Educación y Ciencias Sociales

Filipe Campello, doctor en Filosofía por la Universidad Goethe, Frankfurt, expuso sobre el tejido social y político de Brasil, además de los hechos que condujeron a la llegada de Jair Bolsonaro.

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Organizado por el Doctorado Teoría Crítica y Sociedad Actual de UNAB el “Seminario: La idea de una teoría crítica de los afectos” tuvo como protagonista a Filipe Campello, doctor en Filosofía por la Universidad Goethe, Frankfurt, académico de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE) e investigador del Núcleo de Estudios en Filosofía Política y Ética (Nefipe) de la misma casa de estudios.

La instancia consistió en un encuentro interdisciplinario en el que participaron académicos y alumnos del Doctorado de Teoría Crítica y Sociedad Actual (Tecsa) UNAB, donde se discutió la investigación del académico, quien desarrolla la investigación sobre la teoría crítica. Por estos días elabora un libro sobre teoría crítica de los afectos, que según explicó contiene “emociones políticas” debido al contexto político actual.

Uno de los puntos abordados fue el trato de las fake news en Brasil y su circulación a través de redes como Whatsapp, además de la forma en que obtuvo la victoria el actual presidente Jair Bolsonaro, impulsada por una fuerte la manipulación del afecto del miedo en la población.

“Últimamente hemos visto formas de circulación de afectos con un miedo fuertemente identitario, como ocurre en Estados Unidos y el conocido Ordering, donde Trump resalta que ´el problema no somos nosotros son los mexicanos, los inmigrantes´. Creo que lo que estamos viendo últimamente es un crecimiento de la extrema derecha y hay muchos resultados de cómo esos afectos están siento movilizados. Acá uno de los afectos que cumple un papel muy fuerte es el nacionalismo, como una forma identitaria y afectiva de exclusión”, explicó Campello.

Para explicar dicho contexto el académico detalló parte de los hechos ocurridos en 2013 en Brasil, durante el gobierno de Dilma Rousseff, cuando a comienzos de junio de ese año comenzaron las protestas en Sao Paulo, en respuesta al aumento del costo del transporte público. Las protestas se intensificaron a mediados de mes, con el uso de balas de goma contra los manifestantes y periodistas.

“Es importante que en 2013 se iniciaron las manifestaciones cómo el grupo tenía muy claro que era una demanda por el transporte público tras el anuncio de un alza en el precio del pasaje. Lo interesante de la articulación, de esa demanda, es que con las condiciones mínimamente materiales muchos de los sujetos que antes estaban fuera como actores políticos ahora podían articular otras demandas de injusticia”, agregó el académico.

Demandas ciudadanas

Durante junio las movilizaciones no solo se ejecutaban en Sao Paulo, distintas ciudades también se sumaron. Río de Janeiro contó con la asistencia de 100.000 personas a una manifestación el 17 de junio, y que se prolongó hasta el día siguiente.

Campello explicó que ahora formaban parte de la movilización grupos que se mantenían alejados de cualquier movimiento de la sociedad civil organizada. “Había una autoestima que se articulaba en aquellos años que para mí posibilitaron crear otras demandas. Entonces eran los sujetos que antes estaban completamente fuera, que no tenían autoestima mínima para demandar otros criterios de injusticia, no tenían fuerza, persona se ven desde un espacio de humildad y mucha resignación”, dijo.

Al analizar ese movimiento el académico registró que en ese contexto nació un sentimiento en la comunidad, un afecto de autoestima que posibilitó ver otras situaciones de injusticia, como por ejemplo la inequidad en la salud o el transporte público en su conjunto que no era digno. Fue entonces el surgimiento de nuevas demandas.

Para el académico fue también el tiempo donde la extrema derecha aprovechó la instancia y progresivamente instaló un discurso que años más tarde tendría sus frutos en las elecciones que sacaron como presidente a Jair Bolsonaro a fines de 2018.

“Evidentemente se fue apropiando de todo aquel discurso, como una forma de legitimidad del gobierno. Es muy interesante ver cómo la extrema derecha, hablando del golpe militar, el nacionalismo, todo el discurso más conservador y ultranacionalista, lo ha utilizado como una nueva movilización de afectos, con elementos muy fuertes; con la bandera de Brasil, con el himno nacional, con el miedo. Todo eso se cambió de una manera increíble en una o dos meses, una articulación de demandas luego se cambio con una circulación de afectos muy fuertes y el cómo esos afectos circularon resulta ser aún más interesante”, analizó.

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