Agricultura | ¿Te cuesta levantarte de una silla? Expertos alertan sobre señales de riesgo después de los 50
Lidia Castillo, directora de la carrera de Kinesiología de la U. Andrés Bello, sede Santiago, explicó como afecta la pérdida de fuerza con el paso de los años.
En una nota publicada el 22 de octubre por Agricultura, la directora de la carrera de Kinesiología de la U. Andrés Bello, sede Santiago, Lidia Castillo, abordó las complicaciones que pueden llevar la pérdida de fuerza y equilibrio con el paso de los años.
Complicaciones para levantarse de una silla, caminar con mayor lentitud o perder estabilidad al girar pueden ser señales tempranas de que el cuerpo necesita atención.
Aunque cumplir 50 años no significa necesariamente tener un mayor riesgo de fractura, los cambios en la fuerza muscular, el equilibrio y la resistencia de los huesos pueden aumentar la vulnerabilidad frente a una caída.
Castillo explica que a estos cambios se suma la posible pérdida de masa muscular y, especialmente, de potencia muscular, una capacidad fundamental para reaccionar rápidamente ante un tropiezo y recuperar el equilibrio.
El riesgo de fractura no depende exclusivamente de la edad ni de la condición de los huesos.
También influyen las capacidades físicas, las enfermedades de base, la visión, la atención y las condiciones del entorno, según explica la especialista.
Las señales que no se deben ignorar
Cuando comienzan ciertas complicaciones en la vida diaria y se modifican inconscientemente algunos movimientos, podría existir una disminución de la capacidad motora.
“Algunas señales son caminar más lento, necesitar apoyarse en los muebles para desplazarse, tener dificultades para subir escaleras o perder estabilidad al cambiar de dirección”, explica Castillo.
La especialista también advierte que el miedo a caerse puede convertirse en un problema. Evitar caminatas, salidas o actividades sociales por temor a perder estabilidad puede reducir la actividad física.
Esto puede provocar un debilitamiento progresivo de la musculatura y aumentar las dificultades para mantener la autonomía.
“Una caída no debe considerarse una consecuencia normal del envejecimiento. Es una señal que requiere atención”, sentenció Castillo.
English version