18 Mayo 2026

Diario Estrategia | La ingeniería que Chile necesita

En una Carta al Director publicada el 16 de mayo de 2026, Lilian San Martín, directora del Comité de Igualdad de Género de la Facultad de Ingeniería UNAB, aborda el inequidad de género que aún existe en el país.

El día siguiente al terremoto de 1647, que costó la vida de entre 600 y mil personas, se vivió el primer gran proyecto de ingeniería multidisciplinaria de nuestra historia, cuando los sobrevivientes se levantaron entre los escombros de Santiago y comenzaron a reconstruir un reino devastado. Por eso, cada 14 de mayo, se conmemora el Día Nacional de la Ingeniería.

Hoy, casi cuatro siglos después, la ingeniería sigue siendo la disciplina que levanta a Chile tras cada crisis, la que sostiene su economía y diseña su futuro, aun cuando todavía no logre saldar la deuda con el talento femenino.

Las bajas cifras de mujeres en Ingeniería

Las cifras son elocuentes. Según el Consejo de Rectores, apenas el 25% de los estudiantes de carreras de ingeniería y tecnología en Chile son mujeres. En minería, motor del 10% del PIB nacional, ellas representan solo el 8% de la fuerza laboral. En informática, el 18% de los egresados. En inteligencia artificial, a nivel global, solo el 22% de los profesionales son mujeres, según el Foro Económico Mundial.

No estamos ante una brecha de capacidades: estamos ante una brecha de oportunidades construida durante generaciones.

Lo paradójico es que la evidencia demuestra exactamente lo contrario del prejuicio. Estudios de Cochilco y del Consejo Minero documentan que los equipos mixtos en minería registran menor accidentabilidad, mejor comunicación y mayor productividad.

Confianza

El estudio Mujer y Trabajo 2026 de Cadem y ChileMujeres revela que la brecha de confianza digital entre hombres y mujeres alcanza 14 puntos, no por falta de competencia, sino por un entorno que ha repetido durante décadas que ese no es su lugar.

La historia de la ingeniería, en rigor, es también una historia de mujeres invisibilizadas. Ada Lovelace escribió el primer algoritmo en el siglo XIX. Las seis programadoras del ENIAC, en 1945, crearon la computación moderna desde el anonimato

Grace Hopper inventó el primer compilador. Katherine Johnson calculó las trayectorias del programa Apolo cuando la NASA no dejaba a las mujeres negras usar el mismo baño que sus colegas. No son excepciones: son la regla silenciada.

Más allá del protocolo

Hoy, la inteligencia artificial redefine industrias enteras y la ausencia de mujeres en su diseño no es solo una injusticia, es un riesgo técnico. Investigaciones del MIT demostraron que los algoritmos de reconocimiento facial entrenados por equipos homogéneos fallaban hasta un 35% más al identificar rostros de mujeres de piel oscura. El sesgo no estaba en la máquina: estaba en quienes la programaron.

Este 14 de mayo, celebrar la ingeniería en Chile exige mirar más allá del homenaje protocolar. Exige preguntarnos por qué una niña que pregunta si puede estudiar robótica sigue sin encontrar suficientes referentes que le digan que sí.

Por qué los textos escolares siguen mostrando ingenieros siempre en masculino. Por qué en una sala universitaria con veinte alumnos, solo tres son mujeres y todas sienten que deben esforzarse el doble para ser tomadas en serio la mitad.

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