24 Abril 2026

Emol | Académico UNAB llama a abordar causas estructurales de la violencia escolar

Juan Pablo Catalán analizó la seguidilla de episodios registrados en distintas regiones del país, señalando que no se trata de hechos aislados, sino de un deterioro progresivo del clima educativo.

Una serie de episodios de violencia en establecimientos educacionales —registrados recientemente en comunas como Calama, Valparaíso, Curicó, Angol y Ñuñoa— ha reactivado el debate sobre la seguridad y convivencia escolar en Chile. La presencia de armas en algunos de estos casos, junto con el aumento de agresiones entre estudiantes y hacia docentes, ha generado preocupación en las comunidades educativas y en la opinión pública.

De acuerdo con datos de la Superintendencia de Educación, las denuncias por convivencia escolar han aumentado de manera sostenida en los últimos años, lo que da cuenta de un fenómeno en expansión y con diversas manifestaciones a nivel territorial.

En este contexto, el académico e investigador en educación de la Universidad Andrés Bello (UNAB), Juan Pablo Catalán, planteó en Emol que la situación actual debe ser comprendida como parte de un proceso más amplio. “Sostener que se trata de hechos aislados sería una forma sutil de negar la realidad”, afirmó, subrayando que los distintos casos registrados en el país reflejan un deterioro progresivo del clima educativo.

El análisis del académico también advierte sobre los riesgos de no intervenir oportunamente frente a estas dinámicas. “Los contextos son distintos, pero las trayectorias de escalamiento comparten un patrón común: Cuando la violencia no se aborda a tiempo, se normaliza (…) La evidencia internacional advierte que el debilitamiento del sentido de pertenencia y del bienestar escolar puede abrir la puerta a formas más complejas de violencia”, explicó.

Uno de los elementos que ha intensificado la preocupación es la presencia de armas en los establecimientos educacionales. Si bien no todos los episodios implican su uso, su sola circulación impacta en la percepción de seguridad y en el clima escolar, generando mayor tensión en las comunidades.

Frente a este escenario, han surgido propuestas orientadas a reforzar el control, como la instalación de detectores de metales o sistemas de alerta. Sin embargo, Catalán advierte sobre los límites de este tipo de medidas. “Pueden convertirse en una ilusión de control si se les atribuye un alcance que no tienen”, señaló, enfatizando que, si bien pueden contribuir a gestionar riesgos inmediatos, no abordan las causas de fondo del problema.

Desde una perspectiva educativa, el fenómeno de la violencia escolar plantea desafíos que van más allá de la seguridad, vinculándose con aspectos como la convivencia, el bienestar socioemocional y el sentido de pertenencia en las comunidades educativas. En ese marco, el aporte académico resulta clave para comprender la complejidad del fenómeno y avanzar hacia estrategias integrales que combinen prevención, acompañamiento y fortalecimiento de las relaciones al interior de los establecimientos.

El escenario actual abre una oportunidad para profundizar la reflexión sobre el rol de las políticas públicas, las comunidades escolares y la formación en convivencia, con el objetivo de construir entornos educativos más seguros y propicios para el aprendizaje.