09 Febrero 2026

Diario Estrategia | El PC y la Dictadura Cubana

Felipe Vergara Maldonado, analista político de la UNAB, explica en una columna publicada el 6 de febrero de 2026, explicó en esta columna lo que ocurre con esta colectividad y su defensa del régimen cubano.

Negar una dictadura no la hace desaparecer, sería bueno que el PC así lo entienda; cambiarle el nombre, justificarla por sus supuestos logros o relativizarla según la ideología que la respalde no altera su esencia.

Por eso resulta intelectualmente deshonesto afirmar que Cuba no es una dictadura, del mismo modo que sería inaceptable negar que en Chile hubo una dictadura militar; en ambos casos, el patrón es claro: concentración del poder, represión de la disidencia y restricciones sistemáticas a las libertades fundamentales y los Derechos Humanos.

América Latina: dictadura en diversas formas

Este problema no es exclusivo de un país ni de una época: en América Latina,dictadura PC Venezuela Hungría Nicaragua ha derivado hacia un régimen abiertamente autoritario, con persecución política, cierre de medios y eliminación de la competencia electoral real.

En Venezuela, el vaciamiento de las instituciones democráticas, la cooptación del poder judicial y la criminalización de la oposición configuran un sistema donde la soberanía popular es puramente formal.

Incluso en contextos más discutidos, como El Salvador, la concentración de poder, el debilitamiento de los contrapesos institucionales y el uso excepcional y prolongado de estados de emergencia, plantean alertas serias sobre la deriva autoritaria, aunque ésta cuente con respaldo electoral.

Otros ejemplos

El fenómeno tampoco es ajeno a Europa: en Hungría, el progresivo deterioro del Estado de derecho, la captura de los medios de comunicación y la subordinación del poder judicial han dado lugar a lo que muchos describen como un régimen “iliberal”: una democracia vaciada desde dentro, donde las elecciones existen, pero la competencia y la libertad política están profundamente erosionadas.

Frente a estos ejemplos, la discusión no debería centrarse en si un régimen “hizo cosas buenas” o si actuó en nombre de causas populares, de la seguridad o de la justicia social.

Ese razonamiento instala una distinción peligrosa: la idea de que existen dictaduras aceptables y otras condenables: no las hay.

Pinche acá para leer la nota de El Mostrador del 6 de febrero de 2026