22 Octubre 2026

Bullying silencioso: las señales que podrían alertar que un niño o adolescente está siendo víctima

Daniela Palma, académica de Terapia Ocupacional de la Universidad Andrés Bello, aseguró que existen algunas señales aparecen mediante cambios de conducta, entre otras señales.

El bullying no siempre se manifiesta mediante agresiones físicas o conflictos evidentes. También puede adoptar formas sutiles que pasan desapercibidas, pero generan un impacto en niños, niñas y adolescentes.

Según Daniela Palma, académica de Terapia Ocupacional de la Universidad Andrés Bello, algunas señales aparecen mediante cambios de conducta, dificultades para relacionarse, disminución del rendimiento académico o aislamiento progresivo.

“Esta es una forma de acoso escolar que se caracteriza por manifestaciones más sutiles y menos visibles que las formas de violencia que habitualmente asociamos al bullying”, explica la profesional.

En estos casos, el acoso puede expresarse mediante exclusión social, indiferencia intencionada, aislamiento, rumores o falta sistemática de oportunidades para participar.

Bullying silencioso: cuando el maltrato no se ve

La académica señala que el llamado bullying silencioso puede desarrollarse de forma cotidiana y normalizada, dificultando su detección por parte de docentes, asistentes de la educación y familias.

Sin embargo, aunque sea menos evidente, puede afectar el sentido de pertenencia, la autoestima y la participación social de niños, niñas y adolescentes.

Entre las señales de alerta aparecen el rechazo persistente a asistir al colegio, una disminución en las calificaciones y la evitación de determinadas actividades o compañeros.

También pueden presentarse cambios en el estado de ánimo, irritabilidad, ansiedad, problemas para dormir o pérdida de interés por actividades que antes resultaban significativas.

Modificaciones

En situaciones más complejas, estas manifestaciones pueden expresarse mediante síntomas físicos asociados al malestar emocional.

Palma advierte que una señal que los adultos suelen pasar por alto corresponde a la modificación de la participación habitual del niño o adolescente en su entorno.

“No todos los niños son igual de sociables ni todos los adolescentes desean participar de la misma manera; lo relevante es identificar cambios respecto de su forma habitual de desenvolverse”, sostiene.

La importancia de observar los cambios

Desde la Terapia Ocupacional, una señal especialmente relevante aparece cuando la participación comienza a restringirse debido al miedo, la incomodidad o la sensación de no pertenecer.

“Nos preocupan los cambios en la participación cotidiana: evitar ir al colegio, aislarse socialmente, abandonar actividades de interés, presentar dificultades en el sueño, la alimentación o el rendimiento escolar”, explica la especialista.

La docente enfatiza que el bienestar infantil y adolescente se construye más allá de las notas o del rendimiento académico.

Publicado el 22 de octubre de 2022 por radio Agricultura