Clan Bang de Fujian: claves del modus operandi de la mafia china
El segundo de una serie de informes que prepara el Observatorio del Crimen Organizado y Terrorismo (OCRIT) de la UNAB sobre las organizaciones criminales transnacionales presentes en el país examinó la historia, expansión y mecánica de la banda de origen asiático, cuyo arribo a Chile se estima en el año 2020, en plena pandemia. Si bien -a diferencia del Tren de Aragua- opera mayoritariamente con un bajo perfil violento, el uso de “fachadas” lícitas esconden una silenciosa y ascendente gama de actividades delictuales.
Cultivo intensivo de marihuana, tráfico de migrantes, trata de personas para explotación laboral y sexual, extorsiones y uso de casinos, malls, salas de karaoke, juegos y salones de belleza como “fachadas” para esconder los centros de operaciones de sus delitos. El portafolio criminal de la mafia china en Chile es amplio, creciente, pero aún con un bajo uso de violencia.
Así lo evidencia un nuevo reporte del Observatorio del Crimen Organizado y Terrorismo (OCRIT) de la Universidad Andrés Bello, el cual ahonda en el origen, estructura y operación del Clan Bang de Fujian en Chile, y que se inserta en una serie de informes que indagarán en las principales organizaciones que operan en Chile.
Según cifras del Ministerio Público y Carabineros de Chile, existen 12 organizaciones criminales transnacionales en el país: cinco venezolanas (Tren de Aragua, Los Gallegos, Los Melean, Los Orientales y Los Valencianos), dos colombianas (Los Shottas y Los Espartanos), dos peruanas (Los Pulpos y Los del Callao), una dominicana (Los Trinitarios), una china (Clan Bang) y una mexicana (Jalisco Nueva Generación). El primer reporte del OCRIT UNAB analizó al Tren de Aragua.
La realidad delictual en Chile se ha ido complejizando los últimos años, al punto en que se posiciona como la principal preocupación de la ciudadanía. Al analizar los datos de la década 2014-2024, se constata -en materia de seguridad pública-, la presencia cada vez mayor de organizaciones criminales transnacionales dentro de nuestras fronteras. Reflejo de lo anterior es que en ese período los homicidios aumentaron un 86% en Chile, mientras que los secuestros lo han hecho en un 74%, el porte de armas de fuego o explosivos un 62%, el tráfico de sustancias un 29%, las usurpaciones un 28% y las extorsiones pasaron de 4 a 303 casos.
Asimismo, este incremento en los ilícitos también se ha materializado al interior de los recintos penitenciarios: entre 2015 y 2024, las extorsiones dentro de ellos crecieron un 5.100%, las incautaciones de droga un 1.205%, las amenazas un 279% y las agresiones un 41%.
Orígenes, expansión y portafolio criminal

El segundo informe “Radiografía a las principales organizaciones criminales transnacionales en Chile: Clan Bang de Fujian” describe a este grupo criminal proveniente de China, abordando su origen, estructura, actividades ilícitas y el nivel de amenaza que representan para la seguridad nacional.
Los orígenes culturales y organizativos de las mafias chinas, de acuerdo con el estudio del OCRIT UNAB, se sitúan en las sociedades benéficas vinculadas a las tríadas del sur del país asiático en el siglo XVII, aunque su variante criminal se acelera tras la caída del imperio Manchú a comienzos del siglo XX y se potencia exponencialmente con la Guerra de Vietnam y la consolidación de centros operacionales en Hong Kong. A partir de la década de 1980 y con las reformas económicas impulsadas por Deng Xiaoping, facciones como Fuk Ching (de base fujianesa) acrecientan su flexibilidad operativa y expansión hacia mercados occidentales y latinoamericanos.
Fujian, región con fuerte tradición marítima y migratoria, experimentó un auge económico acelerado que no se distribuyó simétricamente en la población, generando condiciones para la emigración masiva. Si bien la mayoría de esa diáspora es civil, parte de esas redes migratorias fueron instrumentalizadas para actividades criminales en múltiples continentes.

El Clan Bang de Fujian es una de las organizaciones más destacadas de los grupos clandestinos fujianeses. Según reportes del FBI, la banda se dedicaría al cultivo de marihuana, tráfico de migrantes, trata de personas con fines de explotación laboral y sexual, extorsión y participación en mercados ilícitos a través de empresas y locales lícitos de utilizados como fachadas para esconder los centros de operaciones de sus delitos. Recintos como casinos, “malls chinos”, salas de karaoke y juegos, y salones de belleza son utilizados como negocios de apariencia legítima para el tráfico de drogas, entre ellas, marihuana, éxtasis, metanfetamina y ketamina, además de explotación sexual, entre otros ilícitos asociados a las actividades nocturnas.
En Chile, la presencia del Clan Bang se estima en torno al año 2020, especialmente en el período de la pandemia. En esta etapa se registró un aumento notorio de inmigración china legal e irregular dada la permeabilidad fronteriza y las brechas de fiscalización económica.

A nivel territorial, el área de acción de esta banda criminal se circunscribe a comunas de la RM y de las regiones de Valparaíso, O´Higgins y La Araucanía, en particular San Antonio, San Miguel, Macul, Recoleta, Independencia, Colina, Malloa, Quinta de Tilcoco y Temuco.
El reporte del OCRIT UNAB consigna que, en la actualidad, existen 31 personas privadas de libertad de origen chino en el país, aunque debido a la escasa información al respecto, no es posible vincularla con el Clan Bang de Fujian. De ellas, 27 se encuentran en calidad de imputadas, mientras que solo 4 han recibido condena. El informe de la Universidad Andrés Bello destaca que esta brecha entre la formalización de cargos y la obtención de sentencias firmes se podría explicar por dificultades en la investigación —como barreras idiomáticas, estructuras organizativas complejas o la necesidad de cooperación internacional— que obstaculizan la acreditación de delitos ante los tribunales, lo que implica un desafío para el sistema de persecución penal al enfrentar organizaciones con alta capacidad de ocultamiento y fragmentación operativa.
A la hora de indagar en las causas por las cuales estas personas de origen chino están privadas de libertad en Chile, se revela una alta concentración de delitos asociados al crimen organizado. En primer lugar, con 12 imputados y 4 condenados se encuentra el tráfico de drogas. Luego, siguen los delitos de leyes especiales (10 imputados) y los delitos contra la libertad e intimidad de las personas e ilícitos económicos y tributarios, ambos empatados con 2 imputados. Más atrás están los homicidios, con un solo imputado.
Lecciones de casos emblemáticos en Chile
Luego de caracterizar a la mafia china, el reporte del Observatorio del Crimen Organizado y Terrorismo de la Universidad Andrés Bello analizó los diez casos más relevantes vinculados a la acción del Clan Bang en Chile, con el fin de visibilizar su capacidad operativa, diversidad delictual y detectar patrones.

En orden cronológico, el primer episodio se remonta a septiembre de 2020, periodo en incautaron 1.466 plantas de marihuana y 244 kilos de marihuana procesada en Leyda, San Antonio, los cuales estaban custodiados por dos ciudadanos chinos y habían sido producidas con alta tecnología para el cultivo indoor. Posteriormente, en septiembre de 2021, un nuevo allanamiento a un galpón en Macul y a otros 23 domicilios en distintas comunas de Santiago descubrió armas, dinero en efectivo, 1.677 plantas y 38 sacos que contenían 200 kilos de marihuana, además de otras sustancias ilegales. Sin embargo, el Ministerio Público no logró demostrar que los miembros de la banda trabajaban en conjunto y estructuradamente a través de una organización, aunque se mantendrían los cargos por tráfico ilícito de drogas.
Otros episodios emblemáticos son el caso de una mujer de nacionalidad china que se escapó de una red de prostitución en Independencia en 2024, quien habría llegado al país bajo engaño por su pareja, obligada a consumir drogas y prostituirse. La investigación concluyó que el Clan Bang estaría cometiendo los delitos de trata de personas, tráfico de migrantes transnacional, delitos contra la Ley de Armas y de Drogas.
Más recientemente, en agosto de 2025, la PDI allanó siete departamentos en un edificio de Barrio Meiggs a nombre de asiáticos donde se realizaban reuniones clandestinas para ofrecer el servicio de karaoke chino, dispensa clandestina de alcohol y venta de drogas como cannabis, metanfetamina y cocaína. Se detuvieron a 11 personas —10 de ellos chinos—, presuntamente involucradas en el Clan Bang de Fujian.
Luego de analizar en detalle los casos anteriores, el informe del OCRIT UNAB concluye que la llegada y expansión de esta y otras organizaciones no es un fenómeno aislado, sino que corresponde a un proceso que ha reconfigurado el panorama de la seguridad pública en el país. Por ello, el Observatorio del Crimen Organizado y Terrorismo de la UNAB enumera 10 conclusiones y desafíos para la seguridad nacional:
- La presencia del Clan Bang confirma que Chile dejó de ser un país de tránsito y pasó a ser un lugar de instalación del crimen organizado transnacional.
- La organización criminal de Fujian se inserta en un ecosistema criminal en expansión y no actúa de forma aislada. Se suma a las otras 11 organizaciones transnacionales presentes en Chile.
- El modelo criminal del Clan Bang basa en la diversificación ilícita y un bajo perfil violento al privilegiar el lucro por sobre la violencia. Se especializa en el cultivo intensivo de marihuana, tráfico de migrantes, trata de personas, explotación sexual y lavado de dinero mediante negocios fachada como karaokes, casinos, salones de belleza o mall chinos.
- La migración china y su vulnerabilidad son instrumentalizadas por la organización. Los migrantes irregulares chinos son captados como “granjeros”, trabajadores esclavizados o víctimas de explotación sexual, reforzando un círculo de dependencia, miedo y silencio.
- La expansión territorial del clan en Chile es silenciosa, pero creciente. No solo están presentes en la Región Metropolitana, sino que han avanzado hasta ciudades del sur como Temuco.
- El uso de empresas y figuras respetables como fachada complejiza la detección y la persecución penal. Dirigentes gremiales y comerciantes chinos operan como financistas y articuladores de la estructura criminal, dificultando diferenciar actividades lícitas e ilícitas.
- Las debilidades institucionales y técnico-jurídicas han limitado la calificación del fenómeno como organización criminal. A causa de problemas de traducción, dificultades probatorias y estándares legales exigentes, las condenas han terminado en tráfico de droga y no en asociación ilícita, lo que invisibiliza parcialmente la dimensión transnacional y estructural del clan.
- Este clan evidencia la necesidad de cooperación internacional sostenida y especializada. En este caso, la experiencia extranjera fue fundamental para comprender el modus operadi del clan, demostrando la importancia de intercambios en inteligencia, capacitación lingüística y patrimonial a nivel global.
- La presencia del clan constituye un riesgo directo para los derechos humanos y la gobernanza democrática. El amplio portafolio delictual de la banda muestra que el poder efectivo ya no reside en el Estado, y vulnera la obligación estatal de prevenir, investigar y sancionar violaciones de derechos fundamentales.
- La respuesta a este fenómeno debe ser integral, sostenida y preventiva, no solo reactivo-policial. La amenaza se mantendrá mientras persistan brechas en control fronterizo, debilidades en fiscalización económica, corrupción, desigualdades territoriales y ausencia del Estado en comunidades vulnerables. Cerrar estas condiciones estructurales es tan importante como fortalecer la persecución penal y la cooperación internacional.
Pablo Urquízar, coordinador del Observatorio del Crimen Organizado y Terrorismo (OCRIT) de la UNAB y autor del documento comenta que “debe ponerse mucha atención al Clan Bang toda vez que es una forma de criminalidad organizada atípica ya que su peligrosidad no está en la espectacularidad de sus delitos, sino en su capacidad de camuflaje, fragmentación operativa y aprovechamiento de comunidades cerradas, lo que dificulta su detección y judicialización, exigiendo capacidades investigativas especializadas y cooperación internacional permanente”.
English version