Facultad de Ecología y Recursos Naturales
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Medioambiente, cambio climático y biodiversidad son los ejes centrales de una discusión que cada vez toma mayor protagonismo en la vida de los chilenos. No solo por las exigencias de los mercados internacionales, ni por los riesgos que conlleva el agotamiento de los recursos naturales, claves en la “supervivencia” de nuestra especie, sino por el rumbo sustentable que claramente debiera tener el planeta en el actual contexto ambiental.

Para obtener la radiografía de la conciencia verde de los chilenos y la realidad medioambiental de Chile en el Bicentenario, la Universidad Andrés Bello y el Centro de Opinión Pública Data Voz, realizaron un mega-estudio que analizó las últimas dos décadas de cifras que marcaron las principales tendencias medioambientales de consumo energético, uso de suelos, hábitos y percepción en nuestro país.

Los resultados serán publicados en la sección Medioambiente del libro Chile en Cifras que lanzará esta casa de estudios en diciembre de 2010. Sumado a una encuesta bicentenario realizada en forma presencial a 1.156 personas de las principales ciudades del país entre julio y agosto de 2010. ¿El objetivo? Obtener la opinión de los chilenos sobre un tema que traspasa fronteras y que, querámoslo o no, involucra el futuro del planeta.

También puedes revisar este tema en una publicación de la Revista El Sábado, de El Mercurio, en http://bit.ly/bvXUbe.

I PROTECCION DEL MEDIOAMBIENTE: biodiversidad en peligro

Los países desarrollados han mostrado los mayores avances en la llamada era de la sustentabilidad. Básicamente aplicando regulación medioambiental de alto estándar, produciendo alta tecnología verde y usando fuentes de energía alternativas como parte de la diversificación de la matriz energética para alimentar el consumo, entre muchas otras opciones amigables con el entorno. Chile aún está lejos de cumplir con estos estándares, pero camina hacia ese objetivo.

Nuestro país ha crecido en urbanidad pero no en protección medioambiental. En la última década las áreas urbanas e industriales han crecido: en 2000 habían alrededor de 182 hectáreas en estas condiciones, en 2008 aumentaron a más de 233 mil. Es decir una expansión del 27%, que aún supone una pequeña muestra del territorio nacional. A esto se suma que las plantaciones forestales industriales se han duplicado en los últimos 20 años. En 1990 1.707 mil hectáreas fueron utilizadas para plantar pino radiata y eucaliptos, entre otros de monocultivos; en 2010 esa cifra casi supera las 2,3 millones de hectáreas.

En efecto, indica Marcelo Mena, Dr. en ingeniería ambiental y Director del Centro de Sustentabilidad de la U. Andrés Bello, hubo épocas en el país en la cual hubo grandes deforestaciones sobre todo en regiones como la VII y VIII. Ahí se realizó un reemplazo sostenido de la flora nativa por especies industriales con monocultivos, que no necesariamente son positivos para la biodiversidad.

Ahora bien, efectivamente las áreas totales protegidas por el Estado han aumentado durante las últimas décadas de 1,7 millones de hectáreas en 1930 a 21 millones de hectáreas en el 2009, lo que representa hoy un 29% de la superficie nacional total. Las áreas SNASPE (Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas por el Estado), por sí solas, cubren hoy 14 millones de hectáreas (19% territorio nacional).

Pero esto no significa mayor protección a la biodiversidad, advierte Gonzalo Medina, Director del doctorado en Medicina de la Conservación de la UNAB. “Las áreas prioritarias para la conservación, si bien son una muy buena iniciativa, el pensar que la biodiversidad y los ecosistemas representativos puedan ser protegidos con una idea de islas, es un grave error. Todas las áreas protegidas del Estado han sido creadas azarosamente, basándose en la posibilidad de acceso al territorio en vez de la biodiversidad que se quiere proteger”, asegura.

En este sentido, complementa el experto, como país hemos sido muy eficientes en crear Parques Nacionales y muy ineficientes en proteger la flora y fauna. Esto porque la mayor parte de la biodiversidad del país habita en las regiones centrales y sur bajo los 600 msnm y 400 msnm, respectivamente. La mayor parte de la superficie de los Parques Nacionales, sin embargo, se encuentra en el sur y sobre los 400 msnm.

Pese a esta realidad, el tema “verde” y la protección del medioambiente ha ido ganando terreno en Chile y la población revela un sentimiento de preocupación al considerar que hacemos “poco” al respecto. Según el análisis de la encuesta U. Andrés Bello-DataVoz, entre 2000 y 2010 la percepción de que Chile ha hecho “demasiado poco” (si se compara con la preocupación que muestran otros países) frente al tema medioambiental, supera el 80%.

La opinión de la ciudadanía respecto de cómo protegemos el medioambiente entrega datos reveladores, como que, en promedio, más del 80% de la población encuestada en todos los tramos de edad y zonas del país(norte, centro y sur) piensa que Chile hace “demasiado poco” para proteger flora y fauna nativa, incluyendo bosques, especies silvestres y recursos marinos. Así como también es insuficiente la protección de fuentes de energía como el agua, el gas, el petróleo o la madera.

II CONCIENCIA AMBIENTAL: Hábitos y comportamiento verde

En ese contexto el 54% de los encuestados muestra preocupación por el cambio climático, convirtiéndose en la primera prioridad con respecto a lo que más le inquieta. En menor grado aparecen la eliminación de la basura y la contaminación del aire a través de gases y humos con un 42%. En los tres últimos lugares encontramos la contaminación de las playas (21%), el ruido (contaminación acústica con 21%), y los incendios forestales (20%).

“Problemas como la basura son muy importantes para la Región Metropolitana y coincide que en esta zona hay una mejor gestión de residuos. Pero al mismo tiempo se observa poca valoración a la falta de áreas verdes porque la gente, lamentablemente, no los asocia con espacios generadores de calidad de vida”, comenta Alex Godoy, Dr. en ingeniería y académico del Centro de Sustentabilidad.

El cuidado del medioambiente está inevitablemente relacionado con el desarrollo económico y para muchos hay una confrontación entre ambas partes. Pero con el tiempo esta visión ha ido cambiando. El estudio revela que en las últimas dos décadas, sobre el 50% de la población se muestra dispuesto a dar prioridad al cuidado medioambiental, aun si esto causa un menor crecimiento económico y pérdida de empleo. En el 2000 se observa una leve disminución probablemente por el contexto de la crisis económica y en los últimos cinco años el aumento ha sido discreto: de un 67% a un 69%.

Al ser consultados sobre si está de acuerdo a una alza de impuestos para que sean utilizados en evitar la contaminación ambiental, se observa una clara disminución de más del 20% en las últimas dos décadas en la disposición de la ciudadanía a hacerlo. Así se observa que si bien la población no está dispuesta a un alza de impuestos, un promedio del 70% de los encuestados si se muestra cada vez más de acuerdo con que sea el Estado el que realice esfuerzos para reducir la contaminación ambiental, pero sin costos personales. “Esto último es un claro reflejo de que la gente opina que se está haciendo muy poco nivel estatal e insiste en que el gobierno debe hacer mayores esfuerzos”, indica Godoy.

Eco comportamiento

Donde más se refleja una verdadera conciencia ambiental es a través de comportamientos verdes. De acuerdo a la encuesta, de los recursos disponibles para poder mejorar la eficiencia energética en el hogar un 74% de los encuestados de todas la edades (15 a 60 años) y regiones de Chile declara utilizar ampolletas de bajo consumo. Sin embargo, al preguntarles si ha realizado cambios para mejorar la aislación de su casa solo el 35% afirma que sí lo ha hecho, siendo la del Biobío y la RM las regiones que mayor preferencia muestran a esta alternativa de eficiencia energética. Las duchas, ecológicas, en tanto, alcanzan solo el 11% de las preferencias.

Si se analizan estos comportamientos verdes por nivel socioeconómico, lo que se observa es que las ampolletas de bajo consumo tienen una preferencia de más del 60% en todos los estratos socioeconómicos, aunque en el sector alto y medio hay una leve alza. En tanto, la aislación térmica es de preferencia del sector alto y medio con 48% y 35% respectivamente, posiblemente por su mayor costo de inversión. Con las duchas ecológicas sucede algo similar, ya que el porcentaje de las preferencias se concentra en el sector alto, el cual disminuye notoriamente en el medio y bajo.

“Considerando la alta rentabilidad de ampolletas de ahorro, que se pagan dentro del mes de uso, no es algo irrisorio pensar en prohibir las ampolletas incadescentes. En efecto, hay un proyecto de ley que ingresó Andrés Allamand en 2008 que aborda esta iniciativa. Chile podría tomar liderazgo en Latinoamérica en este sentido y no creo que la gente se oponga a que se prohíba derrochar energía en el país”, asegura Marcelo Mena.

En el ámbito del consumo responsable, es decir, acciones diarias que contribuyen en algún grado a hacer más eficiente nuestro consumo, contaminar menos y ser más amigables con el planeta, los chilenos dicen que realizan las siguientes tareas día a día: esperar que los alimentos se enfríen antes de guardarlos en el refrigerador (65%), evitar dejar luces prendidas en ambiente desocupados (62%) y cortar el agua mientras se lava los dientes (58%).

Se observa una disposición homogénea y transversal a acciones como desenchufar aparatos eléctricos (56%) y pedir boleta de los productos que compran (51%).

Respecto de comentar información del producto y empresa (21%) o adquirir productos con certificación ambiental (19%), consumir productos orgánicos (18%), existe una leve preferencia del grupo de edad entre 30 y 59 años.

Acciones verdes que tienen menor eco entre los chilenos es dejar de usar el auto por razones ambientales con apenas el 15% de las preferencias, reutilizar papel para impresión de documentos (18%), comprar productos con material reciclado (18%) y dejar de comprar un producto en represalia al daño que la empresa causa al medioambiente (19%). Por otro lado, acciones como separar la basura para reciclaje alcanza un 12% de las preferencias y de total de encuestados que realizan esta acción verde, los adultos (13%) y tercera edad (12%) son los que más reciclan.

Pero juicio del ingeniero Alex Godoy, “acciones como dejar que los alimentos se enfríen antes de introducirlos al refrigerador, apagar las luces, ahorrar agua, son actividades que van directo beneficio del humano y que no están orientadas a la sociedad en su conjunto. Es decir, los chilenos separamos el impacto individual del social en términos ambientales. Asume que hace poco por el medioambiente, dejando en claro que hay una falta de incentivo en la responsabilidad social del consumidor”.

De hecho chilenos no nos preocupamos por la limpieza de carreteras y ciudades evitando tirar desperdicios y basura y es un comportamiento que no ha variado con el paso del tiempo. En 2000 el 90% opinaba que los chilenos no estaban preocupados de este tema, y diez años después la respuesta es similar. Algo muy parecido ocurre con lagos, ríos y playas, desde 2000 a 2010 un 93% piensa que no cuidamos la limpieza de estos lugares. Opinión transversal en edad y zona geográfica.

III MATRIZ ENERGÉTICA: entre crisis y el cuidado del medioambiente

En relación a la energía, los combustibles fósiles han representado y representan la mayoría del suministro total de energía primaria de Chile. En 1979, la producción se basaba principalmente en el gas natural con un aporte del 43%, mientras que en 2008, la leña representa la mayoría (53%). El consumo primario, a partir de lo cual se obtiene el consumo final, creció en un 150% en los casi 30 años considerados. El petróleo crudo disminuye su participación de 55% en 1979 a 45% en 2008. El gas natural, que proviene casi exclusivamente de Argentina, aumenta de 10% en 1996 a 29% en 2004, para volver a las cifras del ’96 en el 2008.

El gas es el combustible preferido de los chilenos para calefaccionar el hogar, del total de encuestados un 47% confiesa que lo usa, seguido de la parafina con un 34% y en tercer lugar la electricidad. El gas es el combustible de mayor uso de la zona centro de Chile, al igual que la parafina. A su vez la leña, que tiene un bajo porcentaje de representatividad correspondiente al 13%, tiene mayor preferencia de consumo en la zona sur, justamente donde se registran los mayores índices de contaminación a causa de este combustible. Sector alto y medio prefiere la calefacción a gas.

“Hay tener en cuenta -explica Marcelo Mena- que la calefacción a leña utilizada a penas por el 6% de las personas en la zona central, representa casi al 40% de emisiones de PM en invierno, por lo tanto, asegura, se requiere más control de este sistema de calefacción en todo Chile. Se observa que la leña se usa más en jóvenes que en personas con más edad, así también la electricidad. La parafina es el sistema de calefacción más usado por los adultos mayores”.

La generación bruta de electricidad, en tanto, ha aumentado de 102 a casi 60.000 GWh en alrededor de 100 años. Las principales tecnologías de generación han sido la hidroelectricidad y las plantas térmicas a carbón, apareciendo en 1999 las plantas de ciclo combinado (gas natural y diesel).El gas natural que tuvo un repunte en el periodo de 2005 y 2006 (exportación desde argentina), para luego tener nuevamente un aumento en 2009.

Actualmente el gas natural proviene de distintos lugares del mundo y llega a Chile a los puertos de Quinteros y Mejillones comprimido, por lo tanto, reducido en 400 veces su volumen.

Los aportes a la matriz energética del sistema interconectado central (SIC) eran en 1996 70% hidráulica y 19% carbón, mientras que en 2009, ambas fuentes caen a 60% y 8% respectivamente. El diesel, que antes no se consumía, llega en esta misma fecha al 17%. En el sistema interconectado del norte grande (SING), la crisis con Argentina es más notoria, pues en el 2001, un 70% de la energía la suministraba el gas natural, mientras que en 2009 este 70% está representado por diesel, carbón y carbón petcoke. Por otro lado, nuestro consumo eléctrico va en alza, siendo la minería, en particular el cobre, el de mayor responsabilidad en este aumento.

En el 2000 frente a un recorte del gas natural se comenzó a utilizar en reemplazo el petróleo, diesel y carbón que emiten material particulado más tóxico (materiales pesados). “Chile debería optar por el gas natural como combustible en todos sus proyectos de termoeléctricas, por ejemplo, considerando que sus emisiones son infinitamente más bajas que las de otros sistema de energía como el carbón”, explica el Dr. en ingeniería ambiental.

Frente a una posible crisis energética Mena dice que efectivamente en 2030 se espera un aumento en la demanda de energía cuatro veces más alta pero que la actual que básicamente no provendrá del sector comercial o residencial, que ha mejorado en términos su eficiencia energética (aislamiento térmico, artefactos que consumen menos energía, etc.). Por el contrario será la industria y la minería la que más demanda energética tendrá en las próximas décadas, por lo tanto, ese sector deberá invertir en mejoras tecnológicas en sus procesos industriales y de trasporte, que implen mayor eficiencia energética.

IV CONTAMINACIÓN AMBIENTAL: esfuerzos por mejorar la calidad del aire

Si se evalúa por sector quiénes son los que más aportan a la contaminación atmosférica (CONAMA) el transporte (buses, camiones, motocicletas y autos) continúa siendo responsable del 41% de las emisiones, seguido de la industria (24%), otras fuentes como incendios forestales y urbanos, fertilizantes y plaguicidas (24%) y residenciales (14%). Ahora bien, si se analizan los datos de contaminación del suelo estos muestran que la venta de plaguicidas ha aumentado 4 veces en menos de 10 años. La superficie cultivada con especies transgénicas también se ha incrementado, y en la última temporada representa un 5% de la superficie cultivada anual.

Por otro lado, el consumo de agua es mayoritario en el sector agropecuario forestal, mientras que el residencial solo representa un 4%. Hay proyecciones de incremento, pero se observa que a partir de 1998, el consumo de agua potable se ha estancado, no así la generación de basura, que en 1996 se generaba 229 toneladas de residuos por cada 1000 habitantes, para aumentar a 341 toneladas en 12 años.

¿Pero qué opina le gente? Un 95% de los encuestados manifiesta que no cuidamos el aire de la ciudad en la que vivimos. Se trata de una mayoría indiscutible que refleja un problema diario que enfrentan sobre todo ciudades como Santiago, Temuco y Osorno. Se observa una transversalidad en la opinión de los encuestados, independiente de la edad y zona geográfica.

Pero si en algo se ha avanzado en la capital de Chile es con respecto al ítem contaminación. De acuerdo al análisis de datos de CONAMA y validados por Seremi RM, sobre la evolución de la concentración de material particulado de la cuenca de Santiago, se observa una disminución lenta pero concreta de la contaminación. En efecto, la emisión del material particulado PM10 (partículas que entran a la nariz y a la tráquea) desde 1989 ha decrecido desde 103 ug/m3 a los actuales niveles que bordean los 66 ug/m3.

Actualmente la calidad del aire en términos de PM10 posee una normativa en Chile. No así el PM2.5, porción más pequeña de los contaminantes y que normalmente pueden entrar a los pulmones y alveolos, pero que, de igual manera, se observa una clara disminución: en 1989 hubo un promedio de 68,8 ug/m3 emisiones mientras que en 2009 hubo 28,5 ug/m3. Efectivamente en Santiago se logró disminuir un tercio del total de emisiones en estas últimas dos décadas, dice Mena.

“Lo que explica esta disminución gradual de la contaminación atmosférica, complementa el experto, es producto de los propios episodios críticos que obligó a muchas industrias a cambiar ciertas tecnologías y así poder seguir funcionando. Lo mismo ocurrió con la introducción de chimeneas de doble cámara, los autos catalíticos y la nueva flota de buses. En la misma época se prohibió la exportación de buses y autos usados y Enap redujo el azufre del combustible”.

Pero en Temuco, en cambio, las emisiones de material particulado PM10 ha aumento drásticamente en la última década, debido en parte, asegura Mena, al uso indiscriminado de la leña. En 2001 la concentración anual era de 54 ug/m3 y en 2009 éstas crecieron a 65 ug/m3. Ahora bien, si se observa el promedio anual de concentraciones por material particulado (ug/m3) por población, los datos de 2007, 2008 y 2009 muestran que en ciudades como Alto Auspicio, Antofagasta, Tocopilla, Quillota, Rancagua, Rengo, San Fernando, Chillán y Temuco, entre otros, se supera la norma permitida para la concentración de PM10.

Finalmente se observa un aumento de proyectos sometidos a evaluación de impacto ambiental, así como una mayor exigencia en la aprobación de éstos, pues en 2009 menos del 60% se aprueba. Entre ellos hay 59 proyectos de energía renovables no convencionales (ERNC) que están aprobados. A pesar de que no hay proyectos de parques solares, ha habido un aumento sustancial de los metros cuadrados instalados de paneles solares térmicos, que son los que calientan el agua con el sol.

Otros avances están en la cantidad de basura domiciliaria que se recicla, que casi alcanza el 15% en el 2009 para la Región Metropolitana. A su vez, la superficie cultivada con agricultura orgánica tiene una tendencia al alza muy lenta, pero alcanza casi el 26% de la superficie cultivada en el 2009, un salto de 500% con el año anterior.

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Jimena Araya

jimenaaraya@unab.cl

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