El Mostrador | Limpieza tras incendios forestales: los riesgos invisibles para la salud
Michel Garat, director de la carrera de Enfermería de la U. Andrés Bello, Campus República, advirtió de los riesgos para la salud durante la limpieza luego de un incendio.
En una nota publicada el 25 de enero por El Mostrador, el director de la carrera de Enfermería del Campus República de la U. Andrés Bello, Michel Garat, advirtió sobre los riesgos para la salud durante el proceso de limpieza luego de los incendios.
El académico explica que la ceniza no es un polvo inofensivo. «Al removerla, especialmente al barrer en seco o utilizar sopladores, se libera material particulado fino que queda suspendido en el aire y puede ingresar profundamente a los pulmones. Las partículas microscópicas son las más peligrosas, ya que generan mayor daño respiratorio».
Riesgos
El docente enfatiza que el riesgo aumenta considerablemente cuando los incendios afectan zonas urbanas, explicando que hay diferencias en relación con el humo y cenizas que se puedan expandir.
“A la ceniza vegetal se suman restos de materiales de construcción, pinturas, plásticos, solventes y productos domésticos que, al quemarse, liberan partículas más irritantes y potencialmente tóxicas. La inhalación de este material puede provocar irritación ocular, dolor de garganta, tos persistente, cefaleas y dificultad respiratoria”, detalla Garat.
Las personas con asma, EPOC u otras enfermedades respiratorias presentan un alto riesgo de descompensación, al igual que quienes viven con patologías inmunológicas, dermatológicas o cardiovasculares.
“También son especialmente vulnerables las embarazadas, los niños y los adultos mayores. Desde el ámbito sanitario, organismos como el Ministerio de Salud han insistido en que reducir la exposición al polvo y la ceniza es una medida clave tras los incendios”, expresa Garat.
Recomendaciones
Respecto a la limpieza de sitios y remoción de escombros, el académico advierte que uno de los errores más comunes es intentar hacerlo “a la rápida”. Barrer en seco, sacudir alfombras o soplar cenizas solo vuelve a poner el riesgo en el aire. “La recomendación es retirar los residuos con pala o paños húmedos y embolsarlos de forma cerrada.
Cuando se aspira, lo ideal es contar con equipos con filtro HEPA, ya que las aspiradoras comunes pueden recircular partículas finas. En viviendas completamente quemadas o con restos de materiales desconocidos, no se debe improvisar, ya que algunos residuos requieren manejo especializado”, recomienda.
En tanto frente al uso de elementos de protección personal es fundamental usarlos. “Una mascarilla N95 bien ajustada al rostro es clave para filtrar el material particulado fino, junto con antiparras o gafas cerradas, guantes resistentes, ropa de manga larga y calzado cerrado. Las mascarillas quirúrgicas o los pañuelos no entregan protección suficiente frente a este tipo de contaminación”, advierte Garat.
Limpieza y cuidados
La remoción de escombros suele realizarse en contextos de estrés emocional, calor y cansancio, lo que aumenta el riesgo de accidentes y descompensaciones. Por ello, el académico recomienda “mantener una adecuada hidratación, respetar las horas de descanso, evitar el sol del mediodía y alimentarse de forma regular. Al finalizar la limpieza, es importante limpiarse y cambiar la ropa para no trasladar ceniza a espacios donde haya niños o personas con enfermedades”.
Garat subraya que la aparición de falta de aire, opresión en el pecho, tos intensa, irritación ocular importante, mareos o lesiones cutáneas severas son señales de alerta que obligan a detener la limpieza y consultar en un centro de salud.
“La reconstrucción no puede hacerse a costa de la salud. El fuego puede haberse extinguido, pero sus efectos persisten en el aire. Cuidarse durante la limpieza es también una forma de seguir cuidando la vida”, concluye.
English version