El Sur | Columna de opinión: ¿Tenemos que sentirnos bien todo el tiempo?
Miriam Pardo, académica de la carrera de Psicología de la U. Andrés Bello, sede Viña del Mar, explicó que es normal no siempre sentir emociones positivas.
En una columna publicada el 11 de octubre por El Sur, la académica de la carrera de Psicología de la U. Andrés Bello, sede Viña del Mar, Miriam Pardo, explicó que es normal no sentir emociones positivas durante todo el tiempo.
La académica señaló que «vivimos en una época en que sentirse bien parece haberse transformado, más que en un deseo, en una exigencia. Se nos invita constantemente a buscar bienestar, eliminar el estrés, alejarnos de aquello que “nos hace mal” y rodearnos de experiencias positivas».
El problema aparece cuando comenzamos a interpretar cualquier forma de malestar como algo anormal o como una señal de que estamos viviendo equivocadamente.
Pardo explica que «la tristeza, la frustración, la angustia, el aburrimiento o la incertidumbre forman parte de una existencia emocional saludable. No todas estas experiencias requieren ser eliminadas de inmediato».
«Estas emociones muchas veces necesitan ser transitadas, comprendidas y elaboradas. Cuando intentamos suprimirlas demasiado rápido, podemos perder una capacidad psicológica fundamental: la tolerancia al malestar», indicó la experta.
Muchos motivos de consulta psicológica se relacionan precisamente con una baja tolerancia a la frustración y con la asociación del bienestar con lo inmediato y exitoso.
Ante esto, Pardo señaló que «tolerar el malestar no significa resignarse al sufrimiento ni permanecer pasivamente en situaciones dañinas. Significa poder experimentar una emoción desagradable sin sentir que debemos escapar inmediatamente de ella».
«Paradójicamente, mientras más intentamos garantizar un estado permanente de bienestar, menos preparados podemos quedar para enfrentar aquello que inevitablemente lo interrumpe», explicó la académica.
Pardo añadió que «esto puede observarse en la creciente dificultad para tolerar la espera, el aburrimiento o la frustración. Vivimos rodeados de respuestas inmediatas: podemos cambiar de imagen, conversación, música o estímulo en segundos».
Esa lógica también puede trasladarse a la vida emocional. Si algo incomoda, buscamos rápidamente distraernos, evitarlo o sustituirlo.
Finalmente, la académica sentenció que «la madurez emocional no consiste en no sufrir, sino también en desarrollar recursos internos para atravesar aquello que nos afecta sin quedar arrasados. Incluso las emociones que solemos considerar negativas cumplen una función».
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