18 Agosto 2026

Cómo en la UNAB se neutralizan los residuos biológicos que podrían poner en riesgo la salud pública

En los laboratorios de la Facultad de Odontología UNAB, la eliminación de residuos biológicos es un proceso tan importante como la propia investigación. A través de estrictos protocolos de bioseguridad, equipos especializados inactivan agentes potencialmente peligrosos antes de que abandonen las instalaciones, protegiendo a estudiantes, trabajadores, comunidades y al medioambiente.

Cuando se piensa en un laboratorio de investigación, la atención suele centrarse en los descubrimientos científicos, los modernos equipos o los avances que pueden mejorar la calidad de vida de las personas. Sin embargo, existe una labor silenciosa y fundamental que ocurre tras cada experimento: el manejo seguro de los residuos biológicos.

La estudiante Isidora Baraqui realiza un experimento, el cual genera residuos biológicos.

Cultivos celulares, muestras de sangre, microorganismos, agujas, placas de cultivo y diversos materiales utilizados en actividades de investigación y docencia generan desechos que requieren un tratamiento especializado antes de su disposición final. De lo contrario, podrían transformarse en una fuente de riesgos para las personas y el entorno.

En la Facultad de Odontología de la Universidad Andrés Bello, esta tarea forma parte de una rigurosa cultura de bioseguridad que busca garantizar que ningún material potencialmente infeccioso salga del laboratorio sin haber sido previamente neutralizado.

Muchas veces las personas piensan que el trabajo termina cuando finaliza el experimento, pero en realidad ahí comienza una etapa igual de importante.

“Todo material que haya estado en contacto con muestras biológicas debe seguir procedimientos específicos de segregación, almacenamiento e inactivación para asegurar que no represente ningún riesgo para las personas ni para el medioambiente», explica Lissette Pérez, encargada del Laboratorio de Odontología Traslacional de la Facultad de Odontología UNAB.

Ciencia detrás de la inactivación

Uno de los principales aliados en este proceso es el autoclave, un equipo que utiliza vapor de agua a alta presión y temperaturas que alcanzan entre los 121 °C y 134 °C para eliminar microorganismos patógenos. Esta tecnología permite destruir bacterias, virus, hongos e incluso formas altamente resistentes como algunas endosporas bacterianas, transformando materiales potencialmente peligrosos en residuos inocuos.

El autoclave es una herramienta fundamental dentro de nuestro sistema de bioseguridad. Gracias a este proceso, podemos asegurar que los residuos biológicos sean tratados de manera efectiva antes de su disposición final. Esto nos permite reducir significativamente cualquier posibilidad de exposición o contaminación.

Cuando los materiales no son compatibles con la esterilización por vapor, se aplican otros procedimientos validados, como filtraciones especializadas o desinfección química de alto nivel, siempre siguiendo normativas nacionales e internacionales.

Beneficio que trasciende los laboratorios

Martín Pacheco, asistente de investigación, escoge instrumental debidamente estéril para comenzar a trabajar.

Aunque gran parte de estos procesos ocurre lejos de la vista de la comunidad, sus beneficios impactan directamente en la salud pública.

La correcta gestión de residuos biológicos evita que microorganismos potencialmente peligrosos lleguen a sistemas de alcantarillado, vertederos o espacios donde podrían entrar en contacto con personas o animales. Asimismo, protege a quienes participan en la cadena de manejo de residuos, especialmente frente a accidentes asociados a objetos cortopunzantes.

Para Alejandra Fernández, Directora (I) del Doctorado en Odontología Traslacional de la Facultad de Odontología UNAB, «la bioseguridad es parte fundamental de hacer investigación de calidad. No se trata solo de cumplir protocolos, sino de formar investigadores conscientes de la responsabilidad que implica trabajar en ciencia y del impacto que nuestras prácticas pueden tener en las personas y el entorno”, dice.

Proteger a la comunidad

La gestión e inactivación de residuos biológicos genera beneficios concretos que muchas veces pasan inadvertidos:

  • Prevención de brotes y contagios. La esterilización de muestras y cultivos impide que agentes infecciosos sean liberados al ambiente, reduciendo el riesgo de propagación involuntaria de enfermedades.
  • Protección de trabajadores. Los materiales cortopunzantes son depositados inmediatamente en contenedores especiales que minimizan el riesgo de accidentes y posibles contagios durante la manipulación y recolección de residuos.
  • Cuidado del medioambiente. Tras su tratamiento, los residuos son gestionados mediante empresas autorizadas que cumplen los protocolos establecidos por la autoridad sanitaria, evitando la contaminación de suelos, cursos de agua y napas subterráneas.

Compromiso permanente con la seguridad

La gestión de residuos biológicos está respaldada por normativas nacionales e internacionales que regulan cada etapa del proceso, desde la segregación en origen hasta la disposición final. Entre ellas destacan el Decreto Supremo N° 6 de 2009 del Ministerio de Salud, la Ley N° 19.300 sobre Bases Generales del Medio Ambiente y las directrices internacionales promovidas por la Organización Mundial de la Salud.

En este contexto, “el Laboratorio de Odontología Traslacional de la Universidad Andrés Bello busca no solo cumplir con las exigencias regulatorias, sino también promover una cultura de prevención y responsabilidad que contribuya a proteger la salud de toda la sociedad”, concluye Alejandra Fernández.