Diario Estrategia | PAES: separar el “quién soy” del “cuánto saqué”
María José Millán Monares, académica de Psicología de Universidad Andrés Bello, sede Concepción, explica lo importante que es respetar espacios cuando los resultados no son los esperados.
Recibir los resultados de la PAES es un hito de alta intensidad emocional.
Para la gran mayoría de los jóvenes, el puntaje obtenido, más que un dato numérico, es el espejo donde buscan ver reflejados meses —o años— de esfuerzo, las expectativas de sus familias y, sobre todo, sus propios proyectos de vida.
Por eso, cuando el resultado no coincide con lo esperado, el impacto no es
exagerado ni trivial: es un duelo que merece ser respetado.
Por estos días la conversación gira en torno a rankings y postulaciones, es comprensible que aparezcan emociones como rabia, frustración o una profunda tristeza.
PAES: atención a las sensaciones
Sin embargo, en nuestra cultura de la inmediatez, suele activarse una fuerte presión por “dar vuelta la página” rápidamente.
Escuchamos frases bienintencionadas como “no es tan grave” o “ya pasará”, que, paradójicamente, pueden aumentar el malestar al invalidar la experiencia interna del estudiante.
Antes de correr a buscar soluciones académicas, es fundamental pausar. La decepción necesita ser nombrada y elaborada.
Permitirse decir “esto duele” y detenerse un momento es, de hecho, la condición necesaria para recuperar la claridad mental requerida para tomar decisiones futuras.
Uno de los riesgos más silenciosos en este proceso es que el estudiante comience a definirse a partir de ese número.
Roles
Es vital recordar —y recordarles— que la PAES evalúa un desempeño en un contexto específico y bajo condiciones determinadas, pero jamás mide el valor personal, la inteligencia ni el potencial humano.
Cuando confundimos el resultado con la identidad, la autoestima se fractura.
Separar el “quién soy” del “cuánto saqué” es la tarea más importante de esta etapa.
Aquí, el rol de las familias es insustituible.
Para madres, padres y cuidadores, ver la desilusión de un hijo despierta sus propios temores sobre el futuro.
No obstante, el mejor acompañamiento no es el que ofrece respuestas urgentes, sino el que ofrece “puerto seguro”.
Se trata de sostener sin juzgar, evitar las comparaciones odiosas con otros pares y transmitir, de forma explícita, que el vínculo afectivo es incondicional y no depende de un éxito académico.
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