Alianza estratégica entre UNAB y Clínica Las Condes marca un hito en formación, investigación e innovación en salud
El acuerdo de largo plazo, firmado en diciembre del año pasado y formalizado hoy en el evento “El futuro de la investigación clínica: ciencia, datos y humanidad en equilibrio”, trasciende el modelo tradicional docente-asistencial al integrar investigación aplicada, desarrollo tecnológico e innovación, con el objetivo de fortalecer la formación de profesionales y dar respuesta a los desafíos del sistema de salud.
Con el objetivo de proyectar un modelo de colaboración integral en salud, la Universidad Andrés Bello (UNAB) y Clínica Las Condes (CLC) oficializaron este 17 de junio una alianza estratégica que marca un hito en la articulación entre academia y práctica clínica en Chile. El convenio de largo plazo, firmado en diciembre del año pasado, no solo busca consolidar el trabajo docente-asistencial entre ambas instituciones, sino que amplía su alcance hacia el desarrollo de investigación aplicada, innovación tecnológica y vinculación con el medio.

Este acuerdo permitirá integrar la excelencia asistencial de CLC con la fortaleza académica de UNAB, generando beneficios concretos para estudiantes, docentes y profesionales del área para responder a los desafíos actuales y futuros del sistema de salud.
En esa línea, el rector de la Universidad Andrés Bello, Julio Castro, destacó el carácter transformador de este acuerdo. “Esta alianza articula nuestras capacidades formativas, académicas y de investigación con la excelencia clínica de Clínica Las Condes», dijo.
Es una colaboración única por su magnitud y transversalidad. Con ella, buscamos formar profesionales de excelencia y aportar, desde la investigación y la innovación, con soluciones concretas a los desafíos sanitarios del país.
Desde Clínica Las Condes, el director médico y exministro de Salud, Emilio Santelices, enfatizó que este convenio supera ampliamente el modelo tradicional de campos clínicos. “Esta alianza entre Clínica Las Condes y la Universidad Andrés Bello va mucho más allá de un convenio tradicional de campos clínicos. Es una colaboración estratégica de largo plazo que integra formación, asistencia, investigación, innovación y vinculación con el medio, respondiendo a la necesidad de acercar cada vez más la academia y la práctica clínica”, subrayó.
Impacto de la colaboración
La iniciativa contempla, además, el desarrollo de infraestructura académica en CLC, incluyendo espacios para estudiantes, docencia, investigación y simulación clínica avanzada. Asimismo, incorpora el trabajo conjunto en investigación clínica y colaboraciones en áreas como innovación en salud, educación continua, formación en ambientes simulados, capacitación docente, y apoyo para el perfeccionamiento en gestión de los estamentos administrativos de CLC.
Actualmente, más de 250 estudiantes de las facultades de Medicina, Enfermería y Ciencias de la Rehabilitación de UNAB, ya participan en procesos formativos en CLC, cifra que se espera supere los 700 durante el año, reflejando el impacto creciente de esta colaboración en la formación de capital humano en salud. Además, abarcará desde el pregrado hasta especialidades médicas, fellowships, formación continua, programas de magíster y doctorado.
Neurociencia, datos y humanidad en el cuidado: ejes de nuevos desafíos en investigación
En el marco del encuentro, ambas instituciones desarrollaron el panel «El futuro de la investigación clínica: ciencia, datos y humanidad en equilibrio», que reunió distintas miradas sobre cómo la ciencia de datos y la inteligencia artificial están transformando la investigación en salud, sin perder de vista el componente humano que sostiene cualquier avance clínico.

La vicerrectora de Investigación y Doctorado de UNAB, Carolina Torrealba, repasó proyectos que ya conectan a la universidad con el mundo clínico, entre ellos un programa de seguimiento remoto de prematuros del Hospital Félix Bulnes liderado por el académico Rodrigo Araneda, un sistema de detección no invasiva de glioma con la Fundación Arturo López Pérez, el uso de inteligencia artificial para detectar metástasis ganglionares en cáncer oral a cargo de Sven Niklander, y un biomarcador de apoyo diagnóstico para esquizofrenia desarrollado con el Hospital El Pino. «Lo que nos desvela es cómo conectamos estas estructuras de investigación, cada vez más complejas, con otros sectores de la sociedad para traducir esos resultados en impacto», señaló.
El director del Instituto de Ciencias Biomédicas de la casa de estudios, Martín Montecino, lideró este último proyecto y planteó el cambio de escala que enfrenta la ciencia hoy. Su equipo investiga cómo se forman las redes del sistema nervioso durante el aprendizaje y la memoria, un trabajo que genera volúmenes de datos genómicos y transcriptómicos imposibles de analizar con los métodos tradicionales. «Es imposible, con la estrategia que hemos usado los últimos 30 o 40 años, intentar entender estos datos», explicó. Ahí entra el aprendizaje automático, capaz de procesar en minutos lo que tomaría un siglo de trabajo manual.
Montecino recordó que hace seis décadas el neurocientífico Eric Kandel ganó el Nobel por descifrar los mecanismos de la memoria; hoy ese mismo problema se aborda desde otra escala, con ingenieros trabajando junto a biólogos y bioquímicos.
Emilio Santelices, director médico de CLC, planteó la necesidad de repensar la atención de salud a través del desarrollo de nuevas herramientas que permitan instalar un «modelo de medicina anticipatoria, predictiva y personalizada para tener una población más sana». En ese marco, destacó la importancia de conectar el conocimiento de la ingeniería con la ciencia de datos y llamó a superar la «visión monocular» del especialista para tener un «gran angular» que permita a los médicos asumirse como administradores de las poblaciones que cuidan.
Tenemos que volver a mirar nuestra forma de entregar salud. Somos clínicos, vemos caso a caso, pero además somos administradores de nuestras poblaciones, y de la mano de la tecnología y la ciencia podemos avanzar en un cambio de paradigma profundo para mejorar el bienestar de nuestra población.
Claudia Miranda, directora del Instituto Milenio MICARE y académica UNAB, cerró el panel con un llamado a no perder de vista el componente humano en medio de estos avances. «La inteligencia artificial tiene que ser un instrumento que permita potenciar las habilidades de cuidado, no un fin en sí mismo», señaló. Puso el foco en la continuidad del cuidado como un concepto central tanto en salud como en el ámbito social, e insistió en que estos avances deberían liberar tiempo para la conexión humana, no reemplazarla, y en la importancia de construir soluciones junto a pacientes y comunidades.
De esta manera, la alianza entre UNAB y Clínica Las Condes se posiciona como un modelo innovador en el país, al integrar formación, asistencia, investigación e innovación en un mismo ecosistema, con el propósito de generar soluciones concretas y sostenibles que beneficien a pacientes, profesionales de la salud y a la sociedad en su conjunto.
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