12 Marzo 2026

El Rancagüino | El simbolismo detrás del nuevo dresscode gubernamental

En una columna publicada este 12 de marzo, Yusef Hadi, director de Publicidad UNAB Concepción, aborda un de las nuevas medidas que impuso el nuevo gobierno de J.A. Kast.

La política nunca ha sido únicamente un espacio de decisiones técnicas. Es, ante todo, un escenario profundamente simbólico. Cada gesto, cada palabra y cada imagen construyen un relato sobre el poder, la autoridad y la relación que los gobiernos establecen con la ciudadanía. En ese contexto, la decisión anunciada por el presidente José Antonio Kast de establecer un dresscode formal para los funcionarios del gobierno (camisa, corbata y chaqueta para los hombres, y tenidas sobrias y de carácter formal para las mujeres) abre un debate interesante sobre el significado de la imagen en la esfera pública.

A primera vista, podría parecer una discusión superficial. ¿Qué importancia real tiene la ropa cuando los desafíos del país son mucho más profundos? Sin embargo, en comunicación política y cultural, la estética nunca es trivial.

Dresscode: institucionalidad vs nuevos tiempos

La forma en que una autoridad se presenta visualmente no solo responde a normas de protocolo, sino que también proyecta valores, jerarquías y visiones sobre el rol del Estado.

Históricamente, la formalidad en la vestimenta ha estado asociada a conceptos como orden, disciplina y respeto institucional. Durante décadas, el traje y la corbata fueron símbolos del profesionalismo en el mundo político y empresarial.

En ese sentido, la decisión puede interpretarse como un intento por reforzar una imagen de institucionalidad y seriedad en la administración pública, buscando marcar una diferencia con estilos más informales que han predominado en distintos momentos de la política contemporánea.

Un asunto cultural

Pero la vestimenta también refleja cambios culturales. En las últimas décadas, muchos espacios de poder han flexibilizado sus códigos de apariencia como señal de cercanía, horizontalidad y modernidad.

El abandono progresivo de la corbata en algunos gobiernos o empresas tecnológicas no fue casual, sino que respondía a una narrativa que buscaba reducir las distancias simbólicas entre autoridad y ciudadanía.

Por eso, más que un simple reglamento estético, el dresscode propuesto funciona como una declaración cultural. Nos habla de qué tipo de institucionalidad se quiere proyectar y de qué manera se entiende la representación del Estado frente a la sociedad.

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