El Mercurio | Opinión de Juan Pablo Torres: La odisea exportadora de Chile
En una columna de opinión publicada por El Mercurio, el decano de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad Andrés Bello (UNAB), Juan Pablo Torres, plantea que, si bien el país atraviesa un momento favorable gracias al alto valor de las exportaciones mineras y al buen ciclo del cobre, necesita una estrategia de largo plazo para no depender excesivamente de un solo producto y para enfrentar riesgos externos e internos.
La historia de Odiseo, el célebre héroe griego, nos recuerda la importancia de contar con una estrategia de navegación, especialmente cuando los vientos son favorables. Sin un rumbo claro, podemos prolongar nuestra travesía durante diez años antes de alcanzar nuestra propia Ítaca.
El barco de las exportaciones chilenas lleva principalmente concentrados de cobre, cobre refinado, ánodos de cobre y otros productos mineros. Entre enero y agosto de 2026, los vientos han sido favorables: las exportaciones de bienes alcanzaron US$83.251 millones, un aumento de 19,1% respecto del mismo período de 2025. Este impulso abre oportunidades para llegar más lejos, siempre que fortalezcamos las capacidades productivas de la minería privada y pública frente a un entorno de intensa competencia, riesgos climáticos e incertidumbre geopolítica.
La minería explicó cerca del 84% del incremento del valor exportado este año, mientras que el cobre concentró el 52% de las ventas externas de bienes. La ventaja que ofrecen nuestros yacimientos sigue siendo decisiva, aunque la concentración en un solo mineral nos expone a variaciones de precios, restricciones en las rutas de transporte y decisiones arancelarias de las grandes potencias.
El ciclo favorable del precio del cobre ha contribuido a impulsar nuestras exportaciones en valor. En la metáfora de esta travesía, debemos distinguir cuánto avanzamos gracias al viento que hincha las velas y cuánto gracias a la capacidad de nuestros remeros. Una estrategia de Estado debe promover un crecimiento exportador sostenido y diversificado, evitando que los buenos resultados agregados oculten obstáculos como los rezagos en los permisos, la incertidumbre jurídica o las tensiones sociales.
La ira de Poseidón
Odiseo cegó al cíclope Polifemo, hijo de Poseidón. En venganza, el dios del mar obstaculizó su regreso a Ítaca. La imagen sirve para pensar en los riesgos que enfrenta una economía abierta como la chilena: navegar exige comprender tanto nuestras capacidades como las fuerzas que pueden apartarnos del rumbo.
China y Estados Unidos son nuestros principales destinos de exportación. Chile se encuentra entre dos potencias que disputan la hegemonía global y cuyas decisiones pueden alterar las condiciones de acceso a sus mercados. Al igual que Odiseo, debemos reconocer quién es Poseidón y anticipar sus consecuencias.
El arancel adicional de 12,5% que Estados Unidos aplica, con exclusiones, a bienes provenientes de Chile ilustra este desafío. Sin una estrategia que diversifique destinos y fortalezca nuestra capacidad de adaptación, estas decisiones pueden comprometer la competitividad de las empresas y desviarnos del desarrollo que buscamos.
Odiseo y las sirenas
Para escuchar el canto de las sirenas sin sucumbir a él, Odiseo pidió que lo amarraran al mástil y ordenó a sus remeros taparse los oídos con cera. Su decisión combinó el reconocimiento del peligro con una medida concreta para continuar la travesía. Chile también necesita amarrarse al mástil identificando sus vulnerabilidades internas y externas y prepararse para enfrentarlas.
Las sequías y las restricciones de navegación en corredores estratégicos son señales que debemos atender. La menor disponibilidad de agua puede limitar la carga transportada, elevar los costos y obligar a buscar rutas alternativas, por ejemplo, a la del Canal de Panamá. Para las exportaciones mineras y metálicas, estas dificultades adquieren especial relevancia.
En este escenario, debemos reconocer y desarrollar nuestras propias ventajas. El Estrecho de Magallanes ofrece una alternativa cuya proyección podría fortalecerse si somos capaces de generar energía limpia a costos competitivos y desarrollar las condiciones necesarias para atender el transporte marítimo.
Nuestra Ítaca debe ser un desarrollo sostenido que transforme la riqueza exportadora en oportunidades para el país. Para alcanzarla, necesitamos aprovechar los vientos favorables, fortalecer a nuestros remeros y anticipar las tormentas que vendrán.
Juan Pablo Torres, PhD
Decano y Profesor Titular Facultad de Economía y Negocios
Universidad Andrés Bello
Columna publicada en El Mercurio el 26 de septiembre de 2026.
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