La Segunda | Cartas al director: Temor a la prueba
Educación y Ciencias Sociales

La aplicación del Simce es una de las discusiones que se han levantado en el área de la educación. Sobre este tema comentó la decana de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales María Gabriela Huidobro.

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Applicar el Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (Simce) en plena pandemia es uno de los temas que se han levantado en las últimas semanas en el país. La decisión del Ministerio de Educación de retomar el proceso ha generado controversia desde distintos sectores al consideran que podría ser un factor más de estrés, tanto para estudiantes como académicos, quienes ya lidian con un contexto hostil producto del Covid-19.

La decana de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales, María Gabriela Huidobro, se refirió principalmente al concepto de evaluación y cómo es asumido por distintos sectores. Su posición fue presentada a través de una carta al director dirigida al medio nacional La Segunda.

Señor director

El debate por la decisión del Mineduc de aplicar este año el Simce evidencia un problema que se alberga en las bases de nuestra cultura educacional: la idea que pervive entre nosotros sobre el concepto de evaluación.
Aun cuando el ministerio afirma que este instrumento se aplicaría solo como un recurso de diagnóstico, la resistencia de especialistas, docentes, apoderados y equipos directivos muestra las evaluaciones siguen provocando angustia y temor, pues aún se piensa en ellas como una instancia inquisitoria o sancionatoria.
No se trata de un problema exclusivo del Simce; es nuestro sistema que promueve una idea pragmática de la educación, que no ha logrado fomentar una cultura que supere el “miedo a las pruebas”. La tendencia contemporánea comprende que una buena evaluación consiste en un proceso de acompañamiento regular, que Busca detectar debilidades y fortalezas con miras a la mejora y al aprendizaje continuo de personas e instituciones. No se trata solo de determinar ahora el valor de una prueba como el Simce, sino de superar el caduco concepto de la evaluación como enjuiciamiento. Ello implica replantearnos por qué y para qué educamos, y de qué manera una prueba, más que sancionar, podría incentivar esfuerzos para promover una mejor educación.

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