29 Julio 2026

ABC de la Inclusión | El cambio pendiente para una participación plena en Chile

Aunque la diversidad es una realidad en la sociedad, Alejandra Ríos, directora del Observatorio para la Inclusión de la Universidad Andrés Bello, advierte que el verdadero desafío es avanzar hacia una inclusión efectiva, transformando los entornos para eliminar barreras y garantizar la participación en igualdad de condiciones.

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Aunque la diversidad es una característica inherente a la sociedad, avanzar hacia la inclusión efectiva sigue siendo un desafío pendiente. Así lo advierte Alejandra Ríos, directora del Observatorio para la Inclusión de la Universidad Andrés Bello, quien enfatiza que el verdadero cambio no consiste en incorporar personas a sistemas rígidos, sino en contar con la flexibilidad para transformar los espacios y así, garantizar la participación en igualdad de condiciones.

Las diferencias asociadas a la discapacidad, el género, la edad, la cultura o las neurodivergencias forman parte de la vida cotidiana. Lejos de ser un obstáculo, representan una fuente de aprendizaje, innovación y desarrollo. Sin embargo, su reconocimiento resulta insuficiente si no se traduce en acciones concretas.

“La diversidad es una realidad; la inclusión es una decisión”, afirma Ríos. En ese sentido, explica que «una organización puede contar con personas diversas, pero no necesariamente ser inclusiva», dice la autoridad.

El desafío actual, es abandonar el paradigma que obliga a las personas a adaptarse y, en cambio, diseñar entornos accesibles que consideren las distintas necesidades.

Un proceso continuo

Hoy la inclusión se entiende como un proceso continuo orientado a identificar y eliminar barreras, dejando atrás la mirada asistencialista para adoptar un enfoque basado en derechos. Esto implica que las instituciones no solo deben declarar principios, sino construir culturas organizacionales capaces de garantizar oportunidades equitativas.

No obstante, uno de los principales obstáculos sigue siendo cultural. Mientras las barreras físicas son visibles, los prejuicios y sesgos asociados a la discapacidad, el género o la diversidad cultural suelen pasar desapercibidos, dificultando su erradicación.

Las cifras evidencian la magnitud del desafío. Según datos del Censo 2024, el 11,1% de la población chilena presenta algún tipo de discapacidad, lo que equivale a casi dos  millones de personas. A pesar de los avances legales, aún persisten brechas en educación, empleo y participación social.

En este contexto, la actualización de la Ley de Inclusión Laboral — que eleva la cuota de contratación de personas con discapacidad al 2%— representa un avance relevante. “Chile no puede darse el lujo de desaprovechar ningún talento”, subraya Ríos.

Cultura inclusiva

La evidencia muestra que la diversidad en equipos de trabajo y espacios educativos fortalece la innovación, mejora la toma de decisiones y favorece el aprendizaje colaborativo. En educación, además, permite desarrollar empatía y habilidades sociales clave para la convivencia en sociedades cada vez más diversas.

Construir una cultura inclusiva exige acciones tanto individuales como institucionales. Implica promover el respeto y, al mismo tiempo, revisar políticas, prácticas y procedimientos para eliminar barreras.

En este camino, la Universidad Andrés Bello ha consolidado la inclusión como un eje estratégico. Destaca el Diploma en Habilidades Laborales, pionero en Chile, que desde hace más de 20 años forma a personas con discapacidad intelectual dentro del sistema de educación superior. A esto se suma el trabajo del Observatorio para la Inclusión, orientado a generar evidencia para impulsar políticas con impacto social.

“La inclusión no puede limitarse a la discapacidad, debe entenderse como un proceso permanente que permita construir comunidades más equitativas y respetuosas”, concluye Ríos.

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