El Mercurio | Alza significativa de quienes presenciaron tiroteos
Un análisis del Instituto UNAB de Políticas Públicas en base a los resultados de la Encuesta Casen 2024 encontró un deterioro en las condiciones de seguridad en que viven los ciudadanos al estudiar la década 2015-2024.
Tras la publicación de la última encuesta Casen, el Instituto UNAB de Políticas Públicas analizó algunas de las preguntas realizadas a los encuestados para comparar los cambios entre la versión actual y la de hace una década. Según el informe elaborado por la casa de estudios, «la comparación con 2015 muestra un deterioro en varios de los hechos considerados más graves, en particular aquellos asociados al tráfico de drogas y a balaceras o disparos, cuya incidencia aumenta de forma transversal entre quintiles».

Así, los hogares expuestos a tráfico de drogas crecieron del 30,4% al 33,4%. Ello, pues si en la versión 2015 fueron 1.660.959 quienes presenciaron este delito, en la última versión el número creció a 2.387.097 personas.
Mientras que aquellos que presenciaron balaceras o disparos aumentaron del 30,4% al 37,3%. Es decir, si hace una década se determinó que 1.655.423 fueron testigos de estos hechos a menos de 15 minutos de su casa, hoy serían cerca de 2.660.941 personas, según la Universidad Andrés Bello (UNAB).
Para el coordinador del Observatorio del Crimen Organizado y Terrorismo de la UNAB, Pablo Urquízar, «al analizar y comparar 2015 con 2024, observamos que la proporción de personas que han vivido o presenciado hechos violentos aumentó en casi todos los eventos analizados, con la excepción de los rayados a viviendas o vehículos».
Ahora, puntualiza, en las balaceras existe una baja respecto de 2022, cuando el 41,3% de los hogares contestaba que había sido testigo de una. Así, afirma que estas «leves mejoras» sugieren que «si bien hoy estamos peor en materia de seguridad que hace 10 años, no se trata de un deterioro que comience en 2024, sino de una tendencia más persistente en el tiempo».
Ante el alza en la década, el investigador del Centro de Estudios en Seguridad y Crimen Organizado de la U. San Sebastián, Felipe Harboe, comenta que «resulta evidente que en una década las personas están más expuestas a balaceras» y que ello «revela un fracaso de las estrategias de contención de armas en las calles y explica el aumento de temor de los ciudadanos frente al delito». Así, el también exsubsecretario del Interior sentencia que «para decirlo de forma simple: el delito está más cerca de la gente».
Otra de las observaciones de Urquízar apunta a que «es especialmente preocupante que los hogares con presencia de niños, niñas y adolescentes presenten niveles de carencia de seguridad más alto al promedio nacional, situación que se profundiza al diferenciar por nivel socioeconómico. Mientras que el 3,6% de los hogares con niños, niñas y adolescentes pertenecientes al segmento de mayores ingresos sufren de carencia de seguridad, esta cifra más que se cuadruplica en los hogares del quintil de menores ingresos, alcanzando un 14,9%. Por lo tanto, existe el desafío urgente de retomar el control de la seguridad en los barrios para así no hipotecar el desarrollo y bienestar de los niños en el futuro».
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