12 Enero 2026

El Mostrador | La paradoja de la renovación de licencias y el cuidado de nuestros adultos mayores

Rodrigo Vera, académico de Terapia Ocupacional, de UNAB Concepción, abordó la contradicción existente en un proyecto de ley que busca eliminar la obligatoriedad de renovación del documento hasta los 65 años de edad.

Hace unas semanas atrás la bancada del Partido Nacional Libertario anunciaba a través de medios de comunicación la presentación de un proyecto de ley que busca eliminar la obligatoriedad de renovación de las licencias de conducir hasta los 65 años de edad.

Con el propósito de reducir la burocracia y disminuir la carga financiera y de tiempo para los conductores, argumentando que el trámite actual representa una pérdida de recursos considerable.

Sin embargo, esta propuesta encierra una paradoja que requiere un análisis detenido, puesto que el argumento de fondo remite al equilibrio entre la inversiónlicencias conducir adultos mayores proyecto ley social en seguridad vial y la capacidad funcional y la libertad individual.

Licencias: ¿de qué se está hablando?

En este sentido, cabe preguntarse: ¿cuál es el grado de libertad que se busca obtener a costa de una disminución en la seguridad y la protección social de personas mayores en la vía pública?

En mi calidad de integrante del Comité Regional para la promoción de derechos de las personas mayores, y desde la perspectiva de la Terapia Ocupacional Social, resulta fundamental plantearnos estas interrogantes, así como destacar la posible repercusión de esta legislación en el segmento poblacional aludido.

Para justificar esta inquietud, un dato que nos debe preocupar del Observatorio de Seguridad Vial entre el año 2024 y 2025 muestra que en Chile hay una tasa de letalidad desproporcionada, ya que las personas mayores representan casi el 30% de fallecidos en accidentes de tránsito y tienen 4 veces más probabilidades de morir en un accidente que un adulto joven.

Seguridad Vial

Las medidas orientadas a la prevención, en lugar de ser reducidas, deberían ser reforzadas.

Ante este escenario, la seguridad vial se erige como un componente esencial para la materialización del derecho a la Participación Social y la utilización de los espacios públicos, particularmente en segmentos poblacionales que manifiestan condiciones de vulnerabilidad, como es el caso de las personas mayores.

En virtud de su carácter de bien público, el Estado debe asumir lo establecido en la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores y la responsabilidad ineludible de asegurar entornos protegidos para ellos.

Por el contrario, delegar el control al individuo es una forma de omisión de este derecho y afectaría directamente a este colectivo.

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