Conoce a tu Profe | Fabián Pérez: “Necesitamos profesionales más humanos, capaces de dialogar y entender al otro”
El secretario académico de Formación General y académico del Departamento de Humanidades de la Universidad Andrés Bello reflexiona sobre la docencia, la interdisciplinariedad y aquellas pasiones que acompañan su vida dentro y fuera del aula.

Desde 2014 vinculado a la Universidad Andrés Bello y desde 2019 como secretario académico de Formación General en sede Viña del Mar, Fabián Pérez ha desarrollado una trayectoria marcada por las humanidades, la investigación y la enseñanza. Profesor e investigador, combina su trabajo académico con estudios doctorales en literatura, una disciplina que reconoce como una de sus pasiones más recientes.
Humanidades, docencia y aprendizaje constante
¿Cómo llegó a trabajar en la Universidad Andrés Bello?
Mi llegada fue hace bastante tiempo. Entré en 2014 como profesor adjunto en Formación General y luego, en 2019, asumí como secretario académico del área en Viña del Mar, además de integrarme al Departamento de Humanidades.
Ha sido un recorrido muy enriquecedor, porque me ha permitido desarrollar distintas facetas del trabajo universitario y también crecer académicamente dentro de la institución.
Además de su rol directivo, ¿qué cursos imparte actualmente?
Principalmente hago clases en Formación General. Estoy impartiendo cursos como Tecnología y Sociedad, además de asignaturas vinculadas a metodología de investigación y razonamiento científico. También participo dirigiendo tesis en programas de posgrado relacionados con educación y liderazgo.
¿Cómo nació su interés por la historia y las humanidades?
Siempre tuve claro que quería estudiar algo ligado a las humanidades. En algún momento dudé entre música, derecho e historia, pero finalmente me incliné por historia porque era lo que más me apasionaba. Entré a estudiar Pedagogía en Historia y luego complementé ese camino con una licenciatura en Historia.
Ahí descubrí dos cosas que siguen siendo centrales para mí: me gusta mucho enseñar y también investigar. Por eso seguí estudiando, hice un magíster y luego un doctorado en Historia.
Con el tiempo emergió la inquietud por otra pasión: la literatura. Ya trabajando como académico decidí estudiarla formalmente, hice un magíster y actualmente curso un doctorado en esa área. En el fondo, todo converge en ese mundo de las humanidades que me sigue entusiasmando profundamente.
Interdisciplinariedad y humanidad
A nivel profesional, ¿cuál considera que ha sido el principal desafío?
Creo que el mayor desafío es aprender a trabajar interdisciplinariamente. Cuando uno estudia suele concentrarse únicamente en su área, pero el mundo profesional es mucho más amplio y dinámico. Uno sabe cómo empieza, pero no necesariamente cómo termina, me dijo una vez Eduardo Cavieres, mi temprano formador.
Por eso considero tan importante la flexibilidad y la capacidad de dialogar con otras disciplinas. Un profesional no puede encerrarse únicamente en su especialidad.
Siempre les digo a los estudiantes que un ingeniero tiene que leer más allá de la ingeniería y alguien de humanidades también debe acercarse a otras áreas del conocimiento. Ese intercambio enriquece la práctica profesional y permite adaptarse mejor a los cambios.
¿Qué consejo les daría a los estudiantes?
Lo primero es nunca perder la curiosidad. La vida académica no termina cuando uno obtiene un título. El aprendizaje es permanente y exige mantenerse abierto a nuevas preguntas y nuevos conocimientos.
Pero además hay algo que considero fundamental: no perder la humanidad. Muchas cosas podrán cambiar con la tecnología o la inteligencia artificial, pero la empatía sigue siendo irremplazable.
Necesitamos profesionales “más humanos”, capaces de entender los dolores, las esperanzas y las dificultades del otro. Eso vale para un profesor, un médico o cualquier profesión.
¿Qué significa para usted hacer docencia en la UNAB?
Para mí la universidad es un espacio de libertad. Me siento cómodo haciendo clases acá y nunca he sentido que deba limitar mi manera de enseñar o de pensar. Eso es algo que valoro mucho.
Además, la UNAB tiene una diversidad muy particular. Es una universidad heterogénea, donde convergen personas de distintos contextos sociales, económicos y territoriales. Esa diversidad me parece muy enriquecedora.
Libros, Beatles y viajes pendientes
Fuera del trabajo académico, ¿qué cosas disfruta?
Tengo poco tiempo libre, pero leer sigue siendo mi principal hobby. Me gusta leer cosas que no necesariamente estén relacionadas con el trabajo y, sobre todo, disfruto mucho hacerlo con mis hijas. Son momentos que valoro enormemente.
Cuando me ven leyendo suelen acercarse, tomar un libro o ponerse a dibujar, y terminamos compartiendo un espacio muy tranquilo en familia. Son tiempos sencillos, pero muy significativos para mí.
¿Algún libro que recomiende?
Es difícil elegir, porque tengo muchos favoritos. Pero diría Hijo de ladrón, de Manuel Rojas, El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso, y, fundamentalmente, Los detectives salvajes, de Roberto Bolaños, pues son lecturas que recomendaría siempre.
¿Y en música o series?
Musicalmente, aunque no soy un fan asiduo, considero a The Beatles como fundamentales. Creo que son un grupo al que hay que regresar constantemente. Si tuviera que elegir un disco, sería Revolver, porque refleja muy bien esa transición hacia una etapa más madura y compleja del grupo.
En series, sin duda The Office, en su versión estadounidense. La he visto varias veces junto a mi esposa y me parece extraordinaria, no solo por el humor, sino porque tiene una dimensión profundamente humana.
Y en cine, una película que siempre vuelvo a mirar es Zodiac, de David Fincher, por la manera en que construye sus personajes y su narrativa.
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