Entrevista al violinista Miguel Ángel Muñoz
Extensión Cultural

El violinista y concertino de la Camerata UNAB –que se presentará el próximo miércoles 16 de noviembre como solista en el concierto “Beethoven y amigos”, organizado por Extensión Cultural UNAB– aborda el largo camino que ha recorrido en el mundo de la música, el cual le ha dado muchas satisfacciones, pero que también presenta grandes complejidades. En esa línea, releva el rol que juegan instituciones como la Universidad Andrés Bello apoyando a los músicos del país.

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El broche de oro para un año exitoso. Eso es lo que será la próxima presentación del violinista Miguel Ángel Muñoz en el concierto “Beethoven y amigos” junto a la Camerata UNAB. Instancia a la que tanto el artista como la orquesta de cámara llegan luego de un 2022 lleno de logros: para uno, por la obtención del título de Magíster con honores en la Universidad de Chile y para otro, por sus salas repletas durante cada presentación.

Para Muñoz, este ha sido un largo camino, desde que inició su educación musical a los 7 años en Valdivia hasta el día de hoy, en que su rol como concertino de la Orquesta de Cámara del Teatro Municipal de Santiago, de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Chile y de la Camerata de la Universidad Andrés Bello lo ha llevado a liderar importantes espacios en la escena musical clásica.

En esta entrevista repasamos sus inicios y su preparación de cara al próximo concierto “Beethoven y amigos”, organizado por la Dirección de Extensión Cultural UNAB, donde se presentará como solista interpretando las Romanzas para violín OP. 40 y OP. 50 de Beethoven.

Asimismo, habla de las complejidades técnicas y humanas de dedicarse a la música a nivel profesional, destacando que lamentablemente la música, y el arte en general, nunca ha sido prioridad en el mundo, lo que dificulta el acceso al financiamiento. “El fútbol, mueve millones y millones de dólares en una sola persona, y los presupuestos el general para las orquestas a nivel nacional e internacional, no llegan ni a un 10% de lo que significa contratar a un a un jugador de fútbol”.

Por ello, releva también los espacios que generan instituciones, como la Universidad Andrés Bello, para el desarrollo de los músicos: “Nos ha dado una oportunidad fantástica, nosotros estamos muy agradecidos y esperamos se sientan orgullosos del staff de artistas de la categoría que tienen”.

¿Cómo fueron sus inicios en la música y qué lo motivó, a los 7 años, a comenzar a dedicarse a ella?

Crecí en la casa de mis abuelos maternos, quienes amaban mucho la música.  Mi abuela Adelaida Zapata era una amante de la ópera y gracias a ello crecí escuchando ópera desde muy temprana edad.  Mi abuelo, José Saavedra, era muy virtuoso en la guitarra y tenía una hermosa voz, yo creo que, en gran parte, lo que soy como músico ha sido inspirado por el recuerdo del timbre de su voz y el color que él tenía en su interpretación. Él tenía dos hermanos, una era cantante de ópera del Teatro Municipal y el otro era un gran pintor que hizo unos bellos murales en Valdivia. Mi mamá, al ver este proceso enriquecido de arte y cultura, me acerca a la música a los 7 años al inscribirme para las audiciones en el Conservatorio de la Universidad Austral de Valdivia, ciudad en la que vivíamos.

¿Con qué instrumento comenzó?

Cuando me presenté a la audición en el conversatorio, no sé porque, pero quería empezar con piano. En ese momento, no había vacantes y me hicieron escoger otro instrumento. Ahí escogí el violín, no sabía ni cómo era, pero esa fue la primera vez que lo conocí y desde entonces ha sido mi instrumento.

¿Cómo llegó a dedicarse a la interpretación con violín?

Esta es una carrera que se debe comenzar a muy temprana edad, ya que la musculatura y el conocimiento de la técnica del violín es muy extensa. También son tantas horas de soledad con el instrumento, después uno empieza a juntarse con amigos a tocar música en orquestas infantiles.

Yo participé alrededor de 10 años, desde los 7 hasta los 17 años, en una orquesta infantil y luego juvenil del conservatorio, y hacíamos giras por todo el país. Cuando ya empecé a tocar con más sofisticación me pasaron la orquesta de profesores del conservatorio. Y así, uno se empieza a dedicar a la interpretación del violín desde muy temprana edad, y no se da cuenta cómo llega a dedicarle su vida a la música.

Siguiendo en esa línea, ¿hubo algún hecho en concreto que lo llevó a darse cuenta de que este era, en definitiva, el camino que seguiría?

Fue cuando uno de mis grandes maestros, Anatoly Charov –un gran violinista ruso titulado del Chaikovski, que estudio con David Oistrakh, y de quien estuve aprendiendo durante casi toda mi juventud, debió devolverse a Moscú, ya que no tenía muchas oportunidades en Valdivia. Entonces me dijo que yo era un buen violinista y que me convenía trasladarme a Santiago, y probar suerte en las orquestas profesionales de acá, ya que, en ese tiempo, no había orquestas profesionales en Valdivia.

Me seguí preparando y un par de años después le hice caso, y llegué a Santiago. Por suerte me fue maravillosamente bien desde el primer momento: gané un concurso de la orquesta de Cámara en el Municipal y fui el primer violín, obtuve el segundo en la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil, y me convocaron como invitado estable de la Filarmónica de Santiago, la cual hace ópera, ballet y conciertos. Así que para mí ese traslado fue súper relevante en mi vida profesional, ya que en Valdivia yo no había hecho prácticamente nada de sinfonías, ballet y ópera, entonces para mí fue tremendo el desafío y creo haberlo superado.

¿Qué es lo que más destacaría de dedicarse a la música?

Lo que más destacaría es que te transforma continuamente, y te lleva a seguir perfeccionando no solamente la manera en que tú eres como profesional, sino que también cómo eres como persona. La música es una herramienta que tiene la humanidad para subir el nivel como persona, me refiero a mejorar en las emociones, en la forma en que nos tratamos y en la forma en que nos relacionamos con la naturaleza, con los animales y con diversidad de las personas. La música es una herramienta que te impulsa también a seguir perfeccionándote, que filosóficamente te mueve a ser mejor ser humano y te conecta más con tu entorno. Te abre con amor la forma en que ves el mundo.

¿Siente que dedicarse a la música, en general, es complejo?

La música de por sí es muy compleja, hay varios factores para que uno pueda decir eso, pero yo lo voy a llevar al mundo del violín, porque es el instrumento que yo toco para para hacer música. Técnicamente, interpretativamente, uno nunca se siente cómodo o realmente realizado con lo que llegó a estudiar o con lo que está trabajando. Todos los intérpretes siempre estamos estudiando muchas horas al día, sacrificamos familia y amistades, tiempo de ocio para poder llegar a la perfección, y la perfección cada vez sube y se ve más lejos.  Uno quiere seguir escalando y siempre se va alejando, porque mientras más se profundiza en ella más difícil se hace. Es contradictorio y a la vez muy estimulante también para uno como persona, en ese sentido, claro es muy complejo.

En otro plano, la música, y el arte en general, a lo largo de toda la historia de la humanidad, no ha sido una de las prioridades. Por ejemplo, el fútbol mueve millones y millones de dólares en una sola persona, y los presupuestos para las orquestas, a nivel nacional e internacional, no llegan ni a un 10% de lo que significa contratar a un jugador de fútbol.  Entonces, en ese sentido también, dedicarse a la música es algo muy complejo.

En cuanto a su próximo concierto, ¿Cómo surgió la invitación para ser el solista?

El director de la Camerata UNAB ha visto continuamente que yo he ido mejorando mi forma interpretativa, con confianza y con cariño, me hizo la invitación hace ya 3 años, para hacer una obra que a mí me interesara hacer con la orquesta. Empezamos a conversar y llegamos a estas obras que voy a interpretar. Son bellísimas para escuchar, en el caso del público, pero también tienen una demanda interpretativas muy alta y profunda. Voy con el corazón abierto a interpretar estas dos obras que anteriormente nunca las había hecho de solista y para mí ha sido muy demandante a nivel interpretativo. Lo voy a entregar con mucho amor, responsabilidad y respeto.

¿Cómo se vive este “cambio de rol” de ser parte de la Camerata a ser invitado en esta ocasión?

Yo tengo una alegría continua de ser parte de la Camerata y de ser el líder de una agrupación tan bella. Es un honor, un privilegio y una gran responsabilidad ser el líder, y ser solista también, ya que uno asume una relevancia protagónica en el discurso de la obra, pero también uno se siente muy en familia porque está junto a su director, a su orquesta, que son mis amigos también.

Para mí es importante entregar mi experiencia musical a través de mi violín al público, a mis amigos y a mi familia. Entregar el discurso que hizo un compositor a través de sus notas es la razón de vida de un intérprete, entonces me llena de energía y amor, para poder conectarme con la gente que nos vaya a acompañar y escuchar. Son cosas maravillosas que pasa cuando uno se presenta ante el público.

¿Qué le gustaría destacar del trabajo con la Camerata UNAB?

Me gustaría destacar que es una orquesta que lleva muchos años de existencia, y eso es precisamente gracias al apoyo de las personas de cultura, de Felipe Karadima, Santiago Meza, y gracias también a la Universidad Andrés Bello.

Me gustaría destacar el continuo apoyo que la Universidad ha tenido con los músicos de nuestro país, nos ha dado una oportunidad fantástica, nosotros estamos muy agradecidos y esperamos que se sientan orgullosos del staff de artistas de la categoría que tienen. He escuchado muchas orquestas en el extranjero y el nivel que tenemos es muy alto. También me gustaría destacar la continuidad de nuestro público, que mantiene nuestras salas llenas.

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