Bachillerato en Humanidades

Son orientados a colaboradores de una empresa de aseo que presta servicios a UNAB. Para no quedar atrás o comunicarse con sus familiares en otros países los trabajadores se organizan con sus labores y deciden dar un salto a la modernidad.

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Cuando Catalina Arancibia cruzó el patio de Casona y se encontró con Patricia Caroca la saludó con afecto y le recordó que tenían una cita pactada: “nos vemos mañana en clases”, dijo al partir. Catalina, estudiante de Psicopedagogía de 23 años, siguió hasta una sala para continuar con su jornada de estudios. Patricia, de 57, retomó su trabajo en el campus, revisó que los pisos y oficinas que le corresponde limpiar estuviesen listos antes de terminar su día, es parte del equipo de personal de aseo.

Catalina imparte el taller de Alfabetización Digital que Patricia decidió cursar. Ambas se encuentran cada martes, a las 9 de la mañana, en el laboratorio de Multimedia de la universidad. “Me gustó porque no se nada y esto es una experiencia más en mi vida personal y profesional, en todo sentido. Yo tengo un celular moderno, pero ni siquiera sé mandar un mensaje de texto. Ahora, con en el curso que estoy haciendo y gracias a los profesores que nos están enseñando, veo lo importante que es” dice Patricia al terminar la clase.

Hace semanas el vínculo entre ambas ha cambiado, cuando se ven en los pasillos son alumna y profesora, parte conectada de una comunidad educativa. “Antes pasaba y no siempre los miraba, solo sabemos que son personas que vienen a ayudar. Pero ahora son como un alumno más, se integran y entre ellos se forman lazos que antes no tenían. A veces nos comentaban que se llevaban mal, pero con la clase se han incluido, se conocieron, saben que una vez a la semana se verán en el taller”, cuenta Catalina.

Alfabetización Digital es impartido por cuatro alumnas de cuarto año de Psicopedagogía, quienes cursan su práctica profesional. La iniciativa tiene por objetivo acercar y desarrollar conocimientos de estrategias de comunicación virtual específicamente en los colaboradores de aseo. En las clases les enseñan cómo manejar un smartphone y el computador con diferentes objetivos, desde comunicarse con sus familiares, ubicarse en un plano, pagar cuentas, hacer curriculums. Muchas de ellas consideradas tareas habituales a través de la red para muchos, pero lejanas en el cotidiano de otros.

Esta experiencia ha sido enriquecedora tanto para las alumnas como para quienes asisten al taller, ya que como explican desde la coordinación de la práctica, desde un enfoque formativo y profesional el proceso vuelve coherente el sentido de inclusión social.

Para reforzar ese rol social el acento se ha puesto en un factor diferenciador que tiene la UNAB en su carrera de Psicopedagogia, con respecto a las impartidas por otras universidades. “Al hablar de vínculo es fundamental comprenderlo desde una mirada humanizadora, social y potenciadora; donde la interacción que se genera entre alumna y profesora es de calidad. El proceso completo que se forja tiene intención y significado, en definitiva, buscan trascender en el tiempo, por eso es una fórmula maravillosa para asegurar experiencias exitosas de aprendizaje”, detalla Nicole Hödar, profesora supervisora de práctica profesional.

Sentido social

“La Responsabilidad Social Universitaria (RSU) es un compromiso que asumimos todos como institución, donde lo fundamental es el rol del estudiante, quien asume y gestiona iniciativas que pueden causar impacto positivo en su realidad, con un fuerte sentido social que lo acompañará durante toda su vida profesional”, dice Pamela Araya, coordinadora del Centro de Potenciación y Aprendizaje las prácticas de la Carrera de Psicopedagógica.

En total se gestionaron cuatro talleres a la semana, un esfuerzo por parte de las profesoras a cargo y los propios estudiantes. “Fue difícil coordinar pensando que se trata de una empresa externa, que el campus Casona es muy grande y que se necesita que estén constantemente haciendo sus labores. El hecho de que nos hayan dado este espacio ha sido maravilloso para nosotros y para ellos”, agrega Hödar.

Para no descuidar los turnos los trabajadores y la empresa se han organizado. Mientras algunos se encuentran en clases son reemplazados por quienes acudirán al taller en otro horario. En la sala de clases aprenden cómo adjuntar y adaptar archivos o escribir en word. Una de las alumnas, que llegó a Chile sola desde Bolivia, se comunica con su familia a la distancia gracias a las redes sociales que ahora aprendió a usar.

Experiencia de aprendizaje

Mientras, Olga Alfaro se adelantó a las necesidades de su propia familia. “Nos estamos quedando muy atrás, estamos como analfabetas de la tecnología en este tiempo porque mi hijo de 13 años sabe y yo no sé ni siquiera encender el computador para ver qué hizo o qué está viendo. Por eso me interesa mucho aprender, porque es chico todavía, pero en uno o dos años más no sé con quién se relacionará. El computador es un mundo de cosas buenas, pero también de cosas malas, por eso necesito aprender”, cuenta.

La estructura del taller fue elaborada luego de una reunión entre coordinadoras, profesoras y trabajadores. En la oportunidad recogieron las necesidades de cada uno de los funcionarios. “Muchos presentaron la inquietud de indagar más en Google, de investigar sobre recetas, otros que se manejan un poco más querían levantar plataformas en las cuales esperan levantar recetas de cocina propias de su cultura. Entonces estos talleres se focalizan en dar un primer paso”, indica Hödar.

Con cada clase los alumnos del curso han adquirido mayor seguridad y confianza en sí mismos, eso gracias a las experiencias de aprendizaje que les permiten posesionarse con mejores herramientas ante diversas situaciones que deben enfrentar día a día.

Para Valentina Mesa, estudiante de cuarto año de Psicopedagogía, uno de los puntos relevantes de este taller es la relación que se ha generado en el grupo. “Con esto se crea un mejor clima interpersonal, reforzamos que ellos mismos puedan reconocer sus habilidades y debilidades, parte de su historia, que lo sepan expresar y compartir con los demás, esos a la vez va a generar un mejoramiento de trabajo al mismo momento que aprenden computación”.

“La verdad es que ha sido una experiencia satisfactoria porque ver las caras de emoción al aprender cosas nuevas es súper llenador porque nos dice que estamos haciendo las cosas bien. Entonces verlos en la calle o acá mismo en la universidad cuando les decimos que los esperamos mañana vienen con más ganas al taller”, agrega Catalina.

Uno de los últimos ejercicios que realizó Patricia en clases fue enviar, desde su nuevo email, una solicitud para tener las fotografías tomadas durante el curso de alfabetización de UNAB y que ilustran esta nota. Para ella, es el registro de las clases a las que asiste cada semana donde se vincula de otra forma con sus compañeros de trabajo, donde cada día es un desafío y la sala un espacio hecho para que alumnos y maestros crezcan como profesionales y como personas.

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