06 Mayo 2026

25 años de Medicina UNAB | Una generación que ayudó a construir escuela y marcó un hito con su voluntariado en Burundi

La Escuela de Medicina de la Universidad Andrés Bello releva la huella de sus primeras generaciones a través de la historia del médico infectólogo Ignacio Silva y la doctora Ingrid Baier, cuyo voluntariado en Burundi marcó un hito en la formación y el sello social de la Escuela. Un testimonio de vocación pública, compromiso con la salud y aprendizaje profundo desde los pacientes y el sistema sanitario.

Cuando la Escuela de Medicina de la Universidad Andrés Bello comenzaba su historia, hace 25 años, lo hacía con el desafío de formar médicos comprometidos no solo con la excelencia académica, sino también con la realidad sanitaria del país y del mundo. Ese espíritu quedó tempranamente reflejado en la experiencia del médico infectólogo Ignacio Silva y la doctora Ingrid Baier, integrantes de las primeras generaciones, cuyo voluntariado en Burundi hace 15 años se transformó en uno de los hitos más significativos del sello social de la Escuela.

Ignacio Silva

El Dr. Ignacio Silva

“Fuimos parte de una etapa muy especial. Al ser de las primeras generaciones, también tuvimos la oportunidad de aportar a la identidad que la universidad estaba construyendo”, recuerda el Dr. Silva. Tras egresar, ambos decidieron casarse y poner su formación al servicio de una realidad extrema: durante todo 2011 trabajaron como médicos voluntarios en Burundi, uno de los países con mayores carencias sanitarias del mundo.

Esa experiencia marcó profundamente nuestra manera de entender la medicina. Te enfrenta a la esencia del cuidado de la vida, a tomar decisiones con pocos recursos y a poner al paciente en el centro.

El regreso a Chile estuvo marcado por la misma convicción de servicio. Entre 2012 y 2014 trabajaron en el sistema público en San Antonio, antes de trasladarse a Santiago, donde Ignacio Silva realizó su especialidad en Medicina Interna y la subespecialidad en Infectología en el Hospital Barros Luco, convirtiéndose luego en parte del equipo de infectología, jefe del programa de control de infecciones asociadas a la atención de salud, académico universitario y, actualmente, subdirector médico del Servicio de Salud Metropolitano Sur. “Gran parte de lo que soy como médico no lo aprendí solo en salas de clases, sino escuchando a pacientes y al personal de salud”, sostiene.

Dr. Silva y la Dra. Baier durante su voluntariado en Burundi.

Ese aprendizaje, enfatiza, fue coherente con la formación recibida en la UNAB. “Los futuros médicos tienen que entender que no todo está en los libros ni en los papers. La mayor fuente de conocimiento está en las historias de los pacientes y en el trabajo cotidiano de técnicos, enfermeras, kinesiólogos, auxiliares y médicos”, señala. A ello suma una reflexión que considera fundamental: “El 85 % de la población chilena se atiende en el sistema público. Tenemos una responsabilidad ética de devolver la mano y dedicar parte de nuestro tiempo a esos hospitales y consultorios que fueron nuestra escuela”, dice.

Hoy, a 25 años de la creación de la Escuela de Medicina UNAB, Silva observa con orgullo su consolidación. “Antes era raro encontrarse con un médico egresado de la Andrés Bello; hoy es habitual verlos trabajando, especializándose y ocupando cargos de responsabilidad. Eso habla del crecimiento y del prestigio que ha alcanzado la Escuela”, afirma. Un proceso que, a su juicio, es el resultado de un esfuerzo colectivo.

Cada generación fue sembrando una semilla. Probablemente hoy, después de 25 años, empezamos a ver esos frutos.

Dr. Silva atendiendo a pacientes en Burundi, hace 15 años.

Los recuerdos vuelven también a los primeros años en República: extensas jornadas académicas, laboratorios, anatomía y una convivencia intensa que forjó lazos duraderos. “Entrábamos de noche y salíamos de noche; pasar tantas horas juntos generó un grupo muy unido”, rememora. Luego, el contacto con el campo clínico y el primer encuentro con la vida, la enfermedad y la muerte marcaron para siempre a esas primeras cohortes.

A un cuarto de siglo de su fundación, la Escuela de Medicina de la Universidad Andrés Bello celebra no solo el paso del tiempo, sino las historias de quienes ayudaron a construirla desde sus inicios, llevando la formación recibida desde las aulas hasta los rincones más desafiantes del mundo, y consolidando una medicina con vocación pública, compromiso social y profundo sentido humano.