó a revisar el origen, alcance y respaldo de la información antes de asumirla como verdadera.

Este análisis también lo vinculó con la evaluación del aprendizaje en un contexto en que las herramientas de inteligencia artificial pueden generar textos y respuestas cada vez más elaboradas.

“La pregunta no es saber si lo escribió con una IA. Es cómo sabemos que nuestro estudiante aprendió”, planteó el académico.

Desde esta perspectiva, Gómez propuso prestar mayor atención al proceso de aprendizaje. Entre otras estrategias, planteó incorporar evidencias de la búsqueda de información y el contraste de fuentes, además de instancias en que los estudiantes puedan explicar o defender oralmente el trabajo realizado.

Autoría, responsabilidad y “posplagio”

El ciclo cerró con la sesión de Cinta Gallent-Torres, doctora en Intervención Educativa por la Universidad de Valencia y doctora en Educación por la Universidad de las Islas Baleares, quien presentó la charla “Iagiarismo y posplagio: hacia una nueva concepción de la autoría académica”.

La especialista analizó cómo la IA está transformando conceptos vinculados con la integridad académica, entre ellos el plagio, la autoría y la responsabilidad sobre los contenidos.

En este contexto, presentó el concepto de “iagiarismo”, que combina inteligencia artificial y plagio, y abordó la idea del “posplagio” como un escenario en que las nuevas tecnologías obligan a repensar las formas tradicionales de entender la autoría y la integridad académica.

Gallent-Torres enfatizó que declarar el uso de una herramienta de IA no significa que quien presenta o firma un trabajo deje de ser responsable de su contenido. “Una cosa es declarar su uso y otra cosa es declarar la responsabilidad que se ha hecho de ese uso”, precisó.

Para la académica, esta responsabilidad resulta especialmente relevante frente a herramientas que pueden generar información, referencias o textos que requieren ser revisados y contrastados.

Los límites de la delegación

En este escenario, dijo que el uso de IA debe estar acompañado de una evaluación crítica de sus resultados y de una comprensión de la responsabilidad que mantiene quien los utiliza.

La especialista planteó la necesidad de que las instituciones establezcan criterios claros sobre el uso de estas tecnologías y distingan entre diferentes niveles de participación de la IA en el trabajo académico, como apoyo, cocreación y delegación.

El objetivo, señaló, es avanzar hacia una pedagogía ética que fortalezca el pensamiento crítico, la responsabilidad y la transparencia.

Gallent-Torres apuntó a delimitar qué puede delegarse en una herramienta tecnológica y qué responsabilidad permanece en manos de quien produce y firma un trabajo. “Los humanos podemos ceder a la inteligencia artificial algún grado de control de lo que escribimos, pero nunca debemos renunciar a nuestra responsabilidad como autores”, sostuvo.