El Mostrador | Pérdida de masa muscular en mujeres: cómo prevenirla antes de los 40
En una nota publicada este 20 de abril de 2026, la docente y Dra. en Ciencias del Movimiento Humano de Kinesiología UNAB, Cinara Sacomori, se refirió a diversos conceptos relacionados a este tema
La disminución de masa y fuerza muscular no es un fenómeno exclusivo de la vejez. En mujeres, este proceso puede comenzar alrededor de los 30 años, por lo que la prevención temprana se posiciona como un factor clave para enfrentar de mejor manera las etapas posteriores de la vida.
La masa muscular cumple un rol central en el bienestar general. No solo influye
en la movilidad, sino también en el metabolismo, la prevención de caídas, el desarrollo de enfermedades y la calidad de vida en general.
Prevención en mujeres
Sin embargo, su deterioro suele pasar desapercibido en etapas tempranas. En el caso de las mujeres, la evidencia indica que la pérdida de masa y fuerza muscular comienza antes de lo que comúnmente se piensa, iniciándose en torno a la tercera década de vida.
Este proceso, además, se intensifica con el paso de los años, especialmente después de los 50, cuando factores como la menopausia aceleran los cambios fisiológicos.
“Hoy existe una visión más preventiva en salud de la mujer, ya que se promueve la preparación física para esta etapa con el fin de reducir los cambios fisiológicos asociados, incluida la pérdida de masa muscular”, explica la académica y doctora en Ciencias del Movimiento Humano de la Escuela de Kinesiología de la Universidad Andrés Bello, Cinara Sacomori.
La importancia de anticiparse
El enfoque actual apunta a actuar antes de que los efectos sean evidentes. En ese sentido, especialistas coinciden en que no es necesario esperar a etapas avanzadas para comenzar a fortalecer el cuerpo.
“Lo ideal es iniciar en la adultez temprana, preferentemente antes de los 30 o 40 años, para construir una reserva muscular que será clave en las décadas posteriores”, indica la kinesióloga.
Este concepto de “reserva muscular” se vuelve fundamental para enfrentar el envejecimiento con mejores condiciones físicas, reduciendo riesgos asociados a la fragilidad, la pérdida de autonomía y otras complicaciones de salud.
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