04 Marzo 2026

Cuando educar era subversivo: Andrés Bello y su apuesta por el talento de las mujeres

La historiadora María Gabriela Huidobro plantea que Andrés Bello no fue un pensador feminista, pero sí un intelectual con una amplitud de miras poco habitual para su época, capaz de reconocer el talento femenino y de abrir espacios para la educación de las mujeres.

Durante décadas, Andrés Bello fue leído como el gran arquitecto del Estado chileno, el jurista y educador que ayudó a dar forma a la república.

La historiografía ha explorado mucho menos otra dimensión de su pensamiento: su reconocimiento del talento intelectual femenino en una sociedad que excluía sistemáticamente a las mujeres del espacio público y limitaba su acceso a la educación.

“La mirada de Andrés Bello debe valorarse como una disposición de vanguardia. Él vivió y pensó en una sociedad donde predominaba una visión tradicional sobre las capacidades y los roles que se les reconocían a las mujeres. No gozaban de ciudadanía plena ni de acceso sistemático a la educación formal”, explica María Gabriela Huidobro, académica, historiadora, exdecana de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales (FECS) de la Universidad Andrés Bello (UNAB), y autora del capítulo “De historia y feminismo: el apoyo de Andrés Bello a la intelectualidad y talento de mujeres” en el libro Andrés Bello. La curiosidad sin límites.

En el siglo XIX, la sociedad esperaba que las mujeres se limitaran al ámbito doméstico y a ser buenas madres y esposas. Para ello —según el imaginario de la época— bastaba una educación básica.

En ese escenario, el reconocimiento que Bello hizo del talento femenino adquiere un significado particular.

“Bello reconocía que las mujeres podían tener grandes talentos intelectuales o creativos y que había que apoyarlas para que los desarrollaran. En ese contexto, su valoración del talento femenino y su defensa de la instrucción de las mujeres resultan significativas”, sostiene Huidobro.

Educación y proyecto republicano

Para Andrés Bello, la educación era un pilar fundamental del proyecto republicano de las nuevas naciones americanas.

La consolidación de las repúblicas, su autonomía y su capacidad de desarrollo dependían, a su juicio, de una ciudadanía preparada para participar activamente en la vida política y social.

“La única forma de que las repúblicas se consolidaran y fortalecieran su autonomía era contar con una ciudadanía bien preparada para participar del proyecto político. En ese marco, la educación de las mujeres no fue un asunto accesorio, sino parte de un ideal civilizatorio más amplio”, afirma la académica.

Aunque Bello no formuló un programa explícito de educación femenina, sí defendió su valor y promovió, desde distintos espacios, el cultivo intelectual de las mujeres.

En su visión, una sociedad ilustrada debía aprovechar todos sus talentos sin distinción de género, aun cuando esta convicción conviviera con los marcos culturales propios de su época.

Mujeres como sujetos intelectuales

Uno de los aspectos más interesantes del pensamiento de Bello es que reconoció a las mujeres como sujetos intelectuales, más allá de los roles tradicionales que les asignaba la sociedad decimonónica.

“Bello no sólo valoró a las mujeres como esposas o madres, sino también como lectoras, escritoras, traductoras, músicas y creadoras. Las trató como interlocutoras válidas en espacios de sociabilidad intelectual. Las incentivó a escribir y publicar, y reconoció explícitamente su talento”, señala Huidobro.

Esta valoración se expresó también en vínculos concretos con mujeres influyentes de su tiempo. Bello mantuvo intercambios intelectuales y políticos con figuras como Javiera Carrera. Expresó una profunda admiración por la curiosidad intelectual de Enriqueta Pinto de Bulnes e incentivó a Mercedes Marín a publicar su poesía, entre otras.

Límites y diálogos con el presente

Visto desde el presente, el pensamiento de Bello presenta límites evidentes. Nunca cuestionó de manera estructural la subordinación jurídica y política de las mujeres ni propuso una igualdad plena en términos de derechos.

Su defensa de la educación femenina convivía con una concepción todavía tutelar y moralizante del rol femenino.

“Abordar críticamente estos límites no implica deslegitimar su figura. Implica entenderla en su complejidad y respetarla de acuerdo con los marcos culturales y temporales en los que vivió, reconociendo tanto sus aportes como sus silencios”, advierte la historiadora.

Pese a estos límites, varios aspectos del pensamiento de Bello dialogan con los debates actuales sobre feminismo, género y educación. Su convicción de que la educación es una herramienta de emancipación, su defensa del mérito intelectual y su disposición a reconocer el talento femenino siguen siendo relevantes para las discusiones contemporáneas sobre igualdad de oportunidades y justicia educativa.

“Bello nos recuerda que los proyectos educativos y republicanos que excluyen a las mujeres están, desde su origen, incompletos”, enfatiza Huidobro.

Releer a Andrés Bello

En el marco de la Semana de las Mujeres, revisar críticamente figuras como Andrés Bello permite enriquecer la comprensión del pasado. También permite visibilizar a las mujeres que participaron en los procesos intelectuales y culturales del siglo XIX y comprender cómo se fueron abriendo, de manera lenta y gradual, ciertos espacios históricamente vedados.

“Estas revisiones ayudan a construir genealogías femeninas y a reconocer que los avances no surgieron de la nada, sino de redes, apoyos y alianzas”, señala la académica. Agrega que Bello no fue un actor aislado, sino parte de un entramado de intercambios con hombres y mujeres que también enriquecieron su pensamiento.

Finalmente, el legado de Bello en relación con las mujeres no se limita a su tiempo. La valoración de la educación y del talento femenino tuvo continuidad en su entorno familiar y en generaciones posteriores.

“La trayectoria de descendientes como Inés Echeverría Bello, Rebeca Matte Bello o Teresa Prats muestra cómo esa valoración produjo efectos concretos y permitió que ciertas ideas dieran frutos a largo plazo”, concluye Huidobro.