ABC de la Inclusión | Accesibilidad comunicacional: un desafío para la inclusión en Educación Superior
Académica de la Universidad Andrés Bello destaca que la inclusión no solo depende de las políticas institucionales, sino también de la forma en que la información se comunica, se comprende y se hace accesible para estudiantes con distintas necesidades de aprendizaje y participación.

En Educación Superior, los discursos sobre inclusión y diversidad forman parte del lenguaje institucional consolidado. Sin embargo, el desafío actual se concentra en cómo esos principios se traducen en prácticas concretas que permitan el acceso efectivo a la información y la participación de las y los estudiantes.

La necesidad de avanzar en este ámbito cobra especial relevancia considerando el crecimiento de estudiantes con discapacidad que ingresan a la Educación Superior. Según datos de la Subsecretaría de Educación Superior y el Servicio Nacional de la Discapacidad (SENADIS), en 2025 se registraron 16.953 estudiantes con discapacidad matriculados en instituciones de Educación Superior del país, un 10,3% más que el año anterior.
En este contexto, Sandra Urra Águila, directora del Programa de Prosecución de Estudios de Pedagogía en Educación Diferencial de la Universidad Andrés Bello (UNAB), sede Concepción, señala que la inclusión requiere considerar distintas dimensiones de la accesibilidad, entre ellas la comunicacional y la cognitiva.
«Hablar de inclusión implica hacer efectiva la participación y el aprendizaje de todos y todas sin excepción. Esto debe considerar la accesibilidad tanto arquitectónica como cognitiva y comunicacional», precisa.
La académica explica que la accesibilidad cognitiva busca que la información sea clara y comprensible, mientras que la accesibilidad comunicacional busca facilitar el acceso, recepción y expresión de información mediante distintos formatos y canales. Ambas dimensiones son complementarias para avanzar hacia entornos educativos más inclusivos.
Comunicación como base del acceso a la educación
Desde esta perspectiva, la comunicación no es un elemento accesorio del proceso formativo, sino una condición para el acceso a la información, el aprendizaje y la participación.

«Materiales de estudio comprensibles para cualquier lector o lectora, plataformas digitales amigables, aplicaciones educativas sin sesgos de usuario e información institucional clara, precisa y disponible en distintos formatos», acá me falta algo, como “es importante utilizar materiales de estudio” o algo que indique por qué hace énfasis a esta serie de medidas, en el fondo, indicar una acción respecto de esta enumeración, explica la académica.
Agrega que la diversidad también se expresa en las distintas formas de acceder, comprender y procesar la información dentro del entorno educativo.
En la comunicación también debemos considerar la oralidad, la lengua de señas, los pictogramas u otras formas de expresión. La falta de comprensión de estas diferencias puede generar barreras en la participación.
Precisamente, reconocer esa diversidad implica comprender que las y los estudiantes pueden requerir distintos apoyos para acceder a la información, comprenderla y participar en igualdad de condiciones.
Diversidad y acceso a la información
La accesibilidad comunicacional no constituye un beneficio exclusivo para estudiantes con discapacidad. Garantizar que la información pueda ser recibida y expresada mediante distintos formatos favorece el aprendizaje, la participación y la permanencia de toda la comunidad universitaria.
La académica señala que las necesidades de acceso a la información son diversas y requieren apoyos específicos, como materiales comprensibles, recursos visuales y audiovisuales, tecnologías de apoyo, subtítulos, lengua de señas, lectores de pantalla e instrucciones claras, según las características y requerimientos de cada estudiante.
A ello se suman estudiantes que no manejan la lengua del contexto educativo, quienes también pueden enfrentar barreras de acceso a la información y participación.
“Algunas acciones que facilitan la experiencia educativa son pueden ser la entregar de instrucciones escritas además de las verbales, incorporar videos con subtítulos, utilizar documentos compatibles con lectores de pantalla, emplear lenguaje claro y anticipar cambios o actividades relevantes”, explica Urra.
Asimismo, señala que la inteligencia artificial generativa puede apoyar estos procesos mediante herramientas como la simplificación de textos, generación de subtítulos o conversión de contenidos a distintos formatos, siempre bajo supervisión profesional para resguardar la calidad y pertinencia de la información.
De la intención a la implementación
Urra subraya que el desafío de la Educación Superior no está solo en reconocer la diversidad, sino en traducirla en prácticas efectivas dentro del aula y la gestión institucional.
«Las políticas de inclusión han permitido visibilizar la necesidad de diversificar metodologías de enseñanza, participación y comunicación, incorporando distintas estrategias y apoyos para responder a la diversidad estudiantil, sin afectar la calidad del proceso formativo ni los perfiles de egreso», indica.
En este proceso, la especialista releva el rol de la normativa vigente, que ha impulsado avances concretos en materia de accesibilidad en Educación Superior, como la Ley N° 20.422, la Ley de Autismo y la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, ratificada por Chile en 2008.
Estas regulaciones han contribuido a fortalecer la incorporación de ajustes razonables, que responden a necesidades individuales cuando la accesibilidad universal no resulta suficiente, así como el desarrollo de unidades de inclusión y la progresiva adaptación de procesos institucionales hacia estándares de mayor accesibilidad.
Sin embargo, para que estos avances tengan un impacto real, es necesario que la accesibilidad forme parte del trabajo cotidiano de las instituciones de Educación Superior.
“La accesibilidad no modifica los resultados de aprendizaje ni los perfiles de egreso; modifica la forma en que las personas acceden a las oportunidades de aprendizaje y demuestran sus competencias”, señala Urra.
Un enfoque institucional y transversal
La académica enfatiza que la accesibilidad comunicacional requiere un enfoque institucional sostenido, que involucre a toda la comunidad educativa.
Se requiere capacitación, acompañamiento y seguimiento de las prácticas docentes, además de la participación activa de docentes, equipos administrativos y estudiantes en estos procesos.
La experiencia universitaria comienza mucho antes? O excede con creces el espacio? de la sala de clases: desde los procesos de postulación y matrícula, el uso de plataformas virtuales, la lectura de reglamentos, la solicitud de beneficios, la comunicación con unidades administrativas, la rendición de evaluaciones y la participación en actividades extracurriculares. Por ello, la accesibilidad debe estar presente durante toda la trayectoria estudiantil.
Finalmente, Urra plantea que el avance en inclusión depende de la consolidación de prácticas permanentes. «La clave está en diversificar las formas de entrega de información, reconocer distintas vías de comunicación y fortalecer la formación continua en estas materias», concluye Urra.
La comunicación accesible contribuye a reducir barreras y favorecer una experiencia educativa más equitativa, fortaleciendo la calidad de los procesos formativos y beneficiando a toda la comunidad universitaria.



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