Sociología
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Las precarias condiciones laborares en que muchos chilenos trabajan día a día quedaron al descubierto con el accidente de la mina San José, una contradicción en un país que se sustenta en gran medida de la minería. A su vez, la perseverancia de las esposas de los mineros y la organización que permitió a los obreros sobrevivir en tan extremas condiciones, son ejemplos de cómo el trabajo en grupo permite obtener un objetivo.

Ante la tragedia de los 33 mineros atrapados en la mina San José, todo el país se impactó. La gravedad del accidente centró desde un comienzo toda la atención en el rescate de los obreros, en cómo resguardar su integridad física y emocional, y en las posibles consecuencias del encierro prolongado. Sin embargo, sostiene Verónica Aranda, socióloga de la Universidad Andrés Bello, se ha olvidado un aspecto importante, la causa del evento. “En estos momentos lo principal es rescatarlos con vida, pero existen una serie de falencias importantes, como las pésimas condiciones laborales en las que se encontraban y las deficientes fiscalizaciones, que han pasado a un segundo plano”, afirma.

El acontecimiento deja entrever, dice Aranda, la precariedad en que trabajan los mineros en pleno siglo XXI, pese a que Chile es un país de gran producción en esta área. “Esto va más allá de los distintos gobiernos, se produce una contradicción entre las ganancias de las empresas privadas versus las condiciones en que se encuentran sus trabajadores”, sostiene. Además, se aprecia una deficiencia en el rol fiscalizador del Estado, que no ha realizado revisiones sistemáticas que permitan evitar una tragedia de esta magnitud, reflejo de que las sanciones no son las apropiadas o no se aplican, dice la socióloga, lo que deja a los trabajadores en una situación vulnerable.

Prueba de esas condiciones son las imágenes que se han apreciado gracias a la cámara que se bajó a la mina: los mineros no contaban con la ropa apropiada para realizar su labor, el agua que disponían era la de las maquinarias y los alimentos eran insuficientes. 

Pese a la relevancia de las deficiencias laborales, el tema no se ha discutido con el análisis que requiere. “En el principio antes de que se supiera si estaban vivos, se habló sobre la fiscalización, pero la atención del gobierno y los medios sólo se ha centrado en rescatarlos”, indica Aranda.

La fuerza del grupo

Otro aspecto importante que el accidente mostró, dice Aranda, fue la fortaleza de las mujeres de los mineros. Ellas subieron a la mina a demandar a que las autoridades se hicieran presentes y respondieran ante el accidente, decidieron acampar en un lugar árido, donde el comercio más cercano queda a una hora, exigiendo que sacaran a sus familiares y que no se retirarían hasta que eso se cumpliera. “Se generaron liderazgos y mostraron una fortaleza admirable, que muestra la grandeza de toda la gente y el pueblo, que fueron generando redes de apoyo para alimentarse, luego llegó la prensa y el gobierno, pero ellas han resistido en terreno pese a lo poco que tienen”, destaca la experta.

Al interior del grupo de los 33 mineros atrapados también emergió la fuerza grupal, que permitió, entre otras cosas, que pudieran organizarse en racionar los pocos alimentos que tenían y asignarse tareas para sobrevivir. “Todo ello es reflejo del esfuerzo del obrero. Ellos resistieron y se organizaron, sin saber si los buscaban, hasta que logran comunicarse y decir que estaban vivos, todo ello en condiciones extrema de precariedad. Pese a todo se organizaron antes que llegaran los psicólogos o los especialistas de la Nasa”, recalca. Prueba de cómo la organización y la cohesión permiten llegar al cumplimiento de un objetivo.

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Paulina Sepúlveda

paulinasepulveda@unab.cl

 

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