Artes Visuales

El director de Artes Visuales de Campus Creativo siempre se ha sentido atraído por aquello que le presente un reto intelectual y técnico, de ahí que aprendió solo a revelar fotografías cuando era un adolescente y luego decidió especializarse en pintura.

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Un pequeño cuarto de baño en una casa de Santiago fue la fortaleza de Pablo Langlois desde los 14 hasta los 18 años. Esto porque a esa edad se enamoró profundamente de la fotografía, pero no como se podría pensar de su valor estético, sino técnico: su pasión era el proceso de revelado.

Para el director de la carrera de Artes Visuales del Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello, los desafíos siempre han sido algo que no puede resistir y para él, en ese entonces, la mecánica del laboratorio fotográfico lo representaba. Por ello, en ese lugar de poco uso de su hogar, él levantó su propio cuarto oscuro.

Le pedí a mi papá una cámara y después encontré en el diario alguien que estaba vendiendo un laboratorio, que era bien rudimentario, y lo compré. En esa época no había tutoriales, pero sí un mercado grande de productos fotográficos para revelar, y fui aprendiendo solo, preguntando por ahí”, cuenta Pablo.

De ahí que sus lugares favoritos fueran un local de Providencia que vendía revistas y manuales extranjeros sobre cámaras y lentes, además de la calle Miraflores donde funcionaba el mercado de la fotografía análoga.

Si bien de esa época guarda sólo algunas fotos – muchas las perdió en cambios de casa y de taller – lo que sí sigue intacto en él son los bonitos recuerdos. “Me pasé horas encerrado en ese laboratorio, en ese cuartucho que con suerte tenía lavamanos, pero el proceso de revelado fue un aprendizaje súper entretenido para mí”, recalca entusiasmado.

Pablo Langlois añade que le gustaba esto porque significaba una gran dificultad para él, lo que luego le volvió a pasar cuando decidió especializarse en Pintura mientras estudiaba Licenciatura en Arte en la Universidad Arcis, ya que implicaba un aprendizaje que lo obligaba a atender capas cada vez más complejas, donde debía entender no lo que estaba pintado, sino cómo estaba pintado, es decir, el cómo más que el qué.

El mundo del arte y la academia

Pablo es santiaguino, ciudad donde ha vivido toda su vida, es el único hombre entre cuatro hermanas, está casado desde los 32 años y tiene un hijo que entró recientemente a la Universidad. Su primer acercamiento al arte vino por el lado de su padre Juan Pablo Langlois, reconocido arquitecto y escultor, aunque en primer momento no tenía muy claro a qué dedicarse.

Tuvo un breve paso por Arquitectura y uno aún más efímero por una carrera relacionada con Ingeniería Solar donde se matriculó, pero nunca asistió. Finalmente, se decidió por Arte, algo que, si bien siempre quiso, la pensaba como una segunda carrera. Sin embargo, asegura que está feliz con haberse atrevido, ya que es algo que lo entretiene hasta el día de hoy.

Tras licenciarse, continuó un tiempo desempeñándose como mozo en un restaurante – donde luego fue ascendido a barman – y también probó suerte como obrero. Pero luego comenzó a hacer trabajos para publicidad, específicamente en la dirección de arte, hasta que a principios de los años 90 entró a hacer clases como ayudante a la Escuela de Arquitectura de la Universidad Central.

Ahí fue donde descubrió otra de sus pasiones: enseñar. Luego vendría la ayudantía en el Taller de Pintura en la Arcis, una clase en la Escuela de Cine de Chile y el Taller Integral en la entonces Escuela de Artes Liberales de la Universidad Andrés Bello, lugar donde en 2013 lo llamaron para asumir la dirección del Departamento de Artes Visuales del nuevo Campus Creativo.

“Me gusta lo suficiente como para juzgarme a mí mismo como un artista-docente, un artista que hace obras de arte, está vinculado a la escena cultural y goza de un cierto respeto en ese ámbito, pero que le gusta la enseñanza, es un tema sobre el que me gusta leer, analizar sus cambios y ver sus posibilidades”, expresa el profesional.

Cambio de paradigma

Debido a que Pablo Langlois cuenta con la experiencia como artista visual y como docente es que habla de cómo ha cambiado la enseñanza del arte en las instituciones educacionales. “Hoy, el sistema universitario ha cambiado con todas sus lógicas, viró desde una Universidad que transfiere conocimiento a una que lo genera. Allí yo creo que las experiencias de las escuelas de arte son súper importantes”, explica.

Asimismo, dice que la figura del maestro, institucionalizada al interior de las prácticas de enseñanza más tradicionales, ha cambiado a la del profesor. Además, agrega que también se han modificado los procesos artesanales de producción gracias al arte contemporáneo.

“Cuando le preguntabas antes a un artista qué es lo que hacía, te respondía ‘yo pinto’, que es el cómo lo hace. Hoy, hay mucha más conciencia, si haces esta misma pregunta, el artista te dice que trabaja a partir de ciertas inquietudes y que lo va a hacer a través de múltiples recursos técnicos y tecnologías”, apunta.

Por ello, asegura el artista visual, es que las escuelas han entendido que su registro de recursos tiene que ser mucho más interdisciplinar. “Si recorres el Campus Creativo, te das cuenta de qué manera se entendió eso en un minuto, lo que nos permite contar con un amplio repertorio de recursos técnicos a disposición de los estudiantes de todas las carreras”, concluye.

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