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Josefina Ugarte, diseñadora industrial UNAB, logró unir lo ornamental con lo nutritivo en su negocio Tayú, donde utiliza el cochayuyo para desarrollar este producto innovador.

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Antes de terminar la carrera de Diseño Industrial – hoy Diseño de Productos – en el Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello, Josefina Ugarte se fue de intercambio a México. Esta decisión tuvo que ver con su búsqueda personal de inspiración para renovar la profesión.

Así, llegó hasta la Universidad del Valle donde se especializó en diseño sustentable y, además, obtuvo la anhelada visión de algo que marcaría su vida como profesional. “En México hay una gran identidad cultural, un tema del trabajo con los materiales, la técnica, son mucho más atrevidos. Un día, recorriendo las playas me encontré con muchas algas tiradas y escuché a turistas quejándose, me llamó la atención porque yo lo encontraba muy bonito”, cuenta.

Gracias a esa experiencia, Josefina comenzó a preguntarse qué pasaba con las algas en Chile, lo que la llevó a encontrar su proyecto de título ya de vuelta en la UNAB. “Pensé que faltaba darle valor a lo que teníamos y potenciarlo, especialmente al mar, y me fijé en el cochayuyo, alga que sólo se da en Chile y Nueva Zelanda y que está presente en el 80 por ciento de nuestro país, casi un patrimonio nacional”, dice la diseñadora.

De esta forma, empezó su trabajo de título, el que por consejo de uno de sus profesores se enfocó en la línea de los snacks. Sin embargo, Josefina siguió con la inquietud de desarrollar su lado más artístico y, al tiempo que su tesis se encaminaba hacia el rubro de la alimentación, también experimentó con otros usos de las algas.

“Llegaba con unos globos gigantes hechos de cochayuyo para enfocarlo a la luminaria, generé distintas técnicas para inflar el material, darle elasticidad y todas sus propiedades físicas me dieron varias señales que podía usarse para otras cosas también, ya que lo sentí como un cuero vegetal”, señala.

El camino de la creación

Luego de titularse en el año 2016, Josefina se quedó con la idea del cochayuyo como un material elástico y natural que además era un súper alimento. Fue así entonces que nació Tayú, cuyo lema es “Creer es crear”, emprendimiento que ofrece platos hechos de algas que son comestibles y prontamente también luminarias.

Otra cosa que destaca Josefina de su negocio es la importancia de la economía circular donde nada se desperdicia, ya que otro de sus productos es el Ulte, correspondiente al tallo del cochayuyo, en versión paté y cortado en forma de palmito. Asimismo, recalca su compromiso con el comercio justo y las redes que ha desarrollado con recolectores de algas de las regiones de Valparaíso, O’Higgins y el Maule.

Si bien su foco principal en cuanto a clientes son las productoras de eventos, banqueteras y restaurantes, también las personas pueden adquirir estos productos en su página web, ventas que comenzaron en diciembre de 2018. Sin embargo, tuvo que hacer una pequeña pausa, ya que no pudieron responder al volumen de la demanda que se generó.

“Por lo mismo, estamos buscando nuevos fondos y capital para mejorar nuestras máquinas de producción y retomar las ventas ojalá en marzo de este año”, dice la creadora de Tayú, que además se encuentra participando en el concurso de Chile Prende, para lo cual necesita conseguir hasta el 10 de febrero reproducciones y likes en su video, el cual compartimos aquí abajo.

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