El Mostrador | Vidas olvidadas, muertes invisibles: a propósito de las alertas meteorológicas
En una columna publicada el 16 de julio de 2026, Rosa Hernández, docente de Terapia Ocupacional UNAB Concepción, aborda aspectos vinculados a la emergencia por lluvias y las personas en situación de calle.
Esta semana veremos titulares de noticias con múltiples alertas meteorológicas por lluvias, vientos y bajas temperaturas en gran parte del país, y es que estas situaciones pueden traer consecuencias importantes para las personas, sus hogares y su salud.
Las alertas no buscan generar alarma, nos invitan a la preparación y el autocuidado.
Pero muchas personas enfrentan el frío, la lluvia y la incertidumbre de un techo
como algo cotidiano, sin recursos materiales y/o sociales para protegerse, hablo de las personas en situación de calle (PSC).
Detrás de ellos hay historias de vida marcadas por profundas desigualdades sociales, económicas, y estructurales.
Son realidades que deberían interpelarnos como sociedad, y quizás sean esas historias las verdaderas “alertas” que debemos atender.
Hace algunos días se habló de la muerte de una “conocida” (así se tituló) persona en situación de calle, que falleció en un paradero en Concepción.
Alertas, alarmas y dignidad
Este tipo de noticia respecto de la muerte en plena vía pública no es extraño, aunque pocas veces ocupa un espacio en medios de comunicación y/o en la discusión pública.
Son noticias que debería conmovernos profundamente, nadie debería morir con esa falta de dignidad, invisible, en el olvido, su partida debería generar tal impacto en la comunidad de la que formó parte que nos alerte por la vulnerabilidad que enfrento y que le costó la vida.
Estas personas no están allí por elección, en sus historias existen múltiples vulneraciones, exclusiones, pérdidas, violencia.
La invisibilidad de la calle
La calle se transforma en su espacio cotidiano cuando otros dejan de ofrecer protección, y es paradójico como la calle perpetúa su vulneración y nosotros somos espectadores.
Porque pese a estar presentes en nuestras ciudades, transitar por las mismas calles y ocupar los mismos espacios públicos, muchas veces dejamos de verlos, la cotidianeidad de su presencia parece normalizar una realidad profundamente injusta, transformándolos en invisibles, o bien generando malestar por su presencia, pretendiendo que con solo “sacarlos” de sus “rucos” el problema desaparece.
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