Concepción

La directora de Psicología de la sede Concepción de la Universidad Andrés Bello entrega una mirada respecto de cómo enfrentar un período de convulsión social que hoy enfrenta el país.

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“Los jóvenes y la salud mental en un mundo en transformación” lema con el cual la Organización Mundial de la Salud, conmemoró el Día Internacional de la Salud Mental y que hoy me hace reflexionar respecto a las movilizaciones en nuestro país y en distintos lugares de América Latina y el mundo. Los últimos días hemos estado siguiendo paso a paso las movilizaciones, marchas y actos de violencia en protesta de una serie de injusticias y deudas históricas en temas equidad de acceso a salud, educación, pensiones dignas, medio ambiente, salarios, entre otras.
Sabemos que la exposición prolongada a una situación estresante y sobre la cual no tenemos control, puede tener un impacto directo en el bienestar de las personas. Al encontrarnos en una suerte de círculo vicioso, donde el malestar pudiera llegar a generar más malestar, es esperable sentir nerviosismo, tristeza y/o llanto, frustración, sentimientos de impotencia, pesadillas y/o insomnio, enojo y/o irritabilidad, disminución de la capacidad de trabajo, recuerdos muy vívidos si se presenció algún evento en específico y sentirse abrumado.
Las recomendaciones del Ministerio de Salud y OMS para el propio autocuidado y el de la familia, indican que, lo primero es entender que dichas reacciones son esperadas en un contexto como el que estamos viviendo en el cual es inevitable recordar los saqueos del 27F y los tiempos de dictadura, para los que la vivieron. El fenómeno de los saqueos ocurridos durante la emergencia del 2010 fue ampliamente estudiado y se llegó a algunas conclusiones como que ” a través de los relatos de las personas se van configurando escenarios de caos, donde el miedo al saqueo se instala en el imaginario colectivo, generando más confusión, angustia y sentimiento de indefensión”. Frente a ello algunas comunidades han defendido sus barrios y otras, paralizados por el miedo y la percepción de vulnerabilidad, se han transformado en espectadores silenciosos de los saqueos.
Algunas de las recomendaciones para el autocuidado son: Buscar compañía y compartir sus sentimientos y pensamientos con otras personas, participar de la organización en su comunidad, escuchar y ayudar a adultos mayores y grupos más vulnerables, aportando información, ayudando a resolver dificultades que estén a su alcance, tener información de farmacias de turno y procedimiento para solicitar salvoconducto de ser necesario trasladar a algún familiar o vecino a un centro asistencial.
Escuchar y ayudar a otras personas en su misma situación, especialmente a grupos más vulnerables e informarse de la situación de fuentes oficiales y evitar noticias reiterativas y sensacionalistas es clave.

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