Arte, identidad e inteligencia artificial se encuentran en nueva exposición de Extensión Cultural UNAB
La muestra “Chile a través del arte y la Inteligencia Artificial” reúne las 20 obras finalistas de un concurso que convocó a 93 participantes de 13 regiones del país. La iniciativa desafió a sus autores a reinterpretar paisajes, patrimonio y elementos de la cultura chilena utilizando la inteligencia artificial como una herramienta al servicio de una mirada personal.
¿Qué ocurre cuando una fotografía propia, una experiencia vinculada a Chile y la inspiración de un artista se encuentran con las posibilidades de la inteligencia artificial?
Esa pregunta está en el centro de “Chile a través del arte y la Inteligencia Artificial”, exposición organizada por la Dirección de Extensión Cultural de la Universidad Andrés Bello, cuya ceremonia de premiación e inauguración reunió a finalistas, autoridades universitarias e invitados en torno a nuevas formas de creación artística mediadas por tecnología.

La convocatoria invitó a pensar e imaginar Chile desde perspectivas personales, abordando su historia, patrimonio, arte, cultura, costumbres y territorios. La respuesta tuvo alcance nacional: 93 personas provenientes de 13 regiones participaron en el concurso, 53 de ellas de regiones distintas a la Metropolitana y 40 de Santiago. De ese total fueron seleccionadas 20 obras finalistas.
Durante la ceremonia, la vicerrectora de Comunicación Estratégica, Paola Jarur, destacó precisamente el carácter creativo de la convocatoria y el lugar que ocupó la tecnología en el proceso.

“Lo que buscamos con este concurso son personas que quieran pensar, imaginar y conectar Chile, su historia, patrimonio, arte, cultura, sus costumbres, sus lugares. Es una invitación abierta a innovar y atreverse, donde la inteligencia artificial actúa como una herramienta y no como un fin”, señaló.
Cuando la IA es herramienta y no autora
Uno de los principales desafíos del concurso fue precisamente explorar qué lugar puede ocupar la inteligencia artificial dentro de un proceso de creación artística.
Las bases exigían que cada participante trabajara a partir de una fotografía original, desarrollara posteriormente un proceso de transformación mediante inteligencia artificial y realizara una intervención consciente sobre el resultado. El objetivo no era simplemente obtener una imagen atractiva mediante una plataforma, sino construir una propuesta en la que permanecieran reconocibles las decisiones de su autor.
Ricardo Abuauad, decano del Campus Creativo UNAB e integrante del jurado, explicó que la evaluación tampoco se concentró únicamente en el dominio técnico de estas herramientas.

“No buscábamos simplemente las imágenes más llamativas ni aquellas que demostraran un mayor dominio técnico de la inteligencia artificial. Nos interesaba algo bastante más complejo: reconocer dónde había una idea, una posición frente al país y, sobre todo, una decisión personal y humana detrás de la imagen”, sostuvo.
A su juicio, la capacidad actual de generar imágenes en pocos segundos vuelve todavía más relevante la pregunta por aquello que convierte una imagen en una creación artística.
“La facilidad para producir una imagen no equivale necesariamente a la capacidad de crear una obra”, afirmó. La diferencia, agregó, permanece en las preguntas que formula el autor, aquello que decide mostrar o excluir y las decisiones de transformación, montaje y edición que permiten construir un sentido.
En ese contexto, Abuauad planteó que, desde disciplinas como la arquitectura, el diseño, el arte y la comunicación, la inteligencia artificial no puede observarse exclusivamente desde la fascinación ni desde el temor, sino que requiere ser estudiada, utilizada e interrogada críticamente.
“El debate apenas está comenzando”, señaló. Las obras premiadas, sostuvo, adquieren valor no simplemente por haber utilizado inteligencia artificial, sino por recurrir a ella para expresar una idea, asumir un riesgo y ofrecer una manera distinta de mirar Chile.
Una alumni UNAB que unió tecnología, arte y patrimonio

Entre las 20 personas seleccionadas estuvo también Viviana Ramírez, alumni de Ingeniería Industrial de la Universidad Andrés Bello, quien encontró en la convocatoria una oportunidad para unir dos ámbitos que han formado parte de su trayectoria: su interés personal por el arte y su experiencia profesional en transformación digital.
“Siempre me ha gustado el arte, a pesar de que estudié Ingeniería. Y cuando vi que hablaba del uso de la inteligencia artificial, que es algo que yo uso en mi trabajo, porque estoy a cargo de transformación digital donde trabajo, dije: ‘Guau, el arte, me gusta, estaba interesante la propuesta’”, relató.
Para desarrollar su obra recurrió a una fotografía propia de la Iglesia de San Francisco de San Fernando, tomada cuando tenía 15 años y vivía en esa ciudad. Una imagen conservada durante años se convirtió así en el punto de partida para una nueva creación mediada por las posibilidades de la inteligencia artificial.
La propuesta tenía también una motivación vinculada a la valoración del patrimonio. La experiencia de conocer una iglesia franciscana durante un viaje a México llevó a la alumni a contrastar el cuidado y reconocimiento que recibía ese edificio con la realidad que había observado en el templo de San Fernando.
“Creo que no muchas personas saben que la Iglesia de San Francisco es Patromonio. Finalmente creo que igual refleja una herida que yo siento como chilena, porque me encantaría que nuestro patrimonio lo quisiéramos más y lo conociéramos”, expresó.
Su experiencia refleja, además, uno de los principios que atravesó el concurso: utilizar las nuevas tecnologías no como sustituto de una mirada propia, sino como una herramienta capaz de transformar recuerdos, inquietudes e ideas personales en nuevas propuestas visuales.
Distintas formas de imaginar Chile

Las historias detrás de las obras seleccionadas muestran la diversidad de territorios y experiencias desde los cuales los participantes decidieron interpretar el país.
Marcela Barrientos, una de las ganadoras, recurrió a una fotografía de Valparaíso que había tomado aproximadamente 15 años atrás. Para transformarla se inspiró en la obra de M. C. Escher y en una ciudad que ha ocupado durante años un lugar especial en su imaginario.
“Soy una enamorada de Valparaíso y siempre, cuando caminaba por Valparaíso, me imaginaba hacer algo, una intervención. De repente vi este concurso y dije: Esto tiene que ser, me pareció que el concurso era la oportunidad mostrar lo que imaginaba”, relató.

Su acercamiento a la inteligencia artificial había comenzado anteriormente de manera incipiente en el ámbito laboral. Sin embargo, el interés por profundizar en estas herramientas la llevó posteriormente a realizar cursos y explorar nuevas posibilidades de creación.

Valparaíso también inspiró a otro de los finalistas, Yerko Reygadas, fotógrafo comercial que eligió mostrar una dimensión cotidiana de la ciudad, con sus cerros, barrios, grafitis y arquitectura urbana, para luego reinterpretarla mediante inteligencia artificial.
“Valparaíso, sin necesidad de estilizarlo, es una obra de arte en sí”, sostuvo.
Una mirada a Chiloé obtiene el primer lugar

El primer lugar del concurso fue para Dominique Andrea Renis Barrientos, arquitecta, cuya propuesta surgió de su interés por el patrimonio, el arte y el paisaje costero chileno.
La creación comenzó a partir de un artista que ya formaba parte de sus referencias personales. Desde ahí, imaginó cómo trasladar su lenguaje visual a un contexto chileno hasta encontrar en Chiloé y en la tradición de la minga el escenario para desarrollar su propuesta.

“Todo partió primero del artista”, explicó. La búsqueda la llevó desde las estructuras biomecánicas que caracterizan a su referente hasta imaginar esas formas en una zona costera chilena y, finalmente, vincularlas con La Minga.
Junto a ella fueron reconocidos Marcela Barrientos, en segundo lugar, y Yerko Reygadas, en tercer lugar. Durante la ceremonia, los ganadores recibieron un diploma y su respectivo premio en dinero.
Las 20 obras seleccionadas conforman así una exposición en la que paisajes, ciudades, patrimonio, memoria y costumbres chilenas son reinterpretados mediante distintos lenguajes visuales y herramientas digitales.
Más que buscar una respuesta definitiva sobre la relación entre arte e inteligencia artificial, la muestra propone llevar esa discusión a la experiencia concreta de crear. Como sintetizó Abuauad durante la ceremonia, detrás de cada una de estas imágenes permanece algo que ninguna máquina puede aportar por sí sola: “una experiencia, una intención y una mirada sobre el país que habitamos y sobre aquel que todavía podemos imaginar”.
La exposición está disponible en la sede Casona desde el miércoles 30 de septiembre al sábado 14 de noviembre de lunes a viernes de 09:00 a 18:00 hrs y los sábados de 09:00 a 13:00 hrs.
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