Conoce a tu Profe

El Decano Interino de la Facultad de Derecho, quien creció entre cosechas y la lechería de sus padres en Mulchén, dejó atrás los verdes paisajes para seguir su sueño de convertirse en abogado, lo que hoy lo tiene totalmente feliz.

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El primer contacto que tuvo Jaime Carrasco con la Universidad Andrés Bello fue en el año 2013 cuando llegó a coordinar el Departamento de Derecho Procesal, cargo en el que estuvo durante un año, ya que luego pasó a ser el director de Postgrados y recientemente asumió como Decano Interino de la Facultad de Derecho.

De mirada y voz tranquila, el abogado de 38 años tiene algo que hace pensar en una vida fuera del estrés y la rapidez de Santiago. Eso porque sus orígenes están en la pequeña comuna de Mulchén, región del Bío-Bío, donde creció junto a sus papás y dos hermanos.

“Fue bonito, era una vida austera y muy sencilla. No había luz eléctrica en mi casa, así que en invierno estudiábamos con velas o con lámparas a parafina. Era bien sacrificado también, viajábamos de lunes a viernes de la casa al colegio en Los Ángeles. Pero me encantan mis raíces, me siento orgulloso de ser de donde soy”, asegura.

Sus mejores recuerdos del sur se funden entre cosechas de trigo y avena, la lechería creada por sus padres, caminatas por el bosque, juegos con autitos en un arenal y almuerzos familiares. Así, refuerza que “el campo es bonito, se come rico, se pasa bien, la gente es amistosa y no vive tan estresada como acá en Santiago. Me gusta haber crecido rodeado de animales y de vegetación porque uno tiene otra mística con la vida y la naturaleza, aprende otras cosas”.

Pero en algún momento tuvo que dejar esa vida atrás y llegó nada menos que a Santiago para cursar su educación superior. “Fue un cambio importante, mis hermanos se fueron a vivir con mi abuela y yo con un tío. Fue fuerte, muy radical, incluso yo hablaba más cantadito así que me molestaban, pero fue interesante llegar a una ciudad grande y llena de ‘tacos’”, recuerda divertido.

De esta forma, el cambio de vida fue algo que pronto superó, ya que estaba estudiando Derecho en la Universidad de los Andes, carrera que hace tiempo anhelaba, y encontró en sus compañeros grandes amigos.

“No recuerdo bien por qué, pero en primero medio ya me empezó a gustar el conflicto, el litigio, ser bueno para opinar y argumentar cosas. Nunca tuve dudas, había otras cosas que me gustaban también, pero me decidí por Derecho y parece que no me equivoqué, me ha ido bien y estoy muy contento con la vida que tengo”, dice Jaime.

Luego de titularse, Jaime continuó con sus estudios, completando un Magíster en Derecho de la Empresa, un Magíster en Derecho Público y luego un Doctorado en Derecho. También empezó a hacer clases en varias universidades hasta que llegó finalmente a la UNAB.

Debido a esto, siente que su vida está recién partiendo, ya que dedicó tantos años a perfeccionarse. “Cuando uno está haciendo sus estudios de postgrado deja todo, yo dejé mis clientes, la oficina donde trabajaba y me dediqué solamente a hacer mi tesis”, señala, aunque su vida ya está encaminada: se compró una casa y quiere consolidar su oficina de abogados.

Así, por ahora disfruta de hacer clases, de pasear junto a su polola Consuelo, de sus fines de semana viendo Netflix -la última serie que está siguiendo es “Vikingos”- y de cuidar su jardín. Además, tiene claro sus planes para más adelante, le gustaría comenzar un emprendimiento y volver al sur cuando se retire. Pero hay una idea que espera concretar en el corto plazo: formar una familia.  “Planté muchos árboles en el sur y el libro ya lo escribí, me falta casarme y formar mi familia”, reflexiona con una sonrisa.

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