Dr. Manuel Suárez cierra 8° Conferencia de Cultura Científica UNAB con fascinante charla sobre la Historia de la Tierra | Noticias Universidad Andrés Bello
Centro para la Comunicación de la Ciencia

El destacado geólogo e investigador de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Andrés Bello ofreció un viaje geológico extraordinario con la charla “El mundo Jurásico de Aysén y el Tiempo Geológico” para dar a conocer aquello que une a todos los seres humanos: la Historia de la Tierra.

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La última charla de la octava versión de la Conferencia de Cultura Científica organizada por el Centro para la Comunicación de la Ciencia UNAB estuvo a cargo del Dr. Manuel Suárez, investigador y docente de la Facultad de Ingeniería UNAB. Dictada el pasado miércoles 10 de noviembre a través de plataformas digitales, “El mundo Jurásico de Aysén y el Tiempo Geológico” se convirtió en un relato apasionante, intercalado con interesantes datos anecdóticos y reflexiones acerca de nuestros tiempos.

El viaje comienza con la imagen de una piedra, o mejor dicho, un fósil. “¿Son sólo fósiles?” pregunta el Dr. Manuel Suárez, para luego explicar que gracias a la Geología y el descubrimiento de estos restos petrificados es que el ser humano logró calcular la edad de la Tierra y con ello generar lo que se conoce hoy como la Gran Historia.

“Durante siglos el mundo existió ‘sin fósiles’, en el sentido que las personas no sabían que estos eran restos de vida petrificados en las rocas, por lo tanto, no teníamos una Historia de la Tierra, teníamos un gran vacío lleno de mitos y leyenda”, señala el geólogo. De hecho, se pensaba que los fósiles eran restos del diluvio bíblico, obra del diablo o juegos de la naturaleza; personalidades de la talla de Cervantes y Shakespeare no sabían lo que era un fósil.

A juicio del Dr. Suárez son dos los grandes hitos que permitieron entrar en la Gran Historia: la invención de la escritura hace unos 5.500 años atrás, lo que llevó a la lectura de textos, y el reconocimiento de que los fósiles también son letras de un alfabeto que se lee en las rocas. “En ese momento se inicia realmente el conocimiento de la Historia de la Tierra y de esa manera podemos viajar a mundos del pasado”.

El presente es la clave del pasado
En su relato, el investigador de la UNAB repasa las contribuciones realizadas por quienes han sido considerados los padres de la Geología, entre ellos el científico danés Nicolás Steno y su par inglés Robert Hooke, del siglo 17. Desde allí salta al siglo 18 para situar a la audiencia en la ciudad de Edimburgo, Escocia, durante lo que se conoce como la “Ilustración escocesa”, una época de enorme efervescencia intelectual. Allí, entre grandes pensadores como el economista Adam Smith, el filósofo David Hume, el escritor Walter Scott y tantos otros, se encontraba también el científico James Hutton, el hombre que fundó el tiempo.

“Hutton probó que la Tierra es muy antigua, mucho más antigua de lo que se pensaba y que estaba continuamente cambiando de aspecto por fuerzas en constante acción” explica el Dr. Suárez, agregando una frase célebre del geólogo escocés: “El presente es la clave del pasado”. En el fondo, James Hutton se dio cuenta que mirando las formaciones rocosas del presente podía descifrar el pasado.

Se necesitaron miles de horas de trabajo de miles de geólogos, cada uno construyendo sobre el legado de otro, para determinar una escala del tiempo relativa. Luego, con el descubrimiento de la radioactividad, hacia fines del siglo 19 y principios del siglo 20 se logró calibrar la edad de las rocas y fósiles, con lo cual se pudo establecer una escala de tiempo de millones de años.

El investigador admite que es muy difícil conceptualizar lo que son millones de años, pero lo ejemplifica convirtiendo la cronología de la Tierra al calendario de un año. Si la Tierra se hubiese formado un 1 de enero, las rocas más antiguas se habrían formado el 5 de marzo; los dinosaurios más antiguos serían del 13 de diciembre y habrían desaparecido alrededor del 26 de diciembre. “Nosotros aparecemos en los últimos segundos de la vida de la Tierra”, sostiene.

El viaje continúa en el siglo 20, en la Belle Epoque, con el escritor H.G. Wells, quien horrorizado por la matanza de la I Guerra Mundial escribe: “No puede haber una paz y prosperidad común en todo el mundo sin ideas históricas comunes; solo con estrechas, egoístas y conflictivas tradiciones nacionalistas, las razas y pueblos están destinados a derivar a conflicto y destrucción”.

“¿Y cuál es esa historia común?”, se pregunta Manuel Suárez. “Es el viaje desde los inicios del universo hasta que aparece nuestra especie. Para conocer la evolución del ser humano hay que aprender de la evolución de la vida en la Tierra, lo cual significa conocer la historia de la Tierra, la evolución de las estrellas y planetas, es decir, saber de la evolución del Universo”, dice.

Esto es lo que realiza el historiador David Christian, nacido en 1946, a través de su concepto de la Gran Historia, conectando la historia del cosmos, de la Tierra, de la vida y de la humanidad. El Dr. Suarez continúa su relato detallando los principales hitos de la evolución de la Tierra según los libros de Christian, desde el Big Bang, pasando por la aparición de la vida hace 3.800 millones de años, el inicio de la vida visible en la Tierra y llegando hasta la aparición de los dinosauros. Aquí el académico se detiene para contar uno de los hitos de su carrera y que comienza el día en que su hijo encontró un dinosaurio.

El Chilesaurus
Fue el verano de 2004, durante un paseo en familia en la Región de Aysén, al sur del Lago General Carrera. Diego, su hijo de siete años, que en palabras del académico “andaba buscando dinosaurios”, de pronto alzó la voz: “¡Encontré huesos fósiles!”

Tras el hallazgo, los diminutos trozos de hueso fueron llevados donde el Dr. Fernando Novas, paleontólogo del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, en Buenos Aires. El académico de la UNAB reflexiona acerca del trabajo entre ambos países: “En geología no hay fronteras, menos en la Patagonia. Además, en nuestro caso hay amistad y hay otra cosa que es bastante importante entre Chile y Argentina, tenemos la tercera frontera continua más larga del mundo, 5.300 km, más de 200 años de historia y nunca una guerra. Cerca, sí, pero nunca una guerra y eso es muy importante, mucho más que ser campeones de fútbol, a mi entender”.

El relato sigue con los primeros hallazgos de huesos aislados para luego encontrar, en uno de los cortes de tierra, un animal bastante entero que reunía todas las características de herbívoro y carnívoro que se habían visto en los huesos sueltos. “Ahí nace realmente el Chilesaurus diegosuarezzi”, dice Suarez, agregando que es un Terópodo con transición al grupo de los Ornitisquios, “Novas lo describe así: cuello de guanaco, cuerpo de ñandú y bracitos de Tiranosaurio, una cosa rarísima y por eso se hizo tan famoso”.

El Chilesaurus actualmente se encuentra en el Museo Nacional de Historia Natural de Chile, y parte de él en el Museo Regional de Aysén. Este hallazgo, cuenta el investigador, dio paso a varios otros, como el cocodrilo Burkesuchus mallingrandensis, muy cercano a los antecesores de los cocodrilos actuales. También encuentran saurópodos, los gigantes herbívoros de cuello largo. Gracias a las rocas pudieron dar con la edad de estos dinosaurios en millones de años y situarlos en el Jurásico alto, donde había un clima cálido y húmedo, el Atlántico no existía y aparecen las primeras aves, los réptiles voladores. “El mundo Jurásico de Aysén era de dinosaurios, cocodrilos, volcanes y mar”, dice.

Este recorrido extraordinario por la Historia de la Tierra sigue con el periodo Cretácico, época en que la Patagonia fue inundada por el mar de la cuenca Austral, y donde encontraron recientemente en rocas de esa edad al primer plesiosaurio de Aysén perteneciente al Cretácico inferior, de unos 132 millones de años de antigüedad.

El viaje finaliza con la extinción de los dinosaurios no aviarios a fines del Cretácico, se cree que por la caída de un asteroide de 10 km de diámetro. “Terrible para los dinosaurios, pero fantástico para nosotros” sostiene el Dr. Suárez, explicando que al ser pequeños y habitar en cuevas, muchos mamíferos de esa época se salvaron y proliferaron.

Manuel Suárez concluye afirmando que el descubrimiento del Tiempo Profundo cambió para siempre la idea del sitio del hombre en el Universo. “Ha sido un largo y peligroso recorrido desde los mamíferos de hace 200 millones de años atrás, hasta llegar a los humanos, nosotros”. Esto, porque ha habido repetidas extinciones en el transcurso de esa época; además, se sabe que el homo, el hombre moderno, coexistió con otras especies de hombres que hoy ya no están, “los neandertales, los denisovan, los bodoensis”, indica el académico, “por eso nosotros tenemos que agradecer el estar aquí hoy”.

La charla completa se encuentra disponible aquí.

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