08 Junio 2026
25 años de Medicina UNAB | Urólogo, investigador y bombero repasa su experiencia en una carrera con propósito
A un cuarto de siglo de su creación, egresados reflejan el espíritu de una formación que cruza ciencia, vocación pública e innovación. El urólogo e investigador Vincenzo Borgna Christie repasa su experiencia en la Escuela de Medicina de la U. Andrés Bello, donde egresó el año 2009, combinando clínica, investigación en cáncer y servicio en Bomberos.
En el marco de los 25 años de la Escuela de Medicina de la Universidad Andrés Bello, diversas trayectorias de egresados permiten dimensionar el impacto de su formación en el desarrollo de profesionales que hoy aportan desde distintos ámbitos de la salud.

La historia del Dr. Vincenzo Borgna Christie -egresado en 2009- es un ejemplo de cómo la medicina puede articularse con la ciencia y el servicio público, en una carrera guiada por el conocimiento y la vocación.
Su experiencia combina la práctica clínica en uro-oncología, el trabajo en investigación en inmunoterapia contra el cáncer y una activa participación como voluntario de Bomberos de Chile. Tres caminos que, lejos de ser paralelos, se entrelazan en torno a un mismo propósito: contribuir al bienestar de las personas en contextos tanto cotidianos como extremos.
Mirando en retrospectiva, ¿qué aprendizajes de tu formación en Medicina UNAB han sido clave para desarrollarte tanto en investigación como en tu labor como bombero?
En el área de investigación, fue clave la posibilidad de compartir con científicos de renombre internacional que formaban parte de las cátedras en los primeros años de Medicina, como mi profesor guía de tesis, Luis Burzio Eriz (QEPD). Sus líneas de investigación lograron cautivarme e impulsarme a continuar con un Doctorado en Biotecnología en la misma universidad.
Por otro lado, la formación quirúrgica y las rotaciones por servicios de urgencia fueron fundamentales, ya que fortalecieron mi desarrollo en el ámbito prehospitalario, que es clave en mi rol como bombero.
Tu carrera combina clínica, investigación en cáncer y servicio como bombero. ¿Qué te motivó a seguir caminos tan distintos pero complementarios?
Mi vínculo con Bomberos comenzó a los 17 años, incluso antes de entrar a Medicina. Durante la carrera, siempre busqué profundizar mis conocimientos en atención prehospitalaria, lo que hizo que ambas vocaciones se potenciaran mutuamente.
Hacia el final de la carrera postulé al Doctorado en Biociencia Molecular de la UNAB con la idea de convertirme en el primer MD-PhD egresado de la Escuela. Conté con el apoyo institucional para cursar ambos programas en paralelo, lo que hoy es un pilar en mi desarrollo como investigador clínico.
En tu experiencia, ¿cómo dialogan la medicina y el trabajo en emergencias dentro de Bomberos?
La relación es muy estrecha, porque ambas comparten un foco central: el servicio y la protección de la vida en contextos de alta exigencia. En un cuerpo con miles de voluntarios, de distintas edades y condiciones, es esencial contar con equipos de salud laboral.
Durante la última década he participado en un equipo multidisciplinario que reúne médicos, enfermeros, TENS y psicólogos, enfocado en la prevención y atención de la salud física y mental de los bomberos.
Has participado en rescates en contextos complejos. ¿Qué aprendizajes te han marcado?
Creo que como médicos debemos estar siempre preparados para actuar de la forma más profesional posible, incluso en condiciones extremas y con recursos limitados, como ocurre en desastres naturales.
Estas experiencias exigen no solo conocimientos técnicos, sino también contención emocional, ya que muchas veces se trata de dar tranquilidad y esperanza en escenarios de vida o muerte. Participar en equipos de despliegue internacional de Bomberos de Chile ha sido profundamente formativo en mi carrera.
Investigación y recuerdos
Hoy estás vinculado a la investigación en cáncer e inmunoterapia. ¿Qué te motiva de esta área?
Me interesa abordar preguntas complejas del cáncer, como los mecanismos de escape de las células tumorales o las estrategias del sistema inmune para combatirlas. En nuestro laboratorio trabajamos en inmunoterapias celulares, como linfocitos infiltrantes de tumor y terapias CAR-T en cáncer renal.
Creo que estas tecnologías liderarán la biotecnología en oncología en los próximos años, y el desafío es que puedan implementarse en la práctica clínica en Chile.
¿Qué recuerdos tienes de tu paso por la Escuela de Medicina de la UNAB?
Tengo muy buenos recuerdos. Mantengo amistad con compañeros desde los primeros años y también con profesores, especialmente del área de Semiología. Es común reencontrarme con ellos en distintos hospitales, lo que también habla de una red sólida que se ha ido construyendo con el tiempo.
¿Qué destacas de la formación como médico UNAB?
Valoro especialmente la enseñanza personalizada y la cercanía con profesores y autoridades, algo que quizás no dimensionábamos en su momento, pero que hoy se aprecia aún más al compararlo con otras realidades formativas.
En los 25 años de la carrera, ¿qué mensaje darías a los estudiantes que buscan una trayectoria con sentido social y científico?
Les diría que construyan una carrera con propósito. La medicina no se sostiene solo en el conocimiento técnico, sino en la capacidad de generar impacto humano y social.
La formación científica permite cuestionar y avanzar, pero el verdadero sentido aparece cuando ese conocimiento se pone al servicio de las personas. Las trayectorias más valiosas combinan excelencia académica, curiosidad intelectual y vocación pública. Mantener una actitud crítica, ética y abierta al aprendizaje es tan importante como cualquier especialidad.
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