El Mostrador | Síndrome de Down: el derecho a no vivir la soledad
Sandra Urra, académica de Educación y Ciencias Sociales de UNAB, Concepción, abordó este 21 de marzo, el día mundial de este síndrome, cómo ha avanzado la inclusión y participación de estas personas en la sociedad.
¿Cuántas veces hemos escuchado decir que las personas con síndrome de Down son angelitos, seres de luz, especiales o bendiciones?, pues bien, este tipo de opiniones lo único que hacen es perpetuar una mirada infantilizante que no favorece los espacios de desarrollo integral, participación plena, autodeterminación y, por sobre todo, el goce de los derechos propios e inherentes de todo ser humano como lo son le vida afectiva y sexual, el ocio, el trabajo, la independencia, en fin, lo que quienes son neurotípicos dan por sentado y, por tanto, no es necesario explicitar, exigir o recordar constantemente.
Personas con Down: «Juntos contra la soledad»
Este 2026 el lema de la conmemoración del Día del Síndrome de Down es “Juntos
contra la soledad” y con ello surgen una serie de preguntas: ¿por qué es importante hablar de la soledad?, ¿qué impacto tiene en las personas con síndrome de Down?, ¿qué hacemos en el sistema educativo para evitarla?.
¿Cuándo hablamos de soledad consideramos también a las familias y los procesos por los que deciden aislarse, evitando o modificando sus rutinas sociales desde que llega a sus vidas un hijo o hija con síndrome de Down?
Debemos reflexionar si al hablar de inclusión solo estamos considerando la presencia o también consideramos la participación plena, la construcción de redes, pertenencia y significados colectivos en los espacios de diversidad.
Si existen espacios reales y significativos en que ellos y ellas puedan explorar desde sus primeros años hasta la edad adulta el esparcimiento, ocio, amistad, relaciones afectivas y planificación de futuro.
Inclusión y estrategias
Es que ¿cuántos niñas y niños solo cuentan con amigos y amigas con quienes comparten la condición de trisomía 21? Debemos cuestionar si a lo largo de los años los programas de integración han aumentado las oportunidades de inclusión social, desarrollo y crecimiento social de estudiantes con síndrome de Down.
¿O solo se han situado en aspectos cognitivo-curriculares que en muchos casos finalizan en el retorno a la educación especial, opciones laborales específicas para la condición o incluso retornos al hogar sin futuro laboral o independencia en el horizonte?
Si bien las políticas educativas nacionales e internacionales impulsan la inclusión, reconocimiento de la diversidad y potenciación de la diversificación como respuesta respetuosa a ello, aún existen resistencias en las comunidades educativas.
Pinche acá para leer la columna completa de El Mostrador
English version