El Mercurio Valparaíso | Columna de opinión: Latinoamérica y un péndulo que se estira
En columna publicada el 12 de agosto de 2026, Felipe Vergara, analista internacional UNAB, explica este fenómeno político tras el último cambio de mando en la zona, donde Colombia pasó a tener un gobierno de derecha.
El péndulo en Latinoamérica ha vuelto a moverse, y esta vez con una fuerza que requiere atención. Chile, Argentina, Perú, Bolivia y Colombia dejaron atrás gobiernos de izquierda, varios de ellos de un sello particularmente radical, para dar paso a administraciones de derecha.
Mientras tanto, Ecuador y Paraguay mantienen gobiernos de derecha sin sobresaltos y Uruguay se ha movido en sentido inverso, transitando de la derecha a la izquierda, como recordatorio de que ningún proceso regional es del todo homogéneo.
Falta por ver qué ocurrirá en Brasil, donde las elecciones de fin de año definirán si esta tendencia regional se consolida o encuentra un contrapeso relevante.
Latinoamérica y su péndulo político
Lo que distingue este momento de otros ciclos pendulares que Latinoamérica ha vivido antes no es sólo el cambio de signo político, sino su intensidad. No es un simple recambio hacia una derecha tradicional, moderada, previsible.
Se trata de una derecha nueva, más dura, más radical, que emerge como respuesta a izquierdas que también fueron duras. El péndulo, podría decirse, no sólo se movió, sino que se estiró. Colombia, Perú, Ecuador, Argentina y Chile son ejemplos de esa polarización que empuja a los electorados hacia los extremos del espectro en lugar de hacia el centro.
Un ejemplo reciente
La pregunta que surge de inmediato es qué tan sostenible resulta esta nueva derecha más extrema. La región ya tiene un antecedente que conviene no olvidar. El caso de Jair Bolsonaro en Brasil mostró que estos proyectos no garantizan éxito ni continuidad.
Habrá que observar con atención si estas nuevas administraciones logran consolidarse y alternar en el poder dentro de esa misma corriente, o si en cuatro, seis u ocho años el péndulo volverá a oscilar hacia la izquierda, como ha ocurrido tantas veces en la historia política del continente.
El rol de la Casa Blanca
Hay un factor externo que no puede omitirse en este análisis y es el papel de Estados Unidos; el presidente Trump ha sido un impulsor explícito de estos gobiernos de derecha en la región, respaldando abiertamente a determinados candidatos.
Esto plantea una interrogante que trasciende lo latinoamericano: ¿qué ocurre si a Trump le va mal en las elecciones de mitad de mandato de noviembre? Un resultado adverso podría debilitar ese respaldo político tan explícito, y con ello, quizás, parte del impulso que ha sostenido a estas nuevas derechas.
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