Centro de Atención Clínica UNAB incorpora enfoque sensible al trauma
Profesionales y estudiantes de Ciencias de la Rehabilitación participaron en una capacitación para comprender los efectos de experiencias adversas y entregar una atención más segura, empática y centrada en cada usuario.
El Centro de Atención Clínica de Ciencias de la Rehabilitación de la Universidad Andrés Bello realizó una capacitación en Acompañamiento Sensible al Trauma, orientada a entregar nuevas herramientas a profesionales y estudiantes que trabajan con personas que han enfrentado experiencias de adversidad.
La jornada fue desarrollada por la Fundación Creados para Conectar bajo el modelo TBRI (Trust-Based Relational Intervention o Intervención Relacional Basada en la Confianza) y estuvo a cargo de Catherine Estay y Claudia González, primeras terapeutas en Chile con formación en este enfoque.
En la instancia participaron el equipo técnico-profesional del Centro y estudiantes de práctica profesional de las tres carreras que integran la Facultad de Ciencias de la Rehabilitación, quienes abordaron estrategias para comprender cómo el trauma puede manifestarse en la conducta, las emociones, el aprendizaje y la manera de relacionarse con otras personas.
Mirar la conducta
Uno de los principales aprendizajes del enfoque consiste en evitar que determinadas respuestas sean interpretadas únicamente como problemas de comportamiento. En su lugar, propone analizar qué experiencias pueden estar detrás de ellas y responder desde la seguridad, empatía y construcción de confianza.
María Estela Malatesta Díaz, directora técnica del Centro de Atención Clínica de Ciencias de la Rehabilitación, explicó que esta perspectiva resulta especialmente relevante al trabajar con niños, niñas y adolescentes.
“Las experiencias adversas o traumáticas pueden afectar profundamente el desarrollo, el comportamiento, las emociones, las relaciones y el aprendizaje. Desde esta perspectiva, se evita juzgar las conductas como problemas de comportamiento y se busca entenderlas como posibles respuestas adaptativas a situaciones difíciles o traumáticas vividas”, señaló.
La profesional agregó que el acompañamiento sensible al trauma permite responder de manera segura, empática y respetuosa, mientras que TBRI entrega herramientas para fortalecer los vínculos, promover la regulación emocional y favorecer el desarrollo integral.
La capacitación adquiere especial relevancia considerando el trabajo que realiza el Centro de Atención Clínica con niños, niñas y adolescentes pertenecientes al Servicio de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia, quienes pueden requerir intervenciones que consideren los efectos de experiencias adversas y prioricen la construcción de vínculos seguros y protectores.
Del aula a la atención
Para los estudiantes en práctica, incorporar este enfoque también supone aprender a observar una situación clínica desde una perspectiva diferente.
Un niño que participa poco o presenta dificultades para seguir instrucciones durante una sesión, por ejemplo, no necesariamente manifiesta desinterés u oposición. Su comportamiento puede estar relacionado con experiencias previas de adversidad, lo que modifica la manera en que el profesional debe aproximarse al usuario.
Este enfoque favorece una atención más empática, segura y respetuosa, evitando la revictimización y fortaleciendo el vínculo terapéutico.
“Su aplicación contribuye a una atención integral y centrada en la persona, al promover entornos seguros, intervenciones adaptadas a las necesidades individuales y estrategias que favorecen la regulación emocional, el bienestar y la participación activa de los usuarios y sus familias”, explicó María Estela Malatesta.
En estos casos, agregó, el estudiante o profesional puede priorizar la construcción de confianza, la validación emocional y la adaptación de las estrategias terapéuticas, en lugar de abordar la conducta de manera aislada.
La capacitación permitió así entregar herramientas aplicables al trabajo cotidiano del Centro y a la formación de los futuros profesionales de la rehabilitación, incorporando una pregunta clave frente a determinadas conductas: no solo qué está ocurriendo con el usuario, sino qué experiencias pueden estar influyendo en la manera en que responde durante una intervención.
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