Arquitectura

El libro “Nilo” tiene al cine del mismo nombre como escenario de la historia de un ciclista repartidor de rollos que luego se hace proyeccionista y boletero. Su lanzamiento será el 29 de junio en el cine El Biógrafo.

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Es la primera incursión en la novela del arquitecto e investigador del Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello, Dr. Marcelo Vizcaíno, aunque sí su libro tiene que ver con un tema que ha investigado extensamente: los cines y su patrimonio.

Esto porque “Nilo” toma al cine de su mismo nombre como escenario de la historia de un ciclista repartidor de rollos, el que luego se hace proyeccionista y boletero, asistiendo así a todas las metamorfosis sufridas por este lugar.

“Nilo” – de Ediciones Contramaestre – tendrá su lanzamiento el próximo sábado 29 de junio a las 12:00 horas en el cine El Biógrafo, ubicado en Lastarria #230, Santiago. En esta presentación, además, se contará con la participación del escritor Bartolomé Leal y el documentalista Miguel Ángel Vidaurre.

Conversamos con el académico Marcelo Vizcaíno, quien nos contó sobre su experiencia al escribir su primera novela y en qué se inspiró.

– ¿Cómo se te ocurrió la idea para este libro?

Para los que ejercitamos el placer de escribir historias de ficción, uno no decide proyectarse en un resultado de antemano, sino todo lo contrario, los personajes, la trama y su construcción te embarcan y te llevan por caminos insospechados. “Nilo” se esbozó como cuento, género que publiqué en mi anterior libro y un primer lector amigo me sugirió que esas 12 o 13 páginas podían ser una novela. La propuesta me tuvo inquieto varios días, principalmente porque soy adicto a las novelas, y consideraba que era una tarea muy difícil. Así, de a poco, pensando que era un magnífico desafío, empecé a escribir con una ruta no planificada durante más de tres años y se convirtió en una aventura extraordinaria que disfruté enormemente.

Portada de la novela “Nilo”
– ¿Cómo fue la experiencia de escribirlo, ya que sueles desenvolverte en el área de la investigación?

Con relación a la investigación, sin duda, la idea que se viene a la cabeza es que la literatura plantea una libertad creativa muy alejada de los “corsés científicos” en cuanto a las formas del discurso.  Sin embargo, adentrarse a la narrativa es un refinado y exhaustivo trabajo de imaginación, creación y lenguaje que tiene un rigor, posiblemente más estricto del que pide la ciencia. De seguro es por eso que los resultados científicos terminan siendo superados u obsoletos, y los humanísticos, como la ópera o los libros, sobreviven en el tiempo como clásicos.

– ¿Por qué “Nilo”?

Nilo es el nombre de un cine cualquiera, tan genérico como muchos que existieron en las ciudades de nuestro continente y que funcionaron activamente durante el siglo pasado. Este nombre, para un título, ya tiene una connotación exótica, como Luxor, Babilonia, Alhambra, Alcázar, pero curiosamente también fue una sala santiaguina que hasta hace muy poco funcionó en el centro y fue un espacio inspirador y esencial para el protagonista de mi novela.

– ¿Cómo se relaciona con el cine Nilo que justamente cerró por estos días?

Sorprendido comprobé que mi historia se anticipó a lo que acaba de suceder con esa sala. Por cierto, aclaro que no de manera tan exacta. En el fondo, yo pretendí pintar a Santiago en el umbral del siglo XXI cuyos cambios son imperceptibles y, a la vez, voraces. Y la arquitectura instala los ejemplos de estas huellas, convertidos en las evidencias de toda esta vorágine inmobiliaria transformadora; pero, sin dudas, más allá, más adentro, son sus habitantes, mis personajes creados, lo más valioso de la historia. Así es que el “Nilo” también es otro edificio, un cine construido literariamente por mí y, su coincidencia con la realidad, lo convierte en puerta para entrar a sus páginas y conocer la vida apasionada de un ciudadano que vive entre dos siglos muy distintos.

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