Arquitectura

Los profesores de Campus Creativo Tomás Errázuriz, Ricardo Greene y Dany Berczeller, desarrollarán un proyecto que catastrará las prácticas cotidianas que realiza la gente para reutilizar las cosas que los rodean y así alargar su vida útil.

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Quién no ha remendado un artículo de vestir para que dure más, ha cortado una botella plástica para usarla como embudo, o ha utilizado el envase de un helado para guardar comida, éstas y muchas otras situaciones pueden ser tan cotidianas que ni siquiera nos detenemos a reflexionar sobre ellas y el impacto que tienen.

Un carro usado fuera del supermercado

Es precisamente por ello que los investigadores y académicos Tomás Errázuriz, Ricardo Greene y Dany Berczeller del Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello, decidieron realizar el proyecto “¡Larga vida a los objetos! Prácticas cotidianas para sortear la obsolescencia”, el cual se adjudicó un Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (Fondart) en la línea de Diseño.

Esta iniciativa, que la postularán además a un Fondecyt, se enmarca en el quehacer del Colectivo Cosas Maravillosas, formado por Errázuriz y Greene, y surgió del proyecto realizado con el Fondo Jorge Millas de la UNAB. Asimismo, se vincula con la exposición “Uso Diario” que se presentó en el Campus Creativo y se enfocó en la reutilización de este papel y la diversidad de usos que lo rodean.

Ahora, este proyecto ampliará su espectro a todo tipo de objetos y, como explicó Tomás Errázuriz, se enfocará en “ese entorno material cotidiano que nos rodea, que son cosas que uno ve a diario, pero les quita importancia, a pesar de que son súper relevantes. Con esto pretendemos pensar sobre la vida y el tiempo de las cosas”.

El camino hacia la sustentabilidad

Un salero creado a partir de un envase de comida de guagua

Hoy se ha masificado la cultura del consumo rápido, por lo que han proliferado objetos que se vuelven desechables, lo que ha aumentado la cantidad de basura existente y, a la vez, ha tenido un impacto negativo en el medio ambiente. Una respuesta ante esto ha sido el reciclaje, sin embargo, ha demostrado no ser suficiente.

“Tenemos una manera de consumir que es súper dañina, cuando pensamos en estrategias de sustentabilidad, se viene a la mente el reciclaje, pero esto es algo poco efectivo, ya que la producción no para. Entonces, necesitamos reducir y reutilizar lo que ya tenemos y para ello es fundamental pensar el tiempo de vida que tienen las cosas y cómo eso está directamente vinculado a lo que uno hace”, señaló Tomás Errázuriz, investigador responsable del proyecto.

De esta forma, los profesores realizarán un catastro de estas prácticas, a través de entrevistas a habitantes de la Región Metropolitana, tanto del área urbana como rural. La idea es empezar a entender qué acciones realiza la gente que permiten extender la duración del mundo material cotidiano que los rodea.

“Son prácticas absolutamente inconscientes. Uno abre esa ventana y comienza a ver montones de cosas que antes no veía, por ejemplo, el otro día fui a almorzar y encontré que el salero del restaurante era un envase de vidrio de comida de guagua al que le habían hecho hoyos en la tapa, y yo pensé ‘por qué no’, y por qué no con miles de otras cosas. Es importante que la gente sepa que puede aportar al medioambiente no sólo reciclando o donando plata a Greenpeace, sino también con pequeñas acciones, que muchas veces son las más relevantes”, expresó el investigador UNAB.

Ciclos de bonanza

El investigador responsable del proyecto, Tomás Errázuriz

Además del catastro, la investigación también tendrá una exposición, un libro y unos videos que circularán por las redes sociales. Ejemplo de esto último es uno que ya realizaron con estudiantes de Prácticas Creativas, enfocado en el pan duro, el cual, en vez de botarlo, se puede transformar en pan rallado, en base para algún postre o budín, o mojarlo para que al tostarlo vuelva a estar crujiente.

Así, según dijo Errázuriz, “en la medida que empiezo a reutilizar estas cosas o alargo su vida, creo ciclos de bonanza. Todo ese mundo de pequeñas acciones que permiten que las cosas, en vez de durar un día o un mes, duren dos, hacen que al final del día uno consuma menos”.

Y agregó que la reparación también es importante para aumentar la vida de los objetos, ya que al hacerlo costará más deshacerse de algo. “Uno se encariña y así surge el abrigo o los zapatos regalones, que ya son parte de mi identidad. Es como una relación amorosa, mientras más tiempo llevo, es más difícil terminar. Entonces, hay que empezar a pensar en los objetos en estos términos”, recalcó.

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