El Mostrador | Niebla mental y microbiota: cómo la salud intestinal podría influir en la concentración y la memoria
Freddy Squella, académico de la carrera de Medicina de la U. Andres Bello, sede Santiago, explicó la relación entre el intestino y el cerebro.
En una nota publicada el 27 de mayo por El Mostrador, el académico de la carrera de Medicina de la U. Andrés Bello, sede Santiago, Freddy Squella, explicó la conexión entre el cerebro y el intestino.
La sensación de estar mentalmente “lento”, con dificultad para concentrarse, cansancio persistente o pequeños olvidos cotidianos suele atribuirse al estrés, al mal dormir o al exceso de trabajo.
Sin embargo, en los últimos años otra hipótesis comenzó a ganar espacio: que parte de esa llamada “niebla mental” podría tener relación con lo que ocurre en el intestino.
“La relación entre intestino y cerebro es real y cada vez está mejor documentada; el problema es que el marketing ha avanzado más rápido que la evidencia clínica”, explica Squella.
Según el especialista, hoy se sabe que la microbiota puede influir en funciones cerebrales mediante distintas vías inmunológicas, metabólicas, hormonales y neurales. Aun así, advierte que todavía no se puede afirmar que toda dificultad de concentración o “niebla mental” tenga su origen en alteraciones específicas de la microbiota.
El intestino también se comunica con el cerebro
Desde la gastroenterología, el docente explica que el eje intestino-cerebro se entiende como una comunicación bidireccional entre el sistema nervioso central, el sistema nervioso entérico, la microbiota intestinal, el sistema inmune y distintas señales hormonales.
“El intestino no es solo un órgano digestivo; también participa en la regulación de la inflamación, la sensibilidad visceral, la motilidad y algunas señales que pueden influir en el ánimo, el sueño y el estrés”, señala Squella.
“Parte de esa comunicación ocurre a través del nervio vago, mediadores inflamatorios y sustancias producidas por bacterias intestinales, como los ácidos grasos de cadena corta. También intervienen rutas relacionadas con neurotransmisores como serotonina, dopamina y GABA”, añade el académico.
Aunque el fenómeno se sigue estudiando, el especialista indica que ya existen enfermedades digestivas donde los síntomas cognitivos son conocidos. Entre ellas, la enfermedad celíaca, la enfermedad inflamatoria intestinal, síndromes de malabsorción y enfermedades hepáticas crónicas.
En pacientes con enfermedad celíaca, por ejemplo, se ha descrito el llamado “brain fog”, caracterizado por sensación de lentitud mental, alteraciones de memoria y problemas de atención. En algunos casos, estos síntomas mejoran tras iniciar una dieta libre de gluten bajo diagnóstico médico.
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