El Mostrador | Caídas después de los 50 años: las señales que pueden anticipar una fractura y cómo prevenirlas
Lidia Castillo, directora de la carrera de Kinesiología de la U. Andrés Bello, sede Santiago, advirtió de los riesgos de las caídas en personas mayores de 50 años.
En una nota publicada el 31 de octubre por El Mostrador, la directora de la carrera de Kinesiología de la U. Andrés Bello, sede Santiago, Lidia Castillo, advirtió los peligros de las caídas de las personas mayores de 50 años.
Complicaciones para levantarse de una silla, caminar con mayor lentitud o perder la estabilidad al girar, pueden ser señales tempranas de que el cuerpo necesita atención.
Aunque cumplir 50 años no significa necesariamente tener un mayor riesgo de fractura, los cambios en la fuerza muscular, el equilibrio y la resistencia de los huesos pueden aumentar la vulnerabilidad frente a una caída.
La disminución de la densidad y la resistencia ósea puede favorecer la aparición de osteoporosis, una condición que aumenta el riesgo de fracturas incluso ante caídas desde la propia altura.
Castillo explica que «el riesgo de fractura no depende exclusivamente de la edad ni de la condición de los huesos. También influyen las capacidades físicas, las enfermedades de base, la visión, la atención y las condiciones del entorno».
«Algunas señales son caminar más lento, necesitar apoyarse en los muebles para desplazarse, tener dificultades para subir escaleras o perder estabilidad al cambiar de dirección», indicó la académica.
La especialista también advierte que el miedo a caerse puede convertirse en un problema. Cuando una persona comienza a evitar las caminatas, las salidas o las actividades sociales por temor a perder la estabilidad, puede reducir su actividad física y debilitar progresivamente su musculatura.
“Una caída no debe considerarse una consecuencia normal del envejecimiento. Es una señal que requiere atención, porque identificar precozmente una disminución de las capacidades permite intervenir antes de que aparezcan lesiones o dependencia”, plantea Castillo.
Una fractura de cadera, muñeca o vértebras puede limitar la movilidad, dificultar las actividades cotidianas y afectar la participación social.
La kinesióloga explica que en el caso que una persona se caiga y efectivamente sufra una fractura, puede haber consecuencias que superan la lesión física.
Además, los períodos prolongados de inmovilidad pueden acelerar la pérdida de fuerza muscular y dificultar la recuperación de la autonomía.
“La prevención no busca solamente evitar una fractura, sino también preservar la capacidad de las personas para desenvolverse de manera independiente, mantener sus relaciones sociales y continuar realizando las actividades que consideran importantes”, sentenció Castillo.
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