Conversatorio UNAB propone nuevas métricas para cerrar brechas de género en ciencia
En un conversatorio organizado por el Centro de Biotecnología de Sistemas de la Universidad Andrés Bello, especialistas propusieron cambios estructurales y nuevas métricas para avanzar en equidad de género en ciencia, innovación y educación superior.
“Más mujeres en ciencia”, “Representatividad 50/50”, “Reconocer labores de cuidado” “Compromiso con equidad” y “Visiones más inclusivas”, fueron algunas de las respuestas que los asistentes al conversatorio “Equidad de género en ciencia e innovación”, —organizado por el Centro de Biotecnología de Sistemas (CSB UNAB) en el marco de su Programa PTEC Agrosimbiosis— entregaron a la pregunta “¿Qué cambios concretos te gustaría ver en equidad de género en tu trabajo dentro de tres años?”.
Estas aspiraciones fueron parte de la conversación que se generó en el encuentro, realizado el pasado 21 de noviembre en el Campus Casona de la Universidad Andrés Bello (UNAB), con la asistencia de representantes del mundo académico, de emprendimientos de base científica y reparticiones públicas.
El panel, moderado por Pilar Parada, directora de CSB UNAB y del Programa Agrosimbiosis, estuvo integrado por Érika Castillo, exvicepresidenta de la Comisión Nacional de Acreditación y actualmente académica de la UNAB y líder del proyecto EMEGAE (Equilibrios y Microequilibrios de Género en la Academia y Ética).
Participaron también Claudio Olea, exasesor de género del consejo CTCI y director de Desarrollo Académico de la Universidad de Chile y Francisca Blanco, directora del Programa de Doctorado en Biociencias Moleculares de la UNAB y creadora del Comité para la Equidad de Género de esta universidad.
Buenas prácticas y medidas concretas
Abrió el conversatorio María Carolina Peña, directora alterna de Agrosimbiosis, quien destacó la aspiración de los presentes por “avanzar hacia instituciones más transparentes, con liderazgos diversos, procesos evaluativos sin sesgos y reglas claras que permitan que las mujeres desarrollen carrera sin tener que demostrar el doble para ser vistas la mitad”.
A continuación, Pilar Parada invitó a los panelistas y asistentes a abordar el tema con una mirada propositiva y destacando medidas concretas para mejorar la equidad de género en los ámbitos académico y científico.
Érika Castillo señaló que para lograr avances efectivos en equidad de género en el mundo académico se debe ir más allá de los esfuerzos aislados. Llamó a incorporar la equidad con una «presencia estratégica en la planificación» y una «transversalidad metodológica», que abarque tanto el desarrollo académico como la formación.
Una de las iniciativas que se destacaron fue realizar cambios en la evaluación académica para reconocer el trabajo invisible que históricamente ha recaído en las mujeres. Este incluye la formación estudiantil, la gestión de equipos, las mentorías y las tareas administrativas.
Claudio Olea comentó que en la Universidad de Chile crearon rúbricas de carrera académica específicas para cada jerarquía, que valoran acciones colectivas o invisibles que habitualmente asumen las académicas. “Esto generó un cambio, porque ahora nuestros colegas hombres también quieren ser mentores, considerando que se le asigna una valoración”, ejemplificó.
Recurrir a instrumentos institucionales y normativos
Otras propuestas se centraron en la retención del talento femenino a nivel académico.
Al asumir durante el 2025 como directora de doctorado, Francisca Blanco confesó que le había impactado constatar que el 82% de quienes han abandonado este programa son mujeres.
Para enfrentarlo, dijo, a partir de 2026 implementarán un programa integral de acompañamiento para estudiantes de doctorado durante toda su carrera, con un modelo de formación que además del director o directora de tesis incluirá mentorías y preparación para “un mundo complejo que va mucho más allá del conocimiento técnico”.
Los panelistas coincidieron en que solo fomentar iniciativas de sensibilización no basta. Es importante, dijeron, utilizar instrumentos institucionales y normativos para forzar el avance.
Destacaron como ejemplo el que la Comisión Nacional de Acreditación haya incorporado la mirada de género como uno de los criterios en la acreditación de universidades, lo que está generando cambios significativos en las instituciones.
Claudio Olea destacó también que en universidades públicas se puede recurrir a instrumentos legales, como el Decreto 681, que permite convocar a concursos específicos si en alguna disciplina un género está subrepresentado en un 40% o más.
La brecha de género en innovación
En el mundo de la innovación, la brecha de género es significativa. Solo el 16% de las solicitudes del Tratado de Cooperación en materia de Patentes son de mujeres y su participación también es baja en patentes, marcas, derechos de autor y modelos de utilidad.
Asimismo, la cifra de mujeres inventoras en Chile es de poco más de 20%, cifra que no ha registrado cambios en la última década, según datos aportados por Maximiliano Santa Cruz, abogado especialista en Propiedad Intelectual, Transferencia Tecnológica e Innovación.
Claudio Olea destacó que una forma de enfrentarlo en su universidad, fue asignando una valoración al patentamiento en las rúbricas de evaluación, para apoyar a quienes trabajan en I+D e innovación, labor que históricamente ha mostrado un desincentivo importante por la mayor valorización que se asigna a la publicación de papers.
A partir de las visiones expresadas por los panelistas y asistentes, Pilar Parada concluyó destacando que “acciones aisladas y esfuerzos individuales no cambiarán el sistema ni generarán cambios estructurales. Tampoco quedarnos en el diagnóstico. Es necesario que quienes tenemos una posición de liderazgo trabajemos para ser agentes de visibilización, generando cambios concretos que contribuyan a eliminar las barreras invisibles que aún persisten”.
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