02 Noviembre 2026

El Mostrador | Bullying silencioso: las señales de alerta que pueden anticipar el acoso escolar

La terapeuta ocupacional Daniela Palma, académica de la UNAB, sede Concepción, explica cómo identificar estas conductas y actuar a tiempo.

El bullying no siempre se manifiesta mediante agresiones físicas o conflictos evidentes. En muchos casos, adopta formas más sutiles que pueden pasar desapercibidas para familias y comunidades educativas, pero que generan un profundo impacto en el bienestar emocional y social de niños, niñas y adolescentes.

Según detalla Daniela Palma, académica de Terapia Ocupacional de UNAB Concepción, algunas manifestaciones del acoso escolar pueden reflejarse en cambios de conducta, dificultades para relacionarse, disminución del rendimiento académico o aislamiento progresivo. Identificar estas señales de manera temprana permite abrir espacios de conversación y activar oportunamente las redes de apoyo.

“Esta es una forma de acoso escolar que se caracteriza por manifestaciones más sutiles y menos visibles que las formas de violencia que habitualmente asociamos al bullying. En lugar de agresiones directas o explícitas, suele expresarse a través de conductas como la exclusión social, la indiferencia intencionada, el aislamiento, los rumores o la falta sistemática de oportunidades para participar”, explica la profesional.

Bullying: cuando el maltrato no se ve

La académica UNAB señala que una de las principales diferencias del llamado bullying silencioso es que suele desarrollarse de forma cotidiana y normalizada, lo que dificulta su detección por parte de docentes, asistentes de la educación y familias.

“Ya que muchas de estas prácticas ocurren de manera cotidiana y normalizada. Sin embargo, aunque sea menos evidente, puede generar un profundo impacto en el sentido de pertenencia, la autoestima y la participación social de niños, niñas y adolescentes”, dice.

Entre las señales de alerta más frecuentes se encuentran el rechazo persistente a asistir al colegio, una disminución en las calificaciones, la evitación de determinadas actividades o compañeros, cambios en el estado de ánimo, irritabilidad, ansiedad, problemas para dormir o una pérdida de interés por actividades que antes resultaban significativas.

En situaciones más complejas, estas manifestaciones también pueden expresarse a través de síntomas físicos asociados al malestar emocional. Sin embargo, Palma advierte que la señal que los adultos suelen pasar por alto es la modificación de la participación habitual del niño o adolescente en su entorno.

Publicado el 1 de noviembre de 2026 por El Mostrador